Saskia de Brauw podría ser definida como una chica de una belleza no convencional, una mujer que ha sido protagonista de varias portadas de revistas femeninas, no por sus curvas protuberantes, sino por un estilo siempre de pelo corto, alternativo, y de una languidez que celebra unos ciertos patrones predominantes del estilo. Sin embargo, su cara angulada, su silueta más bien de líneas rectas, su cabello, que le abre paso a la contundencia de la quijada, la han convertido en una candidata apetecible para que encarne la imagen de un hombre en pasarelas y campañas publicitarias.
Sí. Ella asiste a los castings, y entre hombres afeitados por completo es ella, con su cara andrógina, la elegida para estar, por ejemplo, en el desfile de Givenchy para la primavera de 2013, o para encarnar los ideales estéticos masculinos que busca la más reciente colección para hombres de la marca francesa Saint Laurent. “Así, con zapatos, sacos y trajes que funcionan igual para hombres y mujeres, Saint Laurent desafía la literalidad y celebra la libertad”, promulga la revista ID ante el atrevimiento.
La nadadora olímpica francesa Casey Legler, por su espalda pronunciada y su rostro atractivo de mandíbula cuadrada, fue convocada por un amigo que pensó que podría reemplazar a un modelo faltante para realizar las fotos de un catálogo de ropa masculina. Las imágenes fueron tan contundentes, desconcertantes en esa convivencia armoniosa de masculinidad y seducción femenina, que Legler terminó por ser modelo invitada para la pasarela de Tom Ford. Para Legler, frases como identidad de género o expresión de género no deberían ser más que rótulos que convocan a una conversación sobre la libertad: “Entiendo que vivimos en un mundo de las señales, