Antes de los goles, de los estadios y de convertirse en uno de los referentes más grandes del fútbol colombiano, Radamel Falcao García fue un niño tímido, atravesado por el miedo, la incertidumbre y la constante experiencia de empezar de nuevo una y otra vez.
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Esa es la historia que ahora inspira El niño que quería ser futbolista, una colección de cuentos ilustrados escrita por Lorelei Tarón, esposa del delantero, e ilustrada por Isabella Garman. Más que un proyecto sobre deporte, el libro es una exploración de las emociones que acompañan a los sueños. El miedo al fracaso, la disciplina y la capacidad de levantarse.
Durante el lanzamiento de la colección, Tarón explicó que la idea nació de las historias que García le contaba sobre su niñez y de su propia experiencia como madre de cinco hijos.
“Los niños no necesitan grandes discursos, necesitan historias que les ayuden a ponerle nombre a lo que sienten”, afirmó. Por eso, el objetivo no es construir la figura de un héroe perfecto, sino mostrar al “Falcao real”, es decir, al niño sensible y vulnerable que tuvo que enfrentarse constantemente a la frustración.
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El valor de perder
La colección aparece en un momento donde hablar sobre éxito suele asociarse únicamente a los resultados, dejando las derrotas en el silencio. Sin embargo, el propio García reconoció que gran parte de su vida estuvo marcada por los momentos difíciles.
“En el fútbol hay muchas más derrotas que victorias. Y por eso las victorias también hay que celebrarlas”, reflexionó el delantero. Esa frase resume el espíritu de lo que su esposa quiso contar en las páginas, que perder hace parte del proceso, que fallar no significa detenerse y que los sueños se construyen con carácter.
De hecho, el propio García recordó cómo las mudanzas derivadas de la carrera futbolística de su padre lo obligaron a ser “el niño nuevo” cada año. Fue en esa inestabilidad, que le generó profundas dificultades para relacionarse, que encontró un contrapeso en la cancha.
Al mirar atrás y ser cuestionado sobre qué le diría hoy a ese niño que recorría las canchas con timidez, el ‘Tigre’ dijo: “Le diría que disfrute más las cosas. Cuando viajé a Argentina me tomé todo tan en serio que entré en una montaña rusa de emociones y terminé no disfrutando del proceso. A los grandes también nos pasa, se nos olvida festejar las victorias”.
Tarón relató que, para reconstruir estos episodios, conversó durante años con la madre del futbolista, antiguos entrenadores y familiares. Uno de los aspectos que más la impactó fue entender la autoexigencia de García a través de una anécdota de sus primeros meses de matrimonio.
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Tras quedar subcampeón en un torneo, Lorelei intentó consolarlo diciendo que el segundo lugar estaba bien, a lo que Falcao respondió de forma tajante: “Al segundo nadie lo recuerda”.
Fue en ese instante cuando comprendió que detrás de esa rigidez deportiva existían experiencias de infancia que habían moldeado su noción del éxito y del fracaso.
Cada cuento conecta con vivencias reales como no encajar, equivocarse o querer renunciar. El proyecto estuvo respaldado por Milena González (reconocida en redes como Una mamá psicóloga), especialista en psicología infantil que ha acompañado a la familia García Tarón en la crianza de sus propios hijos.
El libro también está pensado también como una guía para los padres, incluyendo espacios de conversación familiar para gestionar las emociones en casa.
Finalmente, García contrastó su historia con la presión actual por sobresalir rápido, recordando que él tuvo que avanzar lentamente mientras veía a otros alcanzar el éxito de forma temprana: “Cuando las cosas cuestan mucho, así mismo las valoras”.
Es el mismo principio que hoy, junto a Lorelei, intenta heredar a sus hijos para que entiendan que los privilegios del presente nacieron de un precio que se tuvo que pagar con esfuerzo.
El libro funciona, en última instancia, como una historia universal sobre crecer. El niño que quería ser futbolista deja una enseñanza poderosa para los más pequeños, en una vida donde los tropiezos son más frecuentes que los triunfos, aprender a levantarse es, al menos, tan importante como aprender a ganar.
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