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Hace 92 años, el 6 de marzo de 1927, nació Gabriel García Márquez. Muchos, completarían esta frase con “el ganador del Premio Nobel de Literatura” o "el inventor del realismo mágico”. Pero Nobel y realismo mágico son dos calificativos realmente insuficientes para referirse a lo que fue. Al igual que un pequeño texto de unas cuantas palabras.
García Márquez también fue hijo de un telegrafista y una mujer de la costa, pero sobre todo fue nieto de un coronel y de su abuela, con los que viviría gran parte de su infancia y quienes serían dos figuras importantes para sus posteriores obras. Fue activo en la causa política, fue izquierdista irremediable, fue visitante continuo de Cuba, fue amigo de Fidel.
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Pero también fue amigo de Cortázar, Fuentes, Mutis, entre tantos otros que fueron enormes escritores, como él. En los peores momentos fue un refugiado en la literatura, en los momentos de soledad, en los estudios obligados, en los países extranjeros, en la falta de dinero, en la incertidumbre, escribía y volvía a escribir. Fue aquel hombre que escribía para reivindicarse, escribía como única forma de salvación, escribía y llenaba de magia, de poesía, cada una de las palabras.
Fue esposo de Mercedes y padre de dos hijos, Gonzalo y Rodrigo. Fue aquel hombre que les prometió que un día un señor de negro llegaría con una maleta llena de dinero y que compensaría todas las horas en que escribió, y así la profecía se cumpliría después de que pasara a ser un autor leído por el mundo entero. Fue aquel autor que disfrutaba de la compañía de sus rosas amarillas a la hora de escribir.
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Fue el creador de tantos personajes inigualables, fue un narrador como ninguno, fue quien reivindicó y recreó a su país, quien encontró que había estética en medio del caos. Fue todo esto y tantas cosas más. Fue él, Gabriel García Márquez, aquel que vivirá, encarnado en sus palabras, por la eternidad.