
"Los tres mundos", la tercera entrega de la serie sobre Julio César de Santiago Posteguillo, fue publicada en 2025.
Foto: Ediciones B
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Los tres mundos (2025) continúa con la saga sobre Julio César, ahora enfrentándose a la conquista de las Galias. Su autor, el escritor español Santiago Posteguillo, abre el libro con una combinación muy suya: rigor histórico, ambición narrativa y un pulso que acerca la antigüedad al lector contemporáneo sin simplificarla. Su reconstrucción del mundo romano se apoya en la investigación, pero también en una intuición literaria que busca humanizar cada figura.
- La maniobra era un escándalo, pero Clodio era el escándalo constante. En ese espacio, él se desenvolvía con soltura.
- Era de esos pocos hombres que antes de dar una opinión meditaba.
- Mejor quinientos malos jinetes leales que cinco mil buenos jinetes proclives a la traición.
- Lo inapelable no tiene réplica.
- Con la clarividencia del niño que cavila sin los prejuicios desarrollados en la edad adulta que, con frecuencia, ocultan lo evidente.
- Estrategia diseñada para debilitar al enemigo antes de atacarlo, y un enemigo débil era siempre más fácil de aniquilar. De retrocear. De engullir.
- No sé lo que está haciendo el enemigo, y sin saberlo no pienso dividir nuestras fuerzas.
- Esa extraña sensación de angustia que precede a la derrota.
- Transmitía un sosiego que sólo los líderes naturales son capaces de generar en su entorno.
- Ajado su rostro por tantos años como profecías proclamadas por su boca.
- Siempre cumple su palabra. Para la magnanimidad o para el castigo.
- Parecía haber caído en el embeleso de su propia mentira.
- Las sentencias de muerte suelen venir precedidas de un cierto intervalo de ausencia de palabras.
- No habló más en un buen rato, fiel a su costumbre de economizar en palabras.
- El más fuerte es el que sabe detectar cuándo es débil y tomar las decisiones necesarias para corregir esa situación.
- Nada tenía que perder, pues nada tenía ganado.
- Tan absorta estaba en sus reminiscencias de las caricias maternas de un pasado desaparecido demasiado pronto.
- Permaneció callado compartiendo un silencio, un descanso en el diálogo impregnado de límites a punto de ser transgredidos.
- La paradoja es que lo que es un defecto a ojos de unos puede ser positivo a ojos de otros. Mi presencia les da el sosiego que necesitan para resistir.
- Una de las condiciones del buen líder es saber que a cada hombre se le manda de un modo diferente.
- La auténtica autoridad posee mil rostros distintos que han de variar según el momento, el lugar y las personas que se gobierne.
- Lo único bueno que hizo su padre en su vida fue morirse pronto.
- No era de entender sentimientos. Ni siquiera los suyos.
- Sería como juntar dos problemas en vez de resolver uno.
- El éxito tiene muchos amigos siempre, el fracaso se vive en solitario.
- Eso es traición, y la traición, venga de quien venga, será pagada siempre por mí con la muerte.
- Con la melancolía de quien ha predicho un desastre y luego ve confirmado su vaticinio.
- El rencor duerme, a veces se domestica y hasta se aprende a convivir con él a lo largo de una vida, pero nunca jamás se desvanece por completo en el corazón de un auténtico guerrero.
- Tenía claro que su cometido no era entender las órdenes de sus superiores, sino cumplirlas.
- A veces las decisiones que luego alcanzan más repercusión histórica tienen su origen en algo íntimo.
- Recibiendo las sombras del atardecer a su alrededor como quien acoge un manto que fuera cubriendo, lentamente, un mundo que existió y que quedaba oculto, enterrado y desaparecido bajo aquella oscura capa de penumbra.
- Él sabía que ya había sembrado la semilla de la discordia, que crece con la envidia y se riega con la ambición.
- Con frecuencia, pensar en para quién escribimos impregna nuestras palabras de la luz del entendimiento mutuo.
- Te sorprendería lo que la gente, sutilmente engañada por el sortilegio de los eufemismos, puede llegar a aguantar.
- Era un hombre que se dejaba llevar en la dirección en que soplaba el viento del poder.
- Los sueños son, en ocasiones, una fuente insuperable de clarividencia.
Por Isabela López Giraldo
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