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Fernando González Ochoa: 60 años de la muerte de un inmortal de la literatura

Como homenaje, publicamos un fragmento del libro “Cartas a Simón 1950 – 1959″, correspondencia a su hijo Simón González Restrepo, reeditado por la Editorial EAFIT y la Corporación Otraparte, como parte de una serie basada en las libretas del autor.

Fernando González Ochoa / Especial para El Espectador

16 de febrero de 2024 - 08:00 a. m.
Fernando González Ochoa nació en Envigado, Antioquia, el 24 de abril de 1895 y murió allí, el 16 de febrero de 1964. Fue un abogado, escritor y filósofo que escribió libros de sociología, historia, arte, moral, economía, ética, epistemología y teología. Entre sus obras más conocidas están "Viaje a pie", "Mi Simón Bolívar", "El hermafrodita dormido", "Santander", "Don Mirócletes", "El remordimiento", "El maestro de escuela", "Cartas a Estanislao", y "Libro de los viajes o de las presencias". / Cortesía Corporación Otraparte
Foto: Guillermo Angulo
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Medellín, 25 de noviembre de 1950

Bueno, Moncho:

Te agradezco el que te gusten mis cartas, con ellas brego por describirte y hacerte amable el estado mental en que yo quisiera vivir y morir, y que se podría llamar: Conciencia de la Presencia de Dios. Dos conciencias, o mejor dicho, dos conocimientos vivos son precisos, a saber: Vivencia, o Conocimiento vivo, o Conciencia de Dios, como el único ser; y conciencia o vivencia de que uno vive en Dios, por Dios y que, por lo tanto, es inmortal. (Recomendamos: Semblanza de la vida y obra de Fernando González).

Pero casi todo mundo dice que sabe esas dos cosas, pero muy pocos las saben: las han oído, las han leído, pero son unos poquísimos aquellos a quienes les han nacido. Cuando uno realiza o se da cuenta de Dios y de Dios en uno, es cuando vuelve a nacer; Jesucristo le dijo a Nicodemo, un profesor que fue a preguntarle: «Para entrar en el reino de los cielos hay que volver a nacer».

Nicodemo, un sabio de ese tiempo, pero que no vivía aún a Dios, le dijo: «¿Y cómo hago para volverme a meter en el vientre de mi madre y nacer de nuevo?». Jesucristo le respondió: «Tú eres maestro de este pueblo judío ¿y no sabes que hay que volver a nacer? Te digo que hay que volver a nacer por el espíritu y el agua».

¿No ves, Moncho? Por el agua, porque ella lava. Es un símbolo el agua. El agua es meditar, bregar, fregarse, sufrir con inteligencia y paciencia, orar, ser amigo que sirve, prójimo que sirve a los que necesitan (y todos necesitan algo) y entonces se renace en espíritu, es decir, siente uno o vive uno a Dios. No es que uno sepa a Dios así como sabe Física, sino que cada célula nuestra queda empapada en la divinidad y sabe uno que es un Dios, así como sabe que tiene cuerpo y ojos y que vive.

Al escribirte estas teologías o filosofías, lo que deseo es darte la buena que tengo, y gozar yo con ella y prepararme para que mi vejez y últimos días y horas sean gloriosos, y que cuando me duerma en Cristo ustedes celebren eso con alegría, que no se lamenten ni lloren, sino que piensen: «¡Vea, hombre! ¡Ya está con Ramiro en el reino!». Si logro que ustedes se sientan eternos o inmortales, que vivan esto: que no hay muerte sino viaje o ida, habré conseguido que todos seamos hijos de Dios. ¡Qué bueno!

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Nano debe estar en estos momentos en el 6.° examen (Derecho Administrativo); creo que de un momento a otro vendrá a avisar cómo le fue. Hoy le daré los $200 que dizque gastará en Tolú. Los merece. Tiene, además, $70 para Cali.

Ayer cayó un globo en el algarrobo y Lucas casi se enloquece de felicidad. «¡Un globo, abuelito…!». Corrieron y Nano se subió al árbol y lo cogió. Como 12 muchachos gritaban en el alambrado. Nano les regaló luego el de 24 pliegos que estaba hace años debajo de la cama de Pito*.

Enseguida Álvaro, Lucas, Margarita y la Mona y Nano remendaron el cogido y lo elevaron… Había viento que lo llevó contra el mismo algarrobo, y allí se quemó. Lucas gritaba: «¡Ámvaro, se quemó…!». Hace como un mes que desapareció el balón de Lucas y decía: «Me lo robaron…». Salía todos los domingos al alambrado a preguntar a los muchachos que pasaban…

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Ayer lo vimos en el alambrado de frente a la casa de Ángel y que les gritaba a los muchachos de allá, que jugaban balón: «Ese balón es mío, muchachos; me lo robaron, echen mi balón». Pues sí, señor, ese era el balón de él y se lo entregaron muy roto ya. Ese Lucas es un macho. La Claudia, ni se diga.

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Muchas bendiciones.

P. S. Many greetings for my dear friend Tony. F. G.

* Pito es Ramiro, segundo hijo de Fernando González, muerto de leucemia a los veintidós años, en 1948.

Por Fernando González Ochoa / Especial para El Espectador

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