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Historias de amor

Hasta el dos de diciembre es posible visitar la exposición ‘Vaho, pequeñas historias de amor’, de la artista bogotana Venuz White.

Dominique Lemoine Ulloa

19 de noviembre de 2008 - 03:38 p. m.
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Venuz White no es química de profesión y confiesa no saber nada de esta ciencia, aunque su obra tiene una forma biológica y celular innegable y parece basarse en una suerte de alquimia. Tres años de investigación y, sobre todo, de observación y procesos de prueba y error permitieron la exposición y el conjunto de obras que hoy se nos ofrece.

Vaho, pequeñas historias de amor nació de una reflexión muy cotidiana sobre las burbujas de jabón. “Me preguntaba sobre la existencia, sobre cómo todas las cosas que son tan efímeras, etéreas y frágiles, podrían llegar a dejar una huella”, cuenta White. Con una línea de trabajo que ha estado siempre ligada a la investigación de la cromática y de la pintura bajo técnicas no tradicionales, esta joven artista bogotana empezó a estudiar las relaciones entre el blanco y el rojo, cómo el uno expande y contrae al otro.

“Tomé el rojo por ser un elemento que tiene unas asociaciones culturales muy directas con el amor, la vitalidad y la fuerza. Para mí se trataba de ver cómo la vida y el amor son tan efímeros, pero aún así dejan huella y transforman nuestro cuerpo físico, emocional y mental con todas esas estelas que se le empiezan a pegar a uno y que hacen que uno ya no sea lo mismo… Esas pequeñas burbujas yo las llamo explosiones de amor”.

En su estudio, White calcó, una a una, las siluetas de sus amigos más cercanos y las dejó por siempre impresas en el líquido blanco de base, haciendo la vez de un fondo sutil y casi imperceptible en medio de las explosiones amorfas y abstractas de color que impregnan los paneles. “Yo soplaba una burbuja sobre eso y se explotaba y se transformaba dejando su huella entre los límites mismos y la zona de construcción que establecían estas figuras humanas que terminan por fusionarse con su entorno”.

Tras toda una búsqueda sobre cómo darle color a una burbuja sin que ésta perdiera su forma, “porque al fin y al cabo es aire que sostiene una partícula de agua y el pigmento tiene una más pesada”, tras explorar los pesos y el aire, resultaron treinta personajes y treinta pinturas que finalmente son, de una u otra manera, un estudio sobre el amor y, más aún, sobre el discurrir de la vida misma. “A medida que arrancó el proceso me fui dando cuenta de que la construcción de las burbujas, al subir, al bajar, al explotar, era un proceso súper vital. De hecho, según la intensidad de mi aire ellas crecían, se expandían, se contraían y por eso se llama vaho, porque vaho es ese aire del nacer y del morir, es ese aliento de creación y sin el cual las burbujas y estos cuadros mismos no existirían”.

Por Dominique Lemoine Ulloa

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