Cats ha llegado a Colombia y abre este jueves sus felinas puertas en el Coliseo El Campín de Bogotá. Durante años fue imposible conseguir una boleta en Broadway, tanto así que la generación del 80, que lo vio nacer, esperó casi una década para poder disfrutarlo en tierras distantes de Londres y Nueva York. Finalmente, hoy tras 27 años en escena llega por ocho días a Colombia para deleitar a Bogotá (19, 20,21,22 de noviembre), Medellín ( 1y 2de diciembre) y Cali (4 y 5 de diciembre).
Puede ser que en parte la magia de este espectáculo radique en esos magníficos poemas de T.S. Elliot consignados en el libro Old Possum's Book of Practical Cats (1930) en los que se basaron la mayoría de personajes de este musical. Poemas que hablan de gatos que se parecen a los humanos y que exploran con ritmo e inocencia la psicología felina, revelando casi sin querer cuán animal sigue siendo la lógica de los hombres.
Estos versos, que hablan de la historia del gato curioso Rum Tum Tugger, rebelde y nunca satisfecho, de Macavity, el único verdadero villano, inspirado en un personaje de Sherlock Holmes, o de Mistoffelees, un gato negro, con poderes mágicos y cuyo baile excepcional le permite ganar un lugar especial entre los de su raza, se convirtieron en 1982, gracias a la genialidad del compositor inglés Andrew Lloyd Webber, en una obra de teatro musical que por primera vez se olvidó de las historias románticas humanas y que recreó un mundo gatuno en donde ninguno de los 21 bailarines en escena deja de ser por un minuto un verdadero gato. Así, Cats narra la vida de una tribu de felinos ingleses llamados los Jellicles, que son convocados para presentar una audición y decidir según sus talentos cuál reemplazará al más viejo de la manada, el gato Old Deuteronomy.
Este es un viaje en donde el maquillaje, el vestuario, la música en vivo y las coreografías son de un poder pasmoso, y a pesar de que nunca ha sido una pieza favorita para la crítica especializada y de sus aparentes carencias en materia de historia y trama, es una obra en al que la técnica teatral se llevó a niveles nunca sospechados.
“Este montaje sigue tan vigente después de 30 años de creación por varios aspectos. Primero, porque se trata de una obra ligera, no tiene un estilo pesado ni complicado”, explica Álvaro Vargas, productor mexicano que hizo posible esta gira. “Además los gatos son animales que la gente quiere mucho. Y, por supuesto, el final es la analogía entre los personajes y la vida real; por ejemplo, el gato más viejo es el líder de la manada y es el que se encarga de dar consejos, también está la gatita sexy y la gata que se va volviendo vieja. Dentro de la obra suceden situaciones que la gente compara con la vida real y eso es divertido”, concluye Vargas.