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“Hermanos, pequeños crímenes de familia”, un salto al vacío

La nueva creación teatral de la Compañía Nacional de las Artes y La Navaja De Ockham constituye una mirada arriesgada sobre la cruda realidad.

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Moisés Ballesteros - teatroenbogota@gmail.com
13 de noviembre de 2021 - 05:00 p. m.
"Hermanos, pequeños crímenes de familia" es un drama contemporáneo en tono realista que narra la historia de tres hermanos que deben afrontar el  crimen que uno de ellos cometió.
"Hermanos, pequeños crímenes de familia" es un drama contemporáneo en tono realista que narra la historia de tres hermanos que deben afrontar el crimen que uno de ellos cometió.
Foto: Carlos Lema
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Llueve, sentimos que afuera cae el agua y el espacio está oscuro, entonces emergen los sonidos y un ambiente rural nos va transportando a un lugar nuevo pero que tiene cierta sensación de familiar, alguien viene, ¿quién? Y no viene solo, podemos escuchar, como se acercan varias voces. ¿A qué vienen? Entran, aún la penumbra nos mantiene a la expectativa, se trata de Miguel (Nelson Celis) y de su hermano Lucas (Cesar Morales), pronto sabremos que buscan a su hermano Carlos (Alejandro Gómez), un adicto, y también sabremos que en la habitación hay una sorpresa difícil de contener para los tres. Así comienza Hermanos, pequeños crímenes de familia, la nueva producción de La Compañía Nacional de las Artes (CNA) y La Navaja De Ockham, bajo la dirección de Katalina Moskowictz.

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El teatro, por ser una plataforma de preguntas sobre la vida, siempre impacta con la realidad y sobre ella de formas maravillosas; en la nueva obra de la CNA y compañía, la historia de dos hermanos que vienen a la finca familiar en busca de su hermano con problemas de adicción produce un amplio espectro para contar, desde una nueva perspectiva, lugares muy sombríos que hacen parte del paisaje nacional: la muerte y violación de una menor a manos de uno de ellos desemboca en una situación al borde que produce preguntas muy severas que es necesario tratar con pinzas. ¿Porqué después de la confirmación de una muerte parece no modificarse considerablemente la situación de ellos y el espacio? ¿Cuánto vale el perdón de un adicto? La familia, tema recurrente y no por ello de menor valor en la dramaturgia nacional, ha sido un punto de partida que nos permite acercarnos a la vida para entenderla desde un lugar mucho más cercano; cuando inicia la obra, cada uno de los personajes nos regala un punto de vista que nos permite vincularnos empáticamente; la primera impresión es tan real como cada una de los rostros que podemos encontrar en casa; la mímesis, uno de los puntos de partida del teatro y el arte, proporciona rápidamente la noción de identificación y, en la medida que progresa el drama van acercándonos a los dolores que con frecuencia conocemos de la puerta de nuestros hogares hacia adentro.

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Esta situación inicial, sin embargo, va avanzando a terrenos que en un principio no sospechamos y a través de atractivos juegos escénicos, como el juego de rol, por medio del cual los hermanos se permiten recordar episodios de su infancia, vamos armando el rompecabezas que constituye la composición de cada uno de los personajes, entonces ya no son, para nosotros, blancos o negros, buenos o malos, héroes o antagonistas, no, son personajes complejos, sicológicos, con actos que rayan entre lo correcto y lo incorrecto, con pasiones que nos acercan pero también nos repelen. Así nace esta nueva obra que nos permite volver a habitar el teatro para cargarnos de preguntas más que de respuestas.

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Las actuaciones equilibradas y siempre contundentes de Cesar Morales, Nelson Celis y Alejandro Gómez nos invitan a un viaje lleno de altibajos emocionales que atravesaremos desde la no muy agradable cercanía de reconocer las fracturas de nuestro panorama nacional. La obra, que trata desde la distancia y con un filtro sensible, episodios tan dolorosos como la muerte de Yuliana Samboní, nos recuerda nuestra responsabilidad como creadores con la realidad, la importancia de no caer en amarillismos, recordar la sensibilidad de lo actual y de lo que el dolor de aquellos episodios implica. La perspectiva, lejana de la víctima, nos proporciona además otras nuevas preguntas que algunos ya nos habíamos planteado y que, quizás con algo de temor, no habíamos llevado a la escena, hacerlo es necesario, pero siempre recordando el valor del dolor de que tratan cada una de nuestras historias, no todo nos pertenece: ¿hasta dónde podemos transitar la verdad del hecho real sin caer en la manipulación que tanto criticamos a los medios oficiales? La pregunta, necesaria en cada proceso creativo, no debe responderse de una manera única, no existe una verdad, quizás en Hermanos haya algo que nos permita ver una nueva luz, no una fórmula, solo un camino que aun seguiremos recorriendo. Esta, sin duda, es una propuesta teatral con ímpetu, riesgo y que merece el ojo del espectador.

Por Moisés Ballesteros - teatroenbogota@gmail.com

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