14 Oct 2021 - 11:52 p. m.

“HijosdelOcio” de la escena audiovisual y las tablas del teatro

Con la dirección y dramaturgia del caleño Rubén Darío López la compañía pone en escena tres historias inspiradas en nuestra realidad reciente.

Moisés Ballestero

Una de las preguntas frecuentes que aparece en mi cabeza cada vez que inicio un proceso de escritura y en general cualquier proyecto creativo en el que debo embarcarme tiene relación con el dolor de los demás. Siempre que hablamos del aquí, del ahora, es inevitable que nuestros relatos, no importa nuestro lenguaje artístico, nos hablen no solo de nuestra singularidad y de nuestro dolor si no que, inevitablemente tocan, por decisión o a pesar nuestro, los dolores de una sociedad golpeada.

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Fracturada de tantos modos, las grietas a través de las que respira el dolor suelen no cerrarse con facilidad y ante ello, el cuidado detrás de nuestros gestos debe ser agudo y cuidadoso. Hablar de la realidad, pararse en hechos recientes y ponerlos en escena sin el filtro necesario, sin la cuidadosa mano de un editor que nos evite el sesgo de la conmoción también produce manipulación, a ello han apostado muchas obras que sin duda pueden contar con el éxito que supone decir verdades relativas que empatizan con una sociedad indignada y cuyo resultado termina siendo obvio. HijosDelOcio, la compañía dirigida por el caleño Rubén Darío López, por estos días en circulación de tres de sus montajes: Torta Genovesa, Tres días y el thriller policiaco La Oficina, se ha encargado de proporcionar a la escena colombiana tres episodios de su historia contados desde una ficción que se cuida en los detalles.

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La pregunta, nada menor, que me ronda después de conocer el repertorio de esta compañía esta presente en el trabajo del director y su equipo, contar nuestra patria, nuestro devenir, es claramente una preocupación de los artistas colombianos, tener cuidado con las heridas que tocamos no siempre es parte de la preocupación. Tres días, relato que aborda la muerte de una lideresa social se estaciona en una línea peligrosa de trabajo, las actuaciones naturalistas dan al espectáculo una fuerza especial que nos permite viajar con gusto por cada uno de los episodios, la complejidad de muchas de las situaciones nos regala un viaje emocional que sin embargo nos permite una conexión racional que, con libertad, nos deja reflexionar más allá de la moral que puede esconderse detrás de los hechos, construimos empatía con el esposo que sobreprotege a su mujer pero a la vez sentimos repudio cuando le golpea, la situación explora líneas de riesgo que cuestionan y eso siempre se agradece, las costumbres, los acentos y algunos otros detalles detrás de la sencilla puesta nos hablan de un teatro que arriesga pero también nos concede un lugar para las preguntas.

Por su lado, Torta Genovesa, que empieza su circulación a partir este viernes 8 de octubre en la Casa del Valle del Cauca, nos aterriza en medio de una familia que espera la muerte de uno de sus integrantes a causa de un cáncer muy avanzado. Al caer sobre la casa, parece que todos los muros se derrumban y la intimidad de cada uno de los espacios de la misma se revela ante nosotros para que podamos ver en medio de los escombros lo que hace una enfermedad terminal con una familia entera. Esta fotografía de la familia Colombiana nos recuerda el poder de la institución familiar en la construcción de una sociedad y su reflejo social en eventos que todos tenemos a la mano, el familiar que migra al extranjero, la importancia de la fiesta, la marca del catolicismo en el desarrollo de las costumbres, entre otra serie de pequeñas tragedias que construyen un imaginario cercano para todos, sin caer en el amarillismo de los relatos reales que nos mueven a la indignación propia de la crónica roja de los periódicos sensacionalistas.

Finalmente, La oficina, el policiaco que ha sido llevado al formato de serie web, gracias al impulso de una de las numerosas becas que han permitido reconstruir la cultura en épocas de grandes incertidumbres, construye un relato de ficción que retoma las organizaciones sicariales que tan fuertemente golpearon a nuestra sociedad colombiana en los años noventa y que aún hoy persisten sin extinguirse. Con la intención de proporcionar un relato de ficción distinto de las dos anteriores piezas, la fábula se cuenta a través del policiaco, uno de los géneros más difíciles de desarrollar en el teatro. La obra que ahora retorna a las tablas es un gesto simbólico que nos anuncia el regreso del publico a las salas y desde luego la reivindicación del lenguaje del teatro como un gesto vivo que no debe perderse en ninguna sociedad que necesite remedio y desde luego, una plataforma para hacer las preguntas sobre lo que somos y vivimos.

*Moisés Ballestero director de teatro y dramaturgo.

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