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La imagen de la tuna (tradicional grupo musical universitario español) rodeando al mexicano Gonzalo Celorio y entonando ‘Ay, Jalisco’ en el patio del paraninfo de la madrileña Universidad de Alcalá de Henares fue el colofón de la entrega del Premio Cervantes 2025 en una ceremonia que hermanó a España y México .
Esa hermandad, en la que ha hecho hincapié el rey Felipe VI en su discurso, se celebró premiando a un escritor con antepasados españoles y cubanos, cuya obra bucea en la memoria familiar y trasgrede las fronteras de los géneros.
Las historias de emigración y exilio de su familia pero también “de bonanzas ubérrimas y latrocinios arteros, de vicios inconfesable y amnesias enajenantes” protagonizaron el discurso de Celorio, que sonó alto y claro, a pesar de los problemas de garganta que arrastra a consecuencia de un cáncer.
Celorio, que acudió acompañado por su mujer, un hermano, un hijo y un nieto, comenzó con un emocionado recuerdo de su padre en el lecho de muerte, hace 64 años, y el momento en que se despidió de él. Fue el último en hacerlo de los doce hermanos que componen su familia y éste le dijo: “Tú llegarás, hijo (...). Si no puedes, yo te empujo”.
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También recordó a su madre, ferviente lectora que, una vez, cuando otro de los hermanos del escritor se debatía entre la vida y la muerte a causa de una perotinitis, le prometió a la Virgen del Perpetuo Socorro que, si lo salvaba, dejaría de leer novelas durante cinco años, el mayor sacrificio que podía ofrecer.
Mencionó a su abuelo, que salió de un caserío de Asturias (en Vibaño) a mediados del XIX para “hacer las Américas” y a su abuela materna, nacida en La Habana “cuando ésta era una provincia española”. De su padre también desveló que le escribía a su madre una carta de amor todos los días, aunque ambos estuvieran en casa.
“Su vida y su trayectoria nos recuerdan que México y España son más que países hermanos: son culturas entrelazadas por la lengua y la cultura, unidas por una cercanía sincera y un afecto compartido que perdura en el tiempo”, indicó Felipe VI.
Buena parte la antología familiar de Celorio y de su “poética narrativa” las ha plasmado en la trilogía formada por ‘Tres lindas cubanas’ (2006), ‘El metal y la escoria’ (2014) y ‘Los apóstatas’ (2020), editadas por Tusquets.
Entre los asistentes a la ceremonia, presidida por los reyes, el escritor y director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y otros escritores y académicos como el nicaragüense Sergio Ramírez, el español Luis Mateo Díez (Premio Cervantes 2023) o el director de la RAE, Santiago Muñoz Machado.
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El séptimo mexicano en recibir la más alta distinción de las letras hispanas también hizo hincapié en su discurso en ese hermanamiento entre países al asegurar que “la nacionalidad mexicana no puede disociarse de la historia y la cultura españolas” y que “México es parte sustancial de lo que Carlos Fuentes denominó felizmente ‘el territorio de la Mancha’”.
Mientras que el ministro español de Cultura, Ernest Urtasun, relacionó la obra de Celorio con los exiliados españoles en México, entre ellos el poeta Luis Cernuda, “emblema del exiliado”.
“Este premio Cervantes es, por ello, un recordatorio vivo y un homenaje a aquella generación fulgurante de la historia común de México y España, con la que siempre estaremos en deuda”, señaló el ministro, que recordó cómo Cernuda fue conferenciante en la Universidad Autónoma de México, donde Celorio encontró después “su casa para siempre”.
Una vez finalizado el acto, el escritor posaba feliz con su medalla cervantina al cuello, que no se piensa quitar nunca, según dijo a los periodistas, tratando, ahora sí, de reservarse la voz para el acto de esta tarde, el comienzo de la tradicional lectura continuada del Quijote en el Círculo de Bellas Artes de Madrid con motivo del día del libro.
El jurado del premio, dotado con 125.000 euros (COP 519.575.000), dijo de Celorio que es un “escritor integral: creador, maestro y lector apasionado” y autor de una obra que es “al mismo tiempo una memoria del México moderno y un espejo de la condición humana”.
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