En el marco de una tarde cargada de simbolismo, la Huerta de San Vicente —mítico refugio estival de Federico García Lorca— se convirtió en el epicentro de un diálogo transatlántico de alto nivel. Los poetas Jorge Valdés Díaz-Vélez, referente de las letras mexicanas y Premio Aguascalientes, y la española Olvido García Valdés, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, se reunieron para explorar las huellas del duende en la creación contemporánea. Bajo la conducción de la poeta Raquel Lanseros, la charla trascendió el análisis literario para convertirse en un acto de hermandad cultural.
Lanseros quien hizo de moderadora de la conversación, inició la sesión destacando la relevancia de ambos autores como voces fundamentales que, aunque separadas por la geografía, convergen en una misma búsqueda de la verdad a través del lenguaje.
Jorge Valdés Díaz-Vélez recordó cómo la figura de Lorca es una presencia constante en el imaginario mexicano. El poeta compartió con la audiencia su primer acercamiento a la obra del granadino, señalando que su musicalidad y ritmo son capaces de cautivar al lector incluso antes de que la razón alcance a comprender el sentido profundo de sus versos. Su intervención subrayó que, para México, la poesía de Lorca no es un objeto de estudio lejano, sino una herencia viva.
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Por su parte, Olvido García Valdés aportó una visión introspectiva y mística sobre el oficio de escribir. La poeta vinculó el entorno de la Huerta de San Vicente con la famosa teoría del duende lorquiano, explicando que la verdadera poesía surge de los “sonidos negros” y de la lucha con la propia mortalidad. Olvido enfatizó que el espacio donde conversaban —lleno de luz y aromas— es también un lugar donde la ausencia y el dolor histórico de Lorca siguen resonando con fuerza.
El poeta mexicano Díaz-Vélez leyó un texto inédito dedicado a la tragedia en Gaza. Con este poema, el autor trajo la sensibilidad lorquiana de la denuncia y el dolor humano al presente, vinculando la casa de un poeta asesinado con el sufrimiento actual en otros rincones del mundo. El silencio que siguió a su lectura subrayó la capacidad de la poesía para actuar como testimonio ético ante la violencia.
La poeta española respondió con la lectura de fragmentos de su libro Lo solo del animal. La autora exploró el concepto de la mudez previa a la palabra, esa zona de sombra donde el poeta y el animal se encuentran antes de articular el lenguaje. Su lectura fue un ejercicio de precisión y silencio que mantuvo a las personas asistentes en un estado de profunda atención, demostrando por qué es considerada una de las voces más singulares de la lírica actual.
Durante la charla, se discutió la vigencia de las tres heridas de las que hablaba Miguel Hernández: la vida, el amor y la muerte. Ambos poetas coincidieron en que el papel del escritor en el siglo XXI sigue siendo el de dar testimonio de estas realidades. Este ejercicio es especialmente necesario en un mundo donde la inmediatez digital amenaza con erosionar la profundidad del pensamiento reflexivo que solo la poesía puede ofrecer.
La conexión entre el mexicano y la española en un mismo escenario puso de manifiesto lo robusto del ecosistema literario en español. Jorge Valdés Díaz-Vélez destacó la importancia de estos intercambios para oxigenar las letras de ambos continentes. Fue en este contexto donde el poeta mexicano aseguró que “el mar ya no es una separación, sino el vaso comunicante por donde viajan las metáforas”.
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La atmósfera de la Huerta de San Vicente, impregnada por la historia de Lorca, actuó como un cuarto interlocutor en la mesa. El entorno permitió que las reflexiones sobre la creación poética adquirieran una profundidad mayor, conectando los versos leídos con la memoria física del lugar donde fueron concebidas grandes obras de la literatura universal. Los ponentes se dejaron habitar por la energía de un espacio que invita al asombro y al recogimiento.
Lanseros agradeció a ambos poetas su generosidad y por recordar a las personas presentes que la palabra sigue siendo un refugio. En su intervención final, Lanseros afirmó con contundencia que “mientras existan voces capaces de invocar la belleza y la memoria, el legado de Lorca permanecerá invicto frente al paso del tiempo”. Esta frase selló un encuentro donde la lírica se impuso sobre el olvido.
Esta crónica de un encuentro inolvidable reafirmó que la poesía es el diplomático más eficiente entre las naciones. Lo sucedido esta tarde en Granada fue más que un recital, fue un recordatorio de que la lengua española sigue siendo una patria común, vibrante y llena de luz. El diálogo entre Díaz-Vélez y García Valdés demostró que el arte tiene la facultad de sanar las heridas del pasado.
El mensaje central del evento ha sido que la cultura es capaz de trascender fronteras para unir sensibilidades afines. La lengua española es una patria común, vibrante y llena de luz, capaz de sanar las heridas del pasado a través del arte. Con este diálogo, la Huerta de San Vicente no solo honra su historia, sino que se proyecta al futuro como un espacio de intercambio universal entre México y España.
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