La siempreviva es la tragedia de la toma del Palacio de Justicia contada desde ese habitante particular que los estadistas llaman ‘del común’ y que los medios de comunicación se empeñan en describir como el ‘ciudadano de a pie’. Es el holocausto sin la mirada de los magistrados desaparecidos, los militares cuestionados o los dirigentes evadiendo sus responsabilidades.
Es ese relato casi anónimo que surgió desde la entraña de una casa de inquilinato en el barrio La Candelaria, en la que vivía ‘Julieta’ (Lorena López), una estudiante de derecho que se pagaba sus estudios profesionales ejerciendo como camarera de la cafetería del lugar y que el 6 de noviembre de 1985 no regresó más.
Después de la desaparición de la joven, los demás inquilinos se ven llevados al extremo por la desesperación y muestran las facetas más oscuras de su personalidad. ‘Sergio’ (Alfonso Ortiz), un mesero fracasado, descubre que tiene dotes de payaso y que puede alegrar a los demás. ‘Victoria’ (Jenny Caballero) es una mujer reducida a las labores del hogar y se da cuenta de que puede ganarse la vida recurriendo a sus encantos naturales, mientras que ‘Carlos’ (Alberto Valdiri) les saca provecho a las urgencias económicas ajenas y ‘Lucía’ (Carmenza Gómez o Carmenza González), la dueña de casa, aumenta su paranoia después de la desaparición de su hija.
La siempreviva destaca el papel de la casualidad, lo absurdo e irracional. También le permite al espectador convertirse en constructor de una nueva historia y aprender de lo vivido. Uno de los aspectos más significativos es que la obra golpea lo más profundo de la conciencia nacional y va narrando los hechos reales mediante la utilización de recursos como la inclusión de fragmentos de reportes radiales de la época.
Este montaje, en el que además de los actores mencionados aparecen Pablo Rubiano (‘Humberto’) y Eduardo Castro (‘Espitia’), es una creación del dramaturgo Miguel Torres, dirigida por él mismo. La obra se estrenó en 1994 en el Tecal y con muy pocas funciones se convirtió en una de las piezas escénicas más representativas del movimiento teatral contemporáneo en Colombia.
Ahora, La Casa del Teatro Nacional la presenta a manera de homenaje para la memoria colectiva y como reconocimiento a la labor de su director, quien en 1970 fundó el grupo de teatro El Local y ha tenido una participación relevante en montajes como La cándida Eréndira, El proceso y, por supuesto, La siempreviva, una propuesta para que el país no olvide su historia reciente.
‘La siempreviva’, Casa del Teatro Nacional. Carrera 20 Nº 37-54. Funciones: Viernes 8:30 p.m. y sábado 6:00 p.m. y 8:30 p.m. Informes y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.