Familias y mujeres en el Olimpo Radical

Los pasos certeros hacia la descolonización del patriarcado, si bien venían de tiempo atrás, se concretaron a nivel oficial en Colombia a partir del logro de la Ciudadanía Universal Femenina en 1957, es decir, 138 años después de lo que fue denominado Independencia en estos 200 años.

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Suzy Bermudez
03 de agosto de 2019 - 04:07 p. m.
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Los pasos certeros hacia la descolonización del patriarcado, si bien venían de tiempo atrás, se concretaron a nivel oficial en Colombia a partir del logro de la Ciudadanía Universal Femenina en 1957, es decir, 138 años después de lo que fue denominado Independencia en estos 200 años. A partir de allí las mujeres hemos continuado co-construyendo la emancipación con el aporte creciente de hombres y de sectores de las poblaciones LGTBI, esto último de manera más notoria hacia fines del siglo XX, lo descrito no sin la expresión de resistencias.

Fue desde una mentalidad que favorecía especialmente a los patriarcas criollos cabeza de sociedades corporadas, que la independencia decimonónica tuvo lugar. Esta se basó en los Derechos del Hombre y del Ciudadano (1789) y si bien los mismos excluyeron a las mujeres, se constituyeron en un punto común de partida para empezar a cuestionar las relaciones españolas coloniales, sin obviar otras que antecedieron a la llegada de Cristóbal Colón. En el sur de Colombia, Ecuador y Perú, por ejemplo, hacen referencia a la Independencia de los Incas.

Es pertinente resaltar que nuestro pasado no gira en torno a la llegada de Colón, sin que se le reste importancia a este hecho. El ayer humano de este continente podría llegar a 25.000 años según el arqueólogo Carl Langebaek1, por ende aún hay mucho para ser investigado en los temas de independencia que puede sumar a lo ya recorrido por investigadoras y por otros interesados en esta materia, pues lo que abordamos comúnmente da cuenta solo de una fracción mínima del tiempo recorrido.

Olympes de Gouges escritora y filósofa francesa, fue la autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana en 1791 después del manifiesto de los derechos antes citados, siendo estos últimos los más difundidos. En la publicación, la activista denunciaba la omisión de su género obviando los revolucionarios el aporte innegable femenino al reconocido cambio. En 1792 otra filósofa, la inglesa Mary Woolstonecraft publicó la Vindicación de los derechos de la mujer en un sentido afín. Por la mentalidad de la época los líderes independentistas no solo de Colombia poca atención prestaron a estas contribuciones.

No obstante lo señalado, el inicio del régimen republicano del país tuvo incidencia significativa para nuestro género por los lemas subyacentes de libertad, igualdad y fraternidad difundidos en contextos de creciente globalización o de vínculos a nivel mundial que incidieron en muchos aspectos. Más por la omisión de género descrita, los cambios emancipatorios en estos dos siglos para la población de interés no fueron motivados por los líderes de la Independencia, por la iglesia católica u otras iglesias, por los nacientes partidos políticos, o por la educación oficial divulgada. Fue la presencia creciente del feminismo en el siglo XX (que no es singular y hoy es global, además que ya aparece como sinónimo de emancipación en diccionarios)2, así como la presión ejercida por organizaciones de mujeres, y por avances de otro tipo que han ido logrando día a día congéneres menos visibles.

El norte ha sido debilitar el patriarcado y/o el racismo y/o la discriminación étnica, y/o la explotación desbordada de la naturaleza, entre otros. Lo descrito no resta importancia a los respaldos diversos (como lo muestran publicaciones de especialistas y estas separatas tituladas “Las libertadoras”) de ciertos familiares y de personas cercanas a las activistas para que avanzaran en sus propósitos. En estos setenta años desde mi óptica, seguimos aprendiendo acerca de cómo continuar logrando cambios personales (uno de los lemas feministas es que lo íntimo, lo personal y privado es también político) y no solo sociales que beneficien tanto a las mujeres y niñ@s, como a la población en general, sin olvidar el vínculo con la naturaleza pues sin ella no vivimos.

