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Historias íntimas que hablan del mundo

El autor chileno Pablo Simonetti lanza este martes en la noche en Bogotá su novela ‘La barrera del pudor’, publicada por editorial Norma.

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Sara Araújo Castro
30 de noviembre de 2009 - 08:09 p. m.
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Hace exactamente 10 años, Pablo Simonetti irrumpió, casi como un intruso, pues su formación de ingeniero lo alineaba más con los números que con las letras, en el mundo literario chileno con sus cuentos Vidas vulnerables (aunque algunos habían sido publicados un par de años antes). Con esas historias, que presentaría a la vida adulta el memorable escritor Roberto Bolaño, Simonetti demostró que su talento con las letras era incluso más promisorio que el de las ecuaciones y fórmulas.

Una década más tarde, después del éxito rotundo de su primera novela, Madre que estás en los cielos (Planeta 2004), y de La razón de los amantes (Planeta 2007), presenta hoy en Bogotá su tercera novela Cuestión de Pudor (editorial Norma), que en Chile ha sido un éxito en ventas, confirmando que la promesa de Bolaño cuando dijo “Hace tiempo que no leía cuentos tan bien narrados por un escritor chileno” se ha mantenido.

Simonetti, pasados los años, sigue manteniendo ese tono fresco y juvenil que contrasta con las sienes un poco grises y la fama asentada de un escritor maduro, de esos que saben lo que realmente les interesa a la hora de escribir y cómo resolver los problemas de las realidades paralelas de la literatura: en este caso la de convertirse en Amelia, una mujer de este tiempo, sin traicionarla ni falsearla.

¿Qué hay detrás de estos personajes atrapados en el desamor, en la frustración sexual?

Es hablar del tiempo que nos toca vivir. Creo que Amelia es una mujer que le tiene ganas a la vida, que está viva, que no quiere que la rutina, el desamor, el desapego físico la merme, la destruya. Ezequiel, por el contrario, es ese tipo que quiere vivir en una madriguera. La vida moderna ha permitido crear estas madrigueras por todas partes. En cambio si sales a la calle, vas a trabajar y opinas, hay peligro pues tienes que luchar por tus opiniones, por tus posturas en la vida. Que eso no signifique un lugar donde morir sino un lugar para luchar.

¿La situación de esta pareja, sin los detalles específicos, reflejaría un poco la realidad chilena?

Creo que hay un equilibrio mayor que antes no ocurría dentro de la pareja. Por otra parte, la mujer ahora tiene menos censura en el tema sexual. El sexo en esta novela lo veo como una metáfora de las ganas de vivir, es expresión del estado de vitalidad que no se apaga. Una mujer que no se resigna a la falta de sexo, a esa vida mustia, es una mujer de estos tiempos.

¿Esto tiene relación con el gran éxito que ha tenido ‘La barrera del pudor’ en Chile desde que salió?

Creo que la novela toca dos temas que son para la gente muy importantes: la reestructuración de la identidad después de la separación. Tanto hombres como mujeres después de una separación sufren cambios violentos, pierden seguridades evidentes que daba la pareja. Y por otra parte, se experimentan libertades sobre las que no se tiene ningún control. Es como un brazo que está inmovilizado durante un mes y no controlas.

El otro tema, el de la insatisfacción sexual, es la de estarse muriendo poco a poco dentro de la pareja. Un tema del que las mujeres hablan muy poco. Al menos en Chile, en algunos grupos sociales es mal visto que una mujer hable libremente de su sexualidad. Entonces el hecho de que el libro hable sobre un tema que se trata sotto voce también genera interés.

A usted le abrió las puertas Roberto Bolaño, quien dio un parte de confianza, ¿qué ha significado en el tiempo?

A Roberto lo conocí en el año 98 y luego en el 99, que fue cuando presentó Vidas vulnerables. Y lo conocí en toda su dimensión, como escritor en el sentido del apasionamiento que tenía por la escritura. Era un erudito literario, uno conversaba con él y si hablaba de Stendhal, él era capaz de citar la frase, el momento en que lo dijo o lo escribió, todo.

¿Era un hombre intimidante?

No, porque era inclusivo en su conversación. Te generaba la ilusión de que algún día podrías alcanzar ese grado de conciencia, pero no era pesado pues era algo que tenía que ver con su escritura, pues él era un escritor metaliterario. Todo lo relacionado con las biografías de los escritores para él era supremamente importante. Cuándo lo dijo, por qué, en qué situación. Estaba casi siempre escribiendo de la batalla de la vida y la literatura. También lo conocí en su otra dimensión, su dimensión más “guerrillera” tiraba bombas y escondía la mano.


¿Cómo es eso de “guerrillera”?

Por ejemplo, la segunda vez que llegó a Chile dijo que José Donoso es un escritor mediocre, estuvo en una cena y después hizo una crítica irónica de esa cena en un medio en España. Entonces los herederos de Donoso salieron a responder y la persona que organizó la comida también y él se sintió muy agredido. Él era un hombre combativo y un poco paranóico. Lo conocí en la dimensión más alegre y gozosa de la literatura y también como un personaje con otros fantasmas. Si una herencia me dejó es el ejemplo mismo de vivir en la literatura, dentro de la literatura. Eso fue un gran ejemplo porque ahora puedo vivir, quizás en otros espacios, pero me siento muy cómodo en ese nuevo mundo que tiene fronteras, conflictos, su dinámica.

¿Crees que los escritores chilenos se quitaron la sombra de la dictadura y eso los hace escribir de temas más personales? 

En Chile han pasado 20 años y ha habido acuerdos amplios en cuanto a la forma de gobernar, es la democracia de los acuerdos. Pero creo que todo escritor chileno en algún momento va a escribir sobre la dictadura, es parte de nuestra identidad. Yo lo hice en Madre que estás en los cielos cuando se muestra una familia que se divide ante la imagen de Pinochet y la emoción que causa el plebiscito y la libertad. También tenemos una literatura que podríamos llamar intimista, que igualmente habla de los fantasmas del país. Más en la vida privada que en lo público. En La razón de los amantes hago un paralelo entre lo público y lo privado, es la polaridad que se vivió entre Lagos y Lain. Pienso que la pequeña historia ilumina la gran historia, y la gran historia condiciona la pequeña. En La barrera del pudor  no hay referencias políticas pero sí hablo del mundo que estamos viviendo, que es la sociedad de consumo y un narcisismo más pronunciado. Es el problema de cuando liberas al individuo: se puede tomar el camino de la individualidad o del individualismo. Hablo de eso: de las cosas buenas de que los individuos podamos definirnos como somos y la parte nefasta que es la escalada de individualismo, la ceguera y la falta de participación ciudadana.

La política para mí no es un conflicto de alta temperatura, pero creo que lo que está en juego es el cuerpo de valores que rigen la vida moderna. Cuando tienes una dictadura como teníamos hace 20 años eso se come la vida de valores, es como si te separaran del mundo. Ahora Chile está muchos más cerca del mundo y así nos teñimos de los problemas del primer mundo.

Sí, entre esos temas de debate está el de los matrimonios de parejas gay que usted ha defendido...

Incluso el candidato de la derecha habla de este tema. Esto es un cambio radical en Chile, porque para el alma de la derecha siempre fue el ser conservador, y el alma de la centro izquierda era un poco más progresista. Pero, silenciosamente, el país se ha vuelto liberal. Y si la derecha quiere ganar, necesita el apoyo de lo que fueron minorías en otro tiempo.

¿Cree que los escritores participan en este proceso, o son sólo el reflejo?

Siendo un poco autorreferencial, sí creo que mis libros han contribuido a abrir mentes. Cuando uno discute de un tema a nivel abstracto se olvida del ser humano. Pero a través de los personajes también se aporta al debate. Los escritores nos hemos permitido ser más individuos sin la hegemonía de lo correcto. Por ejemplo, las discusiones que sirvieron para la equiparación de los derechos de la mujer estuvo antecedidad por una generación de escritoras como Marcela Serrano. Y escritores gays estamos Pedro Lemebel, Juan Pablo Salas y yo, que aparecimos en un momento en el que del tema no se hablaba. Y así, en general considero que la literatura se adapta a los hechos y de una manera que puede influenciarla. Somos antenas parabólicas que estamos sacando temas que aún siguen subterráneos.

¿Nos recomienda un libro?

Acabo de leer Necrópolis, de Santiago Gamboa, y debo decir que el libro me conquistó por completo. Hizo algo muy valiente: se atrevió a tomar la esencia de Bolaño e hizo algo por sí mismo. Hay muchas cosas comunes y muchos guiños, pero es nuevo y bueno.

Por Sara Araújo Castro

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