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28 Sep 2020 - 11:56 p. m.

Franz Kafka (1883-1924) (Extractos literarios)

El libro se titula Franz Kafka lebte in Prag. El libro es de 1960, las fotos son en blanco y negro, la ciudad tiene algo de sombrío y nebuloso.

Cees Nooteboom

El nombre de Franz Kafka está encima del de su padre, que le sobrevivió siete años, como si no hubiera querido dejarlo en libertad ni siquiera después de su muerte.
El nombre de Franz Kafka está encima del de su padre, que le sobrevivió siete años, como si no hubiera querido dejarlo en libertad ni siquiera después de su muerte.
Foto: Toni Almodóvar Escuder/Flickr

El libro se titula Franz Kafka lebte in Prag, y como adorno se reproduce en las guardas una fotografía a doble página de un empedrado, una enorme extensión de adoquines de un blanco grisáceo en la que se ha trazado con piedras más oscuras un dibujo de cuadrados, un patrón rígido. El libro es de 1960, las fotos son en blanco y negro, la ciudad tiene algo de sombrío y nebuloso, se ven oscuras callejuelas sin gente, en una de las fotos –tejados grises, torres, jirones de humo procedentes de incontables chimeneas- hay una cita del diario de Kakfa de 1910: “¿Se supone acaso que me crié en cualquier lugar apartado? No; en el centro de la ciudad me crié, en el centro de la ciudad”, y de repente tenemos la impresión de que todas las fotos fueron también de 1910, de que se hubieran hecho solamente para atestiguar la simbiosis de Kafka con su ciudad. La gran superficie de piedra gris aguarda lo pasos del escritor; esos pasos son el metro de su pensamiento, lo acompañan. En otra imagen se ve en la acera gris nada más que un retazo de luz clara delante los pies y las piernas de un hombre que hacia arriba se disuelve en la sombra, brutalmente cortado en el margen superior de la fotografía. En alguna parte tiene que estar la cabeza que en la “Descripción de una lucha” pregunta: “¿Queréis hacerme creer que soy irreal, grotescamente plantado en el verde pavimento?”. Sin duda era el pavimento de la Ringplatz, de la que él mismo dice que nunca ha existido en realidad, un lugar irreal en una ciudad fotografiada. Luego ya no puedo ver esas fotos sin pensar que todo esto es algo imaginado, una ciudad soñada, en la que antaño vivió el autor soñado de unos libros que hoy puedo tener en mi mano de verdad, que vino al mundo en una casa de verdad, fue a lugares de verdad y más tarde fue enterrado en una tumba de verdad. El día en que compro ese libro paso por una primera casa y por la segunda, la tercera, por todas las estaciones de esa vida, señaladas en el plano de la ciudad que contiene el libro, y a media tarde llego finalmente al Nuevo Cementerio Judío. Falta poco para que cierren. Los muertos separados de los viso. Su nombre está encima del de su padre, que le sobrevivió siete años, como si no hubiera querido dejarlo en libertad ni siquiera después de su muerte. En la pared de enfrente veo una placa con el nombre de Max Brod; Kafka se lo llevó consigo para poder conversar con el amigo que murió mucho más tarde, al igual que sus hermanas, que le sobrevivieron para morir en Auschwitz y Chelmno, una muerte que estaba totalmente fuera del alcance de sus libros. O a lo mejor no.

Fotografías de SIMONE SASSEN.

Traducción de MARÍA CONDOR.

Tumbas de poetas y pensadores. Barcelona. Random House Mondadori. 2009. Págs. 185-188.

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