Es sabido que las relaciones de poder opresivas y excluyentes en el colonialismo patriarcal afectaron negativamente a las mujeres y que las mismas hicieron parte de su cosmovisión. Sin embargo también sucedió lo mencionado con los hombres, restándoles a éstos últimos masculinidad de variadas maneras en el cotidiano o en las guerras por las características de este tipo de relación que entiende el poder de manera jerárquica excluyente, desde la óptica gana-pierde y en condiciones extremas a costa de la que sea. La independencia de las mujeres ocurrió al inicio sin que las interesadas hubieran realizado estudios al respecto pues no existían cuando en el siglo pasado en forma organizada orientaron las acciones no solo a su favor.

Recordemos que el derecho a estudiar en universidades lo adquirieron a fines de los años treinta. Hoy la educación sobre estos temas se encuentra alrededor del mundo, y la incidencia de los aportes realizados se puede identificar en todos los ámbitos como lo expresan especialistas, lo reconocen los organismos internacionales, se percibe en los estados y en la mentalidad ciudadana, lo que en parte sorprende dado que el pasado femenino en gran medida no fue letrado.

Es por los aportes realizados especialmente por historiadoras, que se ha identificado que antes de la Constitución de 1863 (o inicio del Olimpo Radical, 1863-1886) ocurrió un hecho inesperado: en Vélez Santander en 1853 los liberales otorgaron el sufragio a las mujeres por contados años. La iniciativa poco duró, 1853-1855 o 56, debido a que ocurrió en un contexto de proliferación de constituciones en el territorio por el federalismo, lo que según Carlos Andrés Mira hizo que pronto tuvieran los legisladores que unificar la normatividad acabando con la atípica propuesta3.

El Olimpo Radical tuvo lugar bajo el estado liberal federal llamado Estados Unidos de Colombia. Se trató de una transición que daba continuidad a lo iniciado en la independencia y que giró en torno a derechos y valores basados en premisas de la ilustración. Estos aun cuando sentaban un piso común entre los géneros cual era la razón, piso que se expresaba en gran medida de manera letrada, en el fondo por la forma como se la utilizaba preservaba las jerarquías coloniales afectando mayoritariamente a las mujeres4, y más tarde veremos porqué. No es que desee restar importancia a los aportes invaluables de la cultura ibérica y letrada europea, mas resalto lo que expongo a continuación por la incidencia que tuvo sobre las antepasadas en las décadas de interés y sobre el vínculo humano con la naturaleza.

Hoy algunos especialistas consideran que lo común a los seres humanos son las emociones, y que la razón post-ilustración sin lo que denominan inteligencia emocional (a las emociones también se las puede educar), se convierte en un recurso limitado. Aducen, por ejemplo, que los humanos desde que nacen hasta edades adultas sin atención y afecto apenas subsisten. Señalan así mismo otros expertos que somos seres interdependientes e intersubjetivos sin negar la subjetividad, que ha habido muchas culturas sin apoyarse en el recurso ilustrado, y que lo relacional resalta en sus organizaciones al apoyarse en otros soportes.

Plantean que la inteligencia social desvinculada de la emocional y basada en ópticas ganadoras, poco favorece a la convivencia en pro de la vida, tanto de la propia como de la de otras. Otra plataforma común también insustituible es la naturaleza, como los amerindios por siglos lo han manifestado insistiendo que es sagrada y en el mismo sentido otras agrupaciones campesinas ancestrales lo han expresado, además desde el siglo XX lo reiteran también los ambientalistas.

