El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Fernando Cano: un lente interno

El artista presenta su más reciente libro, una recopilación de fotografías de paisajes y habitantes de Colombia que ha registrado durante más de veinte años. La obra cuenta con textos del reconocido antropólogo Wade Davis, Andrés Gaitán y Alfredo Molano Bravo.

ALFREDO MOLANO BRAVO

09 de diciembre de 2018 - 08:35 p. m.
Las fotografías incluidas en este, un libro exquisito, revelan la precisión en la mirada de Cano, el alcance de su imaginación y la magnitud de su corazón y espíritu. Cada imagen hace las veces de plegaria por el bienestar de un pueblo entero y el territorio”. Wade Davis, antropólogo, etnobotánico y escritor. / Cortesía
PUBLICIDAD

Así como el pintor Gonzalo Ariza nos enseñó a ver la tierra templada, Fernando Cano nos enseña que la fotografía es mucho más que un registro de luces y sombras, planos y volúmenes, ángulos y enfoques. Hay tanto de Leo Matiz, Juan Rulfo y Erwin Kraus, sus maestros de luz y de sombras, como de sus contemporáneos Jorge Mario Múnera, con los retratos del alma que capta, o Jesús Abad Colorado, con los brutales dolores de nuestra gente que recoge por los caminos, sin que Cano le deba lente a ninguno.

Lo que yo sentí al mirar y remirar su obra es la poesía de la niebla cuando envuelve una cordillera o consiente un río, los caprichos de la guadua, la altivez de una palma de cera, la savia vital de un yarumo, la generosa sombra de un gigantesco samán o la nervuda de los retorcidos brazos de un trupillo. Y más allá: niños que saltan sobre el tiempo, no sobre la arena de una playa bordeada de un mar infinito; la lenta y quejumbrosa marcha loma arriba hacia el padre —ah, el padre que tanto apunta cada día—; los ojos quietos de una anciana mirando hacia la nada mientras, a sus pies, un perro monta una perra.

Fernando recorre el país de lado a lado: de la árida pero no estéril Guajira a la húmeda y amenazada Amazonia. Y de arriba abajo: del páramo, reino del frailejón, hasta las tierras cafeteras, donde la guadua barre el viento. Mira no solo paisajes, sino también hombres y mujeres, viejos que sienten viva la serenidad de los años y muchachos fuertes, capaces de empujar una montaña. Cano mira bien, mete el lente en los adentros que somos: coronas mortuorias bajo un palacio municipal; apurada obediencia al mandato de una flecha disparada hacia ninguna parte; la victoria de un caballo sobre un rey en una partida de ajedrez jugada en una zona cafetera; la sonrisa palomera de un indígena del Cauca; el desdén soberbio con que los arhuacos miran al hermanito menor —nosotros, los mestizos—, matándonos y matándolos; los soldados descansando en un cementerio; las manos desgastadas por el trabajo apoyadas sobre un azadón; las redes que, más que pescar, cazan alcatraces o gaviotas; las fiestas con santos o sin santos, con curas o sin ellos; la fiesta, al fin, por donde se desmadra la pena: ¡el país!

Este es el texto que escribió Alfredo Molano Bravo para el libro "¡País!". Puede conseguir un ejemplar en la librería Arte Letra en Bogotá, o escribiendo al correo canofer.cano@gmail.com

Read more!

Por ALFREDO MOLANO BRAVO

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.