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“Como agua para chocolate”, de Laura Esquivel | Fragmentos de lectura

En este libro, Laura Esquivel explora una intensa relación entre el amor y la cocina. Isabel López Giraldo seleccionó algunas frases que condensan la obra.

Isabel López Giraldo

21 de febrero de 2026 - 04:00 p. m.
"Como agua para chocolate", de Laura Esquivel, fue originalmente publicada en México en 1989.
Foto: Penguin Random House
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Como agua para chocolate, de Laura Esquivel, es una novela donde la emoción se transmite por otros medios cuando la palabra no alcanza. A través de la cocina, de los rituales domésticos y de una estructura marcada por recetas, el texto explora la herencia invisible de los afectos, los mandatos familiares y el deseo contenido. En estos fragmentos, la lectura se detiene en ese lenguaje alterno, corporal y simbólico, donde lo íntimo revela su fuerza narrativa.

  • Para ella reír era una manera de llorar.
  • Confundía el gozo de vivir con el de comer.
  • Le lanzó una mirada que encerraba todos los años de represión que habían flotado sobre la familia.
  • Dentro de las normas de comunicación de la casa no estaba incluido el diálogo.
  • Con la misma fuerza con que sus lágrimas cayeron sobre la mesa, así cayó sobre ella su destino.
  • Para que recuerdes que el flojo y el mezquino andan doble su camino.
  • Entonces lloró en seco y dicen que eso duele más.
  • Sólo las ollas saben los hervores de su caldo, pero yo adivino los tuyos.
  • La había empezado a matar desde niña, poco a poquito, y aún no le daba el golpe final.
  • Así como un poeta juega con las palabras, así ella jugaba a su antojo con los ingredientes.
  • El dolor de haber perdido a su cónyuge, prácticamente de recién casados, lo había dejado insensible para el amor todos estos años.
  • Cada persona tiene que descubrir cuáles son sus detonadores para poder vivir.
  • Todo podía ser verdad o mentira, dependiendo de que uno se creyera las cosas verdaderamente o no.
  • No hay pan que no cueste una torta.
  • Obtener el derecho de determinar su propia vida le iba a costar más trabajo del que se imaginaba.
  • ¿Pero qué es la decencia? ¿Negar todo lo que uno quiere verdaderamente?
  • Se sentía completamente vacía, como un platón al que sólo le quedaban las migajas de lo que fue un excelente pastel.

Por Isabel López Giraldo

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