El Magazín Cultural

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9 Jan 2021 - 2:00 a. m.

Historias que narran más allá de la discapacidad

Las creaciones que parten de las vivencias de personas con sordoceguera son el eje fundamental de “Divergencias”, un proyecto de teatro e inclusión social que busca consolidarse como un espacio de encuentro, reflexión y transformación.

Argenis Leal

“Divergencias” pretende  brindar herramientas para la construcción de  otra mirada sobre la sordoceguera.
“Divergencias” pretende brindar herramientas para la construcción de otra mirada sobre la sordoceguera.
Foto: Crl Producciones

Sus obras quizá no narran grandes dramas como Hamlet, Romeo y Julieta o La casa de Bernarda Alba. Sus historias son sencillas, cotidianas y reales. Reflejan rutinas, miedos, frustraciones y luchas; narran la vida de personas que no ven ni escuchan, pero habitan un mundo que se hace real a través de lo que perciben sus manos o la interacción con los demás. Son historias de personas con sordoceguera, “personas creativas, con una capacidad de imaginar muy alta que cuentan con un universo sensorial único”, afirma Rodrigo González, director de teatro, gestor y productor de espectáculos de artes escénicas, quien desde el 2015 ha venido desarrollando un proceso de creación con personas con esta discapacidad.

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Su primera obra, Con-sentidos, estrenada en el 2017 en el Teatro Charlot, cuenta la historia de una familia que espera conocer a la pareja de su hijo mayor y se entera de un posible embarazo, lo cual da pie a la reflexión sobre las condiciones de vida idóneas que debe tener una persona con esta condición. Llegar al escenario fue un camino largo. “Lo primero que hice cuando empezamos el proyecto fue un diagnóstico para saber cuánto me escuchaban”, cuenta el director, pero las limitaciones de comunicación eran de doble vía, “No les entendía y ellos a mí tampoco”, por lo cual fue necesario que se sumaran los guías-intérpretes Jennifer Villamil, Katherine González y Enrique King. “Ellos lograron aterrizar el universo teatral al de las señas”, concluye.

Aunque se conocen más de diez sistemas de comunicación en el mundo, en Colombia se destaca el uso del lenguaje de señas para sordos y la lectoescritura braille para personas con discapacidad visual. En este caso, los guías-intérpretes utilizan también voz amplificada, braille manual, escritura en la palma de la mano y lengua de señas táctil. “Para lograr un buen entendimiento, se debe trabajar cerca de seis meses con cada persona. Es algo muy personal y siempre estamos en contacto: soy el vehículo para que conozcan el mundo”, nos cuenta Jennifer Villamil, una de las guías-intérpretes.

Conocer sus vidas, percepciones, gustos, miedos y, por supuesto, familias, ha sido parte fundamental del proceso. “Rodrigo llegó con temor, y era lógico. Algunos hablábamos y otros no, pero se dio el tiempo para conocernos y desarrollar nuestras habilidades. Yo soy muy espontáneo y me gusta sacarle una sonrisa a la gente, hasta improviso cuando estamos en el escenario”, cuenta Pedro Quintero (don Pedro), quien junto a su hijo David Quintero sufren el síndrome de Usher, una enfermedad hereditaria que causa sordera desde temprana edad y después deterioro de la visión, debido a una alteración del ojo llamada retinitis pigmentaria. Don Pedro no ve, pero escucha en un 30 %, que se aumenta gracias al uso de los audífonos. Su hijo, David, además tiene glaucoma congénito y pérdida auditiva desde su nacimiento. “Descubrí que, aunque se denomina sordoceguera, cada uno tiene características y manejos diferentes”, aclara González.

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“La sordoceguera es una limitación única caracterizada por una deficiencia auditiva y visual, ya sea parcial o total, que trae como consecuencia dificultades en la comunicación, orientación, movilidad y el acceso a la información” (definición Ley 982 de 2005). Esta discapacidad afecta gravemente las habilidades diarias necesarias para una vida mínimamente autónoma, requiere servicios especializados, personal formado para su atención y métodos especiales de comunicación. En Colombia, según un informe de la Fundación Saldarriaga Concha a partir del Registro de localización y caracterización para personas con discapacidad (Instituto Nacional para Sordos), existen aproximadamente 56.320 personas sordociegas que se ven enfrentadas diariamente a un difícil acceso a la educación, una oferta laboral deficiente, poca infraestructura pública y prejuicios por parte de las personas regulares; eso sin contar el bajo o casi nulo acceso a la cultura, pues no hay espectáculos con traductores y los escenarios no tienen las condiciones necesarias.

“Cuando uno va a un lugar, lo primero que hace es el reconocimiento del espacio: qué objetos hay, qué distancias, dónde están las entradas y las salidas. Hacemos un recorrido a través de las paredes y eso nos permite visualizar mentalmente”, cuenta don Pedro, y es que a través de un trabajo continuo de repetición, respeto por la diferencia y confianza, el equipo —que ahora llega a 18 personas permanentes— ha descubierto cuáles métodos funcionan y cuáles no. Es así como cinco años después y a pesar de que el proceso se ha frenado por la pandemia, el proyecto recibió en el 2020 el reconocimiento para el fortalecimiento de la inclusión social desde la cultura para la población con discapacidad, por parte del Ministerio de Cultura. En el 2017 estrenaron el monólogo Vital, protagonizado por Pilar Barragán. En esta obra se narra, entre otros temas, cómo es ser madre con sordoceguera. Este grupo, además, ha desarrollado charlas, conferencias y experiencias sensibles que buscan dar otra mirada a esta condición. Actualmente buscan una alternativa para llevar sus creaciones al mundo digital.

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