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En la botella en la basura, en el cartel de enfrente, en los titulares de la televisión y en este artículo que usted está leyendo. Allí está. Omnipresente pero silenciosa, la tipografía (la buena tipografía) aparece en todas partes como esa construcción estética minuciosa y coherente que le da sentido a las ideas.
Una fuente de texto pone su belleza al servicio de la comunicación, por eso su entramado y cuidadosa preparación nos es indiferente cuando está bien hecha.
La selección de sus líneas curvas o rectas, sus distintos pesos (itálica, negrita, delgada, condensada) y tamaños son en la mayoría de los casos el producto de un estudio concienzudo y delicado de un estilo gráfico que un diseñador esculpe en las letras.
Y así se hacían los tipos en la antigüedad: se esculpían fuentes en bloques de metal para crear e imprimir libros preciosos que se tardaba años en terminar.
Todo esto y más lo cuenta Simon Garfield en su libro Es mi tipo, como una reivindicación de la importancia del arte un tanto subestimado de la tipografía.
Un salto enorme se ha dado desde los tipos tallados hasta el menú desplegable de fuentes de la computadora, y el autor cuenta cómo y en qué momento sucedió todo esto.
En pequeños “bocados”, Garfield relata la historia de las fuentes más populares y admiradas, el contexto en el que se crearon, los artistas detrás de ellas y su función en la actualidad. El autor construye con anécdotas una breve historia de la tipografía, dándoles vida a nombres tal vez conocidos pero antes estériles sin este pasado histórico que él cuenta y enriquece. La Helvetica, la Times New Roman, la Arial y la Comic Sans, todas tienen un origen y una razón de existir, y, como las personas, despiertan odios y amores. Por eso unas son más familiares, se hacen más reconocidas, y otras, en cambio, se sumen lentamente en el olvido.
Algunas jamás vieron la luz, como la esquiva Doves, una fuente única tallada en metal, cuyo dueño y creador, Thomas Cobden-Sanderson, prefirió desaparecerla antes que verla plagiada y mal usada por su exsocio después de su muerte. Así, a sus 76 años y en secreto, arrojó las pesadas cajas de sus amados tipos en el fondo del río Támesis para ponerlas fuera de peligro y lejos de sus enemigos. Una fuente hermosa se desvaneció para siempre y sólo algunas páginas impresas sobreviven como pruebas.
Estas anécdotas y otras más son las que enriquecen la lectura de este libro que despacio, nos va llenando el equipaje para entender por qué la tipografía es un reflejo de la cultura, la moda y el contexto de una época y por qué la laboriosa tarea de su ejecución deber ser siempre valorada.
Es mi tipo es un libro para despertar la curiosidad por el arte de la tipografía, y es un repaso refrescante para los diseñadores y también para los simplemente observadores que son capaces de darles a las fuentes adjetivos como femenino, grosero, amigable o burdo, en un intento de leer a un personaje que se acaba de conocer.
En esta historia corta se aprende a humanizar las letras, a reconocer la delicadeza de sus perfiles casi antropomórficos, a entender su cercano parentesco con la escritura y la presencia estética de su propia personalidad. La sensibilidad con la que se hacen las fuentes se aprecia en este libro ilustrado e interactivo sobre un arte que es capaz de darle los matices más ricos a la lectura, simplemente a través de sus formas.
Historia de una fuente
Fue diseñada por Stanley Morison junto a Starling Burgess y Victor Lardent. Es una tipografía del tipo serif, encargada por ‘The Times’ (Londres) en 1931. Aunque el periódico ya no la utiliza actualmente, se encuentra muy extendida para la impresión de libros. Times New Roman ha influido en el desarrollo de varias tipografías sin remates antes y después del comienzo de la era digital.
‘Obama knows best’
Para la campaña presidencial de Obama se usó la fuente Gotham, creada en el 2000 por Tobias Frere-Jones, una fuente limpia, moderna y atractiva que reforzó la idea de cambio y esperanza para un futuro presidente que luchaba por su candidatura en un clima de hostilidad. Obama usó esta misma fuente para todas las piezas de su campaña, desde el inicio hasta que fue elegido. Sin saberlo, se ganó otro puñado de votantes: diseñadores fanáticos de la belleza de esta fuente imponente.