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Historia del trasplante de Helenita Vargas

Después de esperar casi un año a que apareciera un donante, la cantante Helenita Vargas fue operada la semana pasada. La noticia la recibió al día siguiente de celebrar su cumpleaños número 75.

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Mariana Suárez Rueda
08 de febrero de 2011 - 01:33 a. m.
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El 3 de marzo de 2009, cuando Helenita Vargas, considerada la reina de las rancheras, sopló las velas del ponqué para celebrar su cumpleaños número 75, cerró los ojos y deseó con todas sus fuerzas que apareciera un donante de hígado que le salvara la vida. Su petición se convirtió en realidad a las 5:00 de la mañana del día siguiente al recibir una llamada de la Fundación Valle del Lili, en Cali, en la que le avisaron que por fin podrían realizarle el trasplante que necesitaba desde hace casi un año.

La emoción de la noticia se mezcló con la angustia de sus familiares y amigos por el riesgo del procedimiento al que iba a ser sometida. Luis Armando Caicedo, jefe de la Unidad de Trasplantes de esta institución, fue quien llevó a cabo la operación, en la que no se presentaron complicaciones. Durante tres días, Helenita, ‘La Ronca de Oro’, se recuperó en la unidad de cuidados intensivos y el sábado de ese mes fue trasladada a la unidad de cuidados intermedios. Su condición era estable, incluso ya podía sentarse en la cama.

Solamente su hija María del Pilar y su hermana Cecilia la acompañaron en este lento pero satisfactorio proceso de recuperación. La noticia apenas se dio a conocer a la opinión pública a comienzos de esa semana, cuando así lo quisieron sus familiares y el peligro ya había pasado, pues el 5% de estos pacientes corre el riesgo de que su cuerpo rechace el trasplante.

La angustiosa espera que vivió durante meses esta reconocida y querida cantante valluna, después de que sus médicos sentenciaran que su vida corría peligro si no se sometía a un trasplante de hígado lo más pronto posible, la sufrieron 198 colombianos más en 2008 mientras aguardaban en una lista a que apareciera un donante. Y la siguen padeciendo cerca de 144 pacientes, diagnosticados con algún tipo de deficiencia hepática, que aún esperan por esta buena noticia.

En Colombia, la lista más larga es la de quienes necesitan un trasplante de riñón, después sigue la de hígado y luego la de corazón. En Cali, la ciudad  donde operaron a Helenita, por ejemplo, 152 personas aguardan por un riñón, mientras que sólo siete están a la espera de que aparezca un hígado que pueda devolverles las esperanzas de vivir. Contrario a lo que podría pensarse, los niños ocupan un porcentaje muy alto de estas listas, un poco más del 30%.

El médico Luis Armando Caicedo explica que en la mayoría de oportunidades son los padres de estos pequeños quienes terminan salvándoles la vida al donar un pedazo de su hígado. “En el Valle del Lili ya hemos realizado 100 procedimientos de este tipo”.

Sin embargo, Caicedo confiesa que por falta de donantes el número de enfermos supera el de trasplantes que logran realizarse: “Mientras que España tiene casi 40 donantes por millón de habitantes y Estados Unidos cerca de 30, en Colombia sólo llegamos a 10 ó 12 donantes por millón de personas”.

Se trata de una penosa situación de la cual, según Caicedo, son responsables los mitos, la desinformación y la falta de educación que hay sobre este tema. Por eso la mayoría de pacientes que corren con la suerte de encontrar un donante terminan convirtiéndose en portadores del mensaje que promociona la Red Nacional de Trasplantes desde hace varios años.

Helenita Vargas confesó, en varias de las entrevistas que concedió a lo largo de su exitosa carrera como cantante de rancheras, que el alcohol alcanzó a desafinarla. Al comienzo de su vida artística no fue fácil enfrentarse al público, era demasiado joven y la inseguridad se convirtió en su verdugo.

“Buscaba en el trago la seguridad para cantar. Cogí una fama de desafinada terrible, no me gusta escuchar mis discos viejos por eso. Pero aprendí por dónde era; no quería llegar a hacer los papelones de otros artistas de renombre. Entendí que cantar es una profesión tan seria como cualquiera. Desde entonces, no confundo los conciertos con las fiestas”, le dijo a la revista Aló el 12 de julio de 2002.

Algunos de sus amigos más cercanos temen que el exceso de licor haya sido el culpable de su enfermedad, el responsable de que su hígado dejara de funcionar como debía. Su familia y los médicos de la clínica en donde le realizaron el trasplante fueron muy prudentes sobre su condición.

Por Mariana Suárez Rueda

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