Los sucesivos gobernantes del Olimpo por su origen social de acuerdo al contexto del momento, pusieron el énfasis en las libertades individuales más que en la igualdad, la fraternidad o el orden (este último valor apareció en el escudo inicial en 1834 y fue retomado en 1861). Dadas las discusiones que surgieron en las constituyentes de la carta magna de 1863, el liberalismo se dividió en dos: por un lado, los independientes más cercanos a los conservadores quienes se identificaban con la preservación de facetas del status quo colonial, entre las cuales estaba la pervivencia de la iglesia católica.

Por el otro, los liberales radicales que fueron así llamados por la defensa del estatuto supremo. Lo descrito ocurrió no sin serios conflictos y resistencias principalmente por parte de los conservadores, de los independientes y de la iglesia católica: dos guerras civiles en 1851 y 1860, así como un golpe militar en 1854 tuvieron lugar, fuera de otras expresiones de descontento en los ámbitos público y privado5.

Los gobernantes del Olimpo, según Jaime Jaramillo Uribe, eran “intelectuales, ideólogos y orientadores de la opinión pública” 6. Se caracterizaron por guiar la acción política hacia los ámbitos públicos. Los privados en ese contexto no tenían para ellos relevancia, de allí que la presencia de las mujeres en gran medida se limitó a lo que se creía su género podía ofrecer. Las cabezas políticas de estas décadas fueron periodistas, actividad en la que unas cuantas letradas empezaron a expresarse en la naciente la prensa femenina dirigida en su mayoría por hombres. No obstante, su opinión poco abordó asuntos de política pública.

Hubo así mismo otros perfiles de participantes en las reformas que eran distantes de lo que las mujeres realizaban comúnmente en aquel entonces: académicos, docentes, rectores de universidad, autores de libros (algunas contadas damas publicaron sus obras como Josefa Acevedo y Gómez un poco antes que lo hiciera Soledad Acosta de Samper) y banqueros. A lo anterior suman los funcionarios públicos vinculados a los sucesivos gobiernos, entre los cuales estaba un grupo militar que adquirió títulos castrenses en las guerras civiles del siglo XIX.

El liberalismo radical que es el que más interesa, “estaba compuesto por hombres nacidos con posterioridad a la Independencia nacional, es decir, en la década de 1820 a 1830, lo que indica que tenían hacia 1850, época en que se inicia su militancia política, entre 20 y 30 años de edad. Curiosamente, su formación profesional e intelectual se hizo en establecimientos educativos influidos por los gobiernos conservadores anteriores a 1850”7. Por ende, los liberales en plural y los conservadores constituían un núcleo que siguiendo las jerarquías sociales impuestas durante la Colonia fueron referenciados como criollos y sus familias fueron incluidas en esta categoría. Ellos constituyeron el ejemplo de lo que podía ser un hombre, pues los otros eran esclavos o ex-esclavos, o indios, o negros, o mestizos.

Una diferenciación semejante ocurrió con las mujeres. El llamado Bello Sexo o las criollas fueron el modelo socio-cultural a seguir, y el religioso María, representada como mujer blanca, Madre de Jesús el hijo de Dios y Virgen (enfatizando lo sexual). Las reformas incidieron en las familias y en ellas estaban las mujeres. Estas tuvieron que ver, entre otros, con: 1. Cambio en la economía de ciertos hogares al instaurar el Olimpo el libre cambio pues la medida afectó l@s artesan@s, mas benefició a los de los agroexportadores de añil, tabaco, quina y más tarde café.

La defensa y empeño de los liberales por propagar la propiedad privada que era la base económica para alcanzar la civilización eurocéntrica y para poder relacionarse con la riqueza globalizada del momento, propició normas como: la desamortización (o venta de bienes de entidades que no podían comercializar los bienes poseídos) de tierras de sociedades corporadas como la iglesia en cuestión y como las de los resguardos para ponerlas en libre venta en el mercado. Esperaban que quienes tuvieran dinero las pudieran comprar, y tales candidatos eran una minoría de varones. En el caso de los resguardos algunos fueron desamortizados generando el desplazamiento de miembros de las familias amerindias (entre los cuales había mujeres) quienes se dirigieron a laborar en cultivos como el de café.

2. Debilitar la participación política-cultural de la iglesia católica en diversos ámbitos, de allí que liquidaron el fuero eclesiástico civil y penal, cerraron conventos, expulsaron a los jesuitas (como lo habían realizado los Borbones en la antesala de la independencia). Fernán Gonzalez s.j. escribió que por estas décadas en la iglesia intentaban comprender la realidad social de su mundo (..) pues la misma era predominantemente estática y ahistórica. En sus investigaciones el sacerdote muestra divisiones en el seno de la institución durante la hegemonía liberal, que llevó a ciertos representantes a algunos acercamientos con los reformadores8. Sobre el proceso interno de la iglesia en cuanto a géneros se conoce menos. Se sabe que los radicales prefirieron que sus hijas desposaran a solteros a que se casaran con Dios al adquirir los hábitos, porque tanta cercanía con los representantes de la iglesia incidía en sus hogares no siempre a su favor. También es sabido que no faltaron los conventos de monjas afectados en los conflictos iglesia-estado.

Los gobernantes buscaron de igual manera generar cambios culturales y políticos sin tocar notoriamente el eurocentrismo letrado y el catolicismo. Al laicizar o independizar de la tutela eclesiástica la sociedad crearon leyes que respaldaban la primaria obligatoria y gratuita, así como aplicaron el enfoque laico al ciclo de vida: en lugar de bautizo el registro civil; el matrimonio católico fue reemplazado por el civil; instauraron el divorcio vincular, etc... Estas medidas y otras ya mencionadas que afectaban la relación femenina con la iglesia mencionada generaron protestas diversas de su parte, por su cercanía de tiempo atrás con miembros de la entidad religiosa así pertenecieran a familias de liberales radicales durante el Olimpo. Además, que la educación de sus hijos saliera del hogar en la forma propuesta también propició en ellas cuestionamientos.

3. Dictaron normas orientadas a la abolición de la esclavitud, esto desde 1853, en pro de una sociedad compuesta por individuos libres facilitando el otorgamiento de manumisiones de mujeres y de hombres por servicio a sus amos, por razones humanitarias o por otros motivos, en pro de favorecer la libre circulación de los trabajadores, no obstante esto, en esos años, fue limitado.

4. Promulgaron el voto ciudadano para los hombres, que en ese entonces se concebía como universal y según lo ya expuesto las mujeres quedaron excluidas de este derecho hasta mediados del siglo XX. Es interesante que la sociedad corporada más cercana a los legisladores o la familia, en la modalidad que la conocían, nuclear y heterosexual (esto último no fue tema de interés en ese entonces), no fuera cuestionada en cuanto a estructura jerárquica y relacional, si el énfasis liberal estaba puesto especialmente en las libertades individuales y el tema de la igualdad se discutía. A qué se debió tal incongruencia?

Primero, porque la preservación de las jerarquías por razones de género, raza, etnia, socio económicas y políticas, entre otros, era su interés no explicito, y estas estaban estrechamente ligadas a la presencia del padre, madre e hijos, familia constituida bajo el amparo de la iglesia católica, así el matrimonio civil y el divorcio vincular se hubieran estatuido temporalmente. Es cierto que hubo casos de alianzas de parejas reguladas por representantes oficiales de la joven república (como ocurrió en el caso de Rafael Nuñez en sus segundas nupcias con Soledad Román, unión llevada a cabo en París ante el cónsul de Colombia en 18779) mas esto no abría la posibilidad de aceptar oficialmente otras formas de parentesco existentes en el territorio por siglos.

Segundo la endogamia en el seno de la institución o la exigencia familiar para que se casaran entre iguales tuvo que ver con la estructura piramidal que la caracterizó. Esto se expresó en la raza de los contrayentes (lo que hoy sabemos no existe, sí el racismo), en la religión de los mismos (siendo la católica la opción óptima), en el origen étnico, y mejor aún si existía semejanza a nivel socio-político y económico entre ellos. Es de precisar que muchas mujeres difícilmente podían cumplir con este mandato, así fueran bello sexo porque la propuesta matrimonial por la mentalidad imperante la hacían los señoritos.

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Es más, la afinidad cultural deseada entre los miembros de las familias en un territorio en el que la diversidad de culturas y de etnias era innegable, no era tan fácil de lograr. Se sabe que algunas de las habitantes del ámbito doméstico (o que se relacionaban en el cotidiano con este) provenían de orígenes y costumbres diferentes a los hegemónicos. De allí que crearon normas orientadas a reconstituir las jerarquías sociales coloniales que en parte se habían vuelto laxas en la post-independencia. Me refiero a:

a. La perpetuación de la presentación de la familia y de la iglesia en singular discriminando o invisibilizando otras formas de parentesco y de creencias religiosas o espirituales.

b. La Priorización de la educación letrada como forma de transmisión y aprendizaje de saberes en la búsqueda de la civilización, reproduciendo imaginarios limitados y limitantes, entre otros, para el proceso de construcción de nación.

c. La perpetuación del poder del patriarca sobre la esposa, hijos, y sirvientes libres o no o patria potestad. También prosiguió el derecho del primogénito de una familia legítima a heredar todos los bienes, o la institución del mayorazgo. Lo descrito tuvo incidencia económica porque la labor doméstica y de cuidado de las mujeres y la de otros miembros en el hogar fue subvalorada, pues se consideró trabajo el asalariado dado el desarrollo del capitalismo, y este ocurría fuera del hogar. Lo que hoy se conoce como la riqueza producida mayoritariamente por ellas según la economía del cuidado que tiene lugar en los hogares y que ha sido contabilizada en las cuentas satélites (o extensión del sistema de cuentas nacionales) del DANE muestra resultados para nada desdeñables; mas éste fue un tema desconocido en ese entonces10. Por ende, la nueva forma de riqueza agroexportadora inserta en la así mismo desigual división internacional del trabajo, de partida beneficiaba más a los hombres hegemónicos.

d. La distinción entre hijo natural y legítimo, no desligada de lo antes expuesto se correlacionaba con la exigencia que se hacía a las señoritas que fueran vírgenes sexualmente, pues la pérdida de la misma incidía en la honra y estatus de la familia. Es más, ellas debían ser las monógamas o fieles en el matrimonio. Los hombres tenían relaciones sexuales con el otro género no estando casados y hasta estándolo sin tanta restricción, porque su descendencia ocurría en muchos casos sin que de su parte esta fuera reconocida. Por lo tanto, sin los hijos poder heredar riquezas y poder socio-político quedaban marginados. En el caso de las mujeres de bien ocultar la maternidad inapropiada era más difícil, aún cuando en ocasiones practicaban abortos y daban a sus hijos en adopción.

e. El sedentarismo en las familias que era expresión de la propiedad privada tuvo que ver con facilitar el control por parte de los gobiernos sobre la institución, también con asegurar el cobro de impuestos, y con llevar a cabo la supervisión de las mujeres, en particular sobre las criollas. El control sobre la sexualidad de este género no estaba desligado de la limitada movilidad espacial que tenían sus cuerpos si se la compara con la de los hombres de su mismo origen. Esto era más notorio en el caso del Bello Sexo, para evitar de alguna forma que la búsqueda de libertad e igualdad se apoderara de ellas, la que en teoría hasta los esclavos afrodescendientes habían logrado.

Tercero, hubo leyes concernientes a la convivencia en el seno del hogar por las tensiones, conflictos, violencias, abusos sexuales y muertes ya detectadas desde esa época, que buscaban regular lo que en el ámbito doméstico ocurría haciendo alusión a la familia nuclear. Mencionan por ejemplo: la prohibición del incesto; el castigo a parricidios; la interdicción especial a las mujeres de ser infieles al esposo pues hasta el cónyuge en ese caso las podía matar. Sanciones para quienes se fugaban, siendo muchas mujeres por no aceptar por ejemplo alianzas matrimoniales impuestas u otro tipo de excesos. Acusación y penas a desproporciones entre padrastros e hijastros, entre otros….

Es cierto que la legislación insistía en favorecer la presencia de lazos de alianza y solidaridad en el seno del hogar, más en muchos casos ni los legisladores o el clero cumplían con la normatividad que imponían. Por consiguiente, quienes sostuvieron la moral criolla de la época fueron al parecer más las mujeres de bien; de allí la importancia de controlarlas y de enfatizar que su bastión era preservarla desde sus hogares. Es posible que por este énfasis fueran ellas tan celosas en reproducir en parte valores de la época no desligados de la explotación y subordinación, tampoco del machismo.

Cuarto, para ser ciudadano exigieron ser hombre mayor de 21 años o haberse casado por lo católico para iniciar una nueva sociedad corporada, y mejor si ellos se podían sostener económicamente. En cuanto al voto femenino era realmente difícil que fuera aceptado por los dirigentes por lo descrito, y por ser ellas tan solo miembros de la sociedad corporada o familia, encabezada por el patriarca; debían por naturaleza y voluntad divina limitarse al hogar. Sin embargo, muchas fuera de las labores domésticas y de cuidado que llevaban a cabo, también trabajaban en tiendas, mercados, en labores agrícolas, realizando acciones en hospitales, escribiendo en la prensa, publicando algunas pocas libros y hasta en casos contados fueron directoras y docentes en instituciones educativas. En momentos de conflicto armado, cuando podían siguiendo su criterio acompañaron a familiares a las contiendas; apoyaron a los diversos bandos con oraciones, joyas, ropa, sabanas, alimento, comida, cuidando heridos, sepultando cuerpos, haciendo reuniones a favor de sus intereses, participando en marchas como lo hicieron artesanas en contra del libre cambio, o por ejemplo, siendo espías como sucedió en las guerras de independencia.

Si bien esto ocurría contradictoriamente el derecho al sufragio no les fue otorgado, salvo lo que sucedió en Vélez Santander antes mencionado. Según los conservadores y la mayoría de liberales, ellas carecían de criterio propio, por ende replicarían el pensamiento de sus adversarios hombres no solo en las familias. Se acabaría la familia por dedicarse ellas a otros menesteres. Había que cuidarlas de la atmosfera pública tan violenta relegándolas al supuesto paraíso que era el hogar. Era necesario evitar que se volvieran hombrunas al estudiar en demasía y participar en las contiendas políticas, pues estas últimas estaban tañidas de mentiras y de muertes que ellos como hombres si sabían manejar. Y los más retardatarios y letrados afirmaban, como lo expuso Darwin por ese entonces en el Origen del hombre (1871), que tenían un cerebro inferior al de los hombres11.

Sobre este último comentario que claramente hace alusión a las jerarquías excluyentes, las mujeres según su origen étnico y racial entre más alejadas estuvieran de los patriarcas criollos y peor aún de los de la Europa industrializada encabezada por Inglaterra, eran interpretadas en caso extremo como más próximas a los animales, en particular a los mamíferos.12 Existía además un factor de salud física y emocional en ellas en general que les restaba capacidad mental según los galenos alópatas de la época: vivían enfermas por menstruar, quedar embarazadas, parir, amamantar, y hasta por la menopausia. Sumado a lo anterior debido al útero sufrían de histeria, fuera que en ese entonces vivían melancólicas. En este último caso Soledad Acosta de Samper les recomendaban evitar el tiempo libre pues era traicionero en medio de tanta contradicción, y para estar a tono con el orden y disciplina de la industria europea y estadounidense, pues el orden público republicano era por esos años en gran medida caótico.

Darwin aseveraba por lo expuesto que ellas eran más proclives a ser sensibles, empáticas e intuitivas que a la razón, lo que nos hace reflexionar frente a los comentarios hechos al inicio de este escrito en lo que atañe a la razón fruto de la ilustración, su importancia limitada si no se la conjuga con las emociones, lo relacional social, y con la naturaleza para la pervivencia de la humanidad. Es necesario resaltar en esta cosmovisión decimonónica el bache creado entre los hombres civilizados racionales del norte del continente y de la Europa industrializada, con las mujeres en general y más aún con las no criollas de la excolonias, así como con la naturaleza y animales. Este distanciamiento patriarcal ilusorio se vió reflejado en la arquitectura de algunos de los hogares criollos de la época en ciudades como Bogotá, pues las habitaciones de los sirvientes quedaron cerca de las huertas y de la cocina, y la familia del patriarca alejada de la naturaleza y del lugar de procesamiento de alimentos.

No olvidemos que además eran ellas quienes en gran medida recogían los frutos de estos pequeños cultivos, cuidaban los animales de corral, hacían el mercado para alimentarse, además quienes cocinaban13. Carolyn Merchant14 escribió que el patriarcado y el racismo de la cultura occidental post-ilustración y en el curso del proceso de industrialización, no solo en países como EEUU ha tenido una doble expresión segregadora y destructiva que afectaba a mujeres diversas y a la naturaleza (esta última interpretada como femenina) y que esto es necesario ser tenido en cuenta para entender no solo las inequidades de género, sino la destrucción posterior de ecosistemas.

Finalmente incidió de manera menos explícita en la restricción de los derechos a las mujeres, de una parte el pecado original causado por Eva en el Mito de Creación judeocristiano difundido en los hogares y templos, lo que les restaba también dignidad; y de la otra, porque había un referente en el contexto ya globalizado cual fue la imagen y pensamiento de la Reina Victoria de Inglaterra (1819-1901) gobernante mujer de mente patriarcal, quien poco respeto sentía por el naciente feminismo en el Reino Unido. Para ella las mujeres debían quedarse en casa.

Teniendo en cuenta lo expuesto, lo ocurrido en Vélez en la asamblea legislativa conformada por 25 diputados y sancionada en 1853 fue algo que vale la pena recordar porque por primera vez en América Latina se otorgó el derecho del sufragio a las mujeres a la par de los hombres dando pie a la libre elección en cargos públicos y por ende adquiriendo responsabilidad política. Carlos Andrés Mira escribió que tal disposición constitucional estuvo acompañada de la reorganización del procedimiento electoral que comprendió entre otras normas, el mandato a los cabildos parroquiales de configurar una lista de los vecinos de cada distrito con los nombres de los mayores de 21 años haciendo la separación debida entre hombres y mujeres. De ella se extraerían otras dos: “una de los varones que sepan leer y escribir, y otra de las mujeres que tengan las mismas cualidades, con el objeto de escoger al azar y en igual proporción de sexos el número necesario de jurados”15.

Señalo por lo pronto que muchos de los prejuicios y pautas relacionales poscoloniales descritas se han ido debilitando no sin resistencias. Por ejemplo las convenciones de la ONU ratificadas por el estado Colombiano: la Internacional sobre Todas las Formas de Discriminación Racial, 1981; la relativa a la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer, del mismo año; la Interamericana para Prevenir, Sancionar y Erradicar la violencia contra la Mujer o "(..) de Belem do Para", 1996; la concerniente a los Derechos de los Niños, 1991; la que atañe a los Derechos de las Personas con Discapacidad,2011; la Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores, 2015; la que se ha constituido en Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, 1994 sin olvidar el Tribunal Internacional por los derechos de la naturaleza; la creación del Consejo de Seguridad máximo responsable de la paz y la seguridad internacionales, y en Colombia desde 1991 el derecho a la paz. Suma a lo anterior, la Ley de la Economía del Cuidado, sancionada en Colombia en el 2010.

 

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Por Suzy Bermudez

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