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“Hay que lograr que nuevas generaciones entiendan que nuestra historia tiene 14.000 años”

La directora del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH) habló para El Espectador sobre la nueva serie de documentales que presentará en el marco de la FILBo y sobre las repatriaciones de patrimonio arqueológico que se han realizado en los últimos años.

Andrea Jaramillo Caro

25 de abril de 2026 - 01:01 p. m.
Directora del Instituto Colombiano de Antropología e Historia (ICANH), hace parte del equipo que trabaja en la recuperación del Galeón San José.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada
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El ICANH presentará en el marco de la FILBo una nueva serie de cortometrajes sobre diferentes casos de repatriación. Háblenos un poco más sobre esto.

“El futuro del pasado” es una serie de documentales que preparamos desde el Instituto Colombiano de Antropología e Historia, con la idea de que la gente se entere de cuáles han sido las historias detrás de cámaras de las repatriaciones que han sucedido en los últimos tiempos. Esta es una de las apuestas grandes que tenemos para llegar a más públicos. Son cuatro cortos documentales, uno sobre la colección Quimbaya, otro sobre patrimonio subacuático, incluimos el caso de la Lindosa, que es un tema poco conocido, pero con mucha curiosidad por parte de la gente sobre lo que está sucediendo allá, y el último es sobre un ejercicio que hicimos como instituto, que fue la entrega de nueve piezas arqueológicas al pueblo Kogui.

Las repatriaciones han estado en el debate público recientemente como un tema de gran interés entre la ciudadanía. ¿Exactamente cuántas piezas han sido recuperadas y cómo ha sido el proceso de traerlas de vuelta?

Este es un tema que ha cobrado importancia y contundencia en los últimos años. El dato oficial es el del Instituto Colombiano de Antropología; son 1.017 piezas que han sido repatriadas hasta el momento. Estamos esperando la llegada de 174 piezas más que fueron entregadas a la Embajada de Colombia en Santiago de Chile y que están próximas a llegar al país. Todo esto tiene que ver con un cambio en el sentido de cómo el Estado estaba asumiendo ese patrimonio arqueológico que estaba por fuera del país. También muy de acorde con lo que está pasando a nivel mundial, que es un poco la reevaluación acerca de las trayectorias coloniales de muchos de los países que fuimos colonia en algún momento y que hoy en día estamos reclamando la devolución de esos patrimonios. Muchos de esos retornos tienen que ver con devoluciones espontáneas que la misma gente ha hecho de colecciones que efectivamente estaban por fuera y que salieron de manera irregular. Todo el patrimonio que está por fuera de Colombia salió de manera irregular, pero en estos momentos hay una mayor conciencia y responsabilidad por parte de quienes han tenido y han cuidado esas piezas. También creo que ha sido una marca del gobierno actual, la voluntad política de traer esas piezas arqueológicas que reposaban en embajadas o que coleccionistas que fueron entregando o en muchos casos también allanamientos que hicieron desde la Interpol y que permiten que hoy las piezas retornen nuevamente al país, con muchos retos evidentemente también sobre lo que implica que el patrimonio retorne y que podamos conocerlo en vivo y en directo, porque tenemos ahí enfrente una historia que no ha podido ser contada y que necesitamos volver a ella.

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¿Cómo es el proceso de retorno de las piezas?

Hay todo un procedimiento de carácter interinstitucional. El Ministerio de Relaciones Exteriores está a la cabeza, junto con el Ministerio de las Culturas, el Instituto Colombiano de Antropología, la Interpol, la Policía Nacional, entre otras, hay una sinergia de diferentes instituciones que permite estas repatriaciones.

Lo primero que sucede cuando hay un reporte de bienes arqueológicos que están por fuera del país es la identificación que tiene que realizar el ICANH, como autoridad en materia arqueológica, de que efectivamente esas piezas hacen parte o no del patrimonio arqueológico de la nación. Una vez se completa este proceso, se inicia el retorno. Antes era algo más difícil porque la traída de esas piezas es logísticamente difícil y tenía unos costos importantes porque las pólizas de los transportes eran costosas y el Estado colombiano no tenía mucha voluntad para invertir en el retorno, lo que hizo que durante mucho tiempo no se invirtiera en la repatriación en masa. El gobierno actual asumió como uno de sus objetivos la repatriación de estos bienes arqueológicos y facilita el traslado a través del avión presidencial, la Armada Nacional y la Liga Diplomática. Una vez acá, la Cancillería recibe las piezas y luego son entregadas al ICANH.

¿Qué sucede cuando las recibe el instituto?

Lo primero es determinar, ya no a través de fotografías, sino de elementos materiales, que las piezas efectivamente hacen parte del patrimonio. Hay muchos casos, por ejemplo, donde hay piezas que no son originales, pero que son tan bien hechas que los expertos con las fotografías se pueden equivocar. Una vez el patrimonio es identificado y se establece que efectivamente son piezas originales, el ICANH inicia los procesos que tienen que ver con conservación: los estados de conservación de estos materiales y, en algunos casos, restauración. Es un paso muy importante para determinar qué le hace falta a cada una de estas piezas y qué se requiere para su protección y conservación inmediata y en el tiempo que se prevé que vaya a permanecer dentro del instituto. El tercer paso, y creo que el más importante, es lo que hacemos con este patrimonio que regresa. Tiene que venir a llenar un poco el vacío de lo que dejó de contarse cuando de manera ilegal salió. Cuando salen ilegalmente del país, se pierde mucha de la información histórica o arqueológica. En muchos casos es difícil reconstruir arqueológicamente sus temporalidades, sus contextos originarios y demás. Sin embargo, lo que nosotros intentamos hacer es rescatar lo poquito que se puede reconstruir a partir de esa evidencia material y garantizar los canales para que, por una parte, haya la investigación necesaria para armar un mejor relato nacional de la historia que estos objetos nos pueden contar.

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Desde el ICANH regresaron nueve piezas al pueblo Kogui. ¿Qué circunstancias o factores llevan a que decidan devolver piezas arqueológicas a un pueblo específico?

Este es un punto que hemos intentado robustecer en la discusión científica, política y de Estado: las demandas sociales frente al patrimonio arqueológico. El principal valor de piezas de este tipo es que son importantes para la ciudadanía. Hay comunidades y grupos de ciudadanos para quienes ese patrimonio arqueológico es especialmente valioso y lo vemos en muchos casos. Hemos encontrado reclamos de identidad dolida en el Eje Cafetero a raíz de la colección Quimbaya, que no ha podido retornar. Pasa lo mismo con las estatuas de San Agustín, donde la comunidad ha pedido durante años que retornen. El valor de ese patrimonio para la gente es lo que a nosotros nos obliga, también como instituciones del Estado, a repatriarlo. No es un afán cientificista, es sobre todo una demanda social de la gente para quien eso es valioso.

¿Cómo crees que está posicionada Colombia actualmente en este tema de la repatriación, el estudio y la divulgación de las piezas que regresan al país frente a otras naciones?

Creo que estamos haciendo un trabajo maravilloso. Colombia se está posicionando de una manera importante, esto es una discusión que no es una discusión local, sino global, que viene dándose desde hace algunos años, y que uno puede identificar también como parte de esta narrativa nueva sobre la descolonización de los museos y del patrimonio. Esto nos está revelando un cambio de época, en la cual esa desigualdad estructural que había propuesto la época colonial se está difuminando. Aquellos países de tradición colonialista ya no pueden ver con los mismos ojos a aquellos países como nosotros que fuimos colonias. Estamos exigiendo un trato mucho más horizontal y de república a república o de gobierno a gobierno y, en ese sentido, creo que varios de los países tanto en África como en América Latina han sido pioneros en este nuevo momento histórico donde la vanguardia del reconocimiento de los patrimonios culturales está en la cabeza de los países de lo que llaman tercer mundo. Lo han mostrado países como Egipto, Senegal, México, Perú y ahora Colombia.

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Creo que estamos haciendo un gran trabajo en ese sentido porque eso también pone y sintoniza a la ciudadanía con otro momento histórico y también de reflexión sobre dos cosas. Primero, la importancia de saber de dónde venimos, y en esto creo que hay una cuestión fundamental que tiene que ver con el valor que tiene la formación en la educación básica de historia, que se suspendió en este país hace ya bastante tiempo y que es, a mi modo de ver, una irresponsabilidad, porque si uno no sabe de dónde viene, le va muy mal. Y, por otro lado, la perspectiva de futuro que pasa por lograr que las nuevas generaciones entiendan que nuestra historia no tiene 500 años ni 200, sino 14.000.

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¿Cómo se puede lograr que los colombianos se interesen por la narrativa de conocer nuestra historia más allá de la colonia?

Tenemos que retomar el lugar de la arqueología, la historia y las ciencias sociales que creo que han perdido espacio en el debate público. Este tipo de cosas nos ayudan también a demostrar la importancia que tienen esos conocimientos y la investigación sobre este tipo de temas para poder también construir nación. Ha habido grandes avances desde el Ministerio de las Culturas y el ICANH, el Archivo General de la Nación y el Museo Nacional también se han unido. Estamos todavía muy cortos, pero creo que las estrategias de divulgación, el hecho, por ejemplo, de que se reconozcan otras voces, que la institucionalidad tenga en cuenta que la historia no es una sola, sino una multiplicidad de voces que tenemos que aprender a oír, es valioso. Hay generaciones como la mía y otras anteriores a las que nos educaron con la idea de una sola versión de la historia del país y del mundo. Creo que lo que se ha logrado en estas últimas décadas es reconocer que la historia es plurivocal, que hay una cantidad de historias que necesitamos recoger y que la institucionalidad debe entretejer todas esas versiones y constituirnos desde esa pluralidad como nación.

La divulgación es muy importante, que la gente sepa por qué para los Kogui es importante que una máscara esté allí, en la Sierra y no en una vitrina en un museo, es importante. Todos los esfuerzos que haya de divulgación son más que bienvenidos y, por supuesto, también más que necesarios en estos momentos.

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Por Andrea Jaramillo Caro

Periodista y gestora editorial de la Pontificia Universidad Javeriana, con énfasis en temas de artes visuales e historia del arte. Se vinculó como practicante en septiembre de 2021 y en enero de 2022 fue contratada como periodista de la sección de Cultura.@Andreajc1406ajaramillo@elespectador.com
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