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¿Filántropos o evasores?

El pintor David Hockney encabeza una lista cada vez más sospechosa.

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Walter Oppenheimer / Especial de El País, Londres
09 de mayo de 2012 - 10:37 p. m.
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Hay gente que dona más de lo que tiene; los ricos son más generosos que los riquísimos; y los británicos, más filántropos que los extranjeros residentes, que encabezan la lista de los más ricos pero no la de los que más dinero donan. Son algunos de los titulares que ofrece la lista de 2012 de los donantes más generosos, que publica anualmente The Sunday Times. Este año, la lista está encabezada por el pintor David Hockney, que ha conseguido arrastrar a medio millón de personas a la Royal Academy de Londres para ver su exposición El gran cuadro. El pintor ha realizado donaciones por valor de 96,2 millones de euros a pesar de que su fortuna personal es de sólo 42 millones de euros. ¿Cómo es eso posible? Porque de esas donaciones, sólo una fracción (925.000 euros) se ha realizado en efectivo y el resto a través de la donación de cuadros. Hockney, como era de esperar, ha favorecido a instituciones artísticas. Concretamente, a su fundación.

El número dos de la lista es Christopher Cooper-Hohn, que ha acumulado bienes por valor de 111 millones de euros a través de su fondo de inversión y que ha donado 89 millones a instituciones humanitarias, infantiles, educativas y de protección del medio ambiente. Anurag Dikshit, que tiene la suerte de ser de origen indio, porque si su apellido fuera inglés provocaría bastante sorna, se ha hecho rico gracias a la industria de las apuestas, pero ha donado 29 de los 43 millones que tiene. Vive en Gibraltar y en 2011 tuvo que pagar una multa de 263 millones de euros en EE.UU. por violar las normas sobre apuestas. Dikshit ha donado su dinero a su propia organización, Kusuma Trust.

¿Son estas personas verdaderos filántropos? La Real Academia define la filantropía como “amor al género humano”, pero, ¿son estas donaciones una prueba de amor al género humano o una manera de ahorrarse impuestos, provocar la admiración de la opinión pública y, de paso, decidir por sí mismos cómo gastar el dinero que si fuera a impuestos quizá se gastaría con otro prisma ideológico? ¿Es filantropía donar cuadros o dinero en efectivo a la fundación de uno mismo en lugar de pagar impuestos y decidir que sean los representantes de los ciudadanos quienes decidan cómo se gasta?

El Gobierno británico tiene sus dudas sobre las verdaderas intenciones de los filántropos. El responsable del Tesoro y ministro de Hacienda, George Osborne, quiere poner un límite de 63.000 euros anuales o una cuarta parte de los ingresos anuales del donante (la cifra más alta de las dos) a las deducciones por donación. Algunos donantes y las organizaciones que se benefician han puesto el grito en el cielo. Pero si su objetivo es realmente la filantropía, y no evitar el pago de impuestos, la normativa fiscal no debería ser un problema para seguir siendo generosos y caritativos. Y si la lista de este año acumula donaciones por valor de 2.330 millones procedentes de los 100 mayores donantes —lejos de los 3.000 millones de 2010, pero 270 millones más que el año pasado— no tendría por qué verse reducida, si no son las ventajas fiscales el verdadero objetivo. “Las cifras que vemos se generaron en un régimen fiscal benevolente, cuando los filántropos no eran vilipendiados como evasores”, se queja John Low, de la Charities Aid Foundation. “Me temo que este puede ser el último año como es debido. ¿Quién sabe qué nos reserva el futuro?”, se pregunta. En manos de los donantes está aclarar si son filántropos o aprovechados fiscales.

Por Walter Oppenheimer / Especial de El País, Londres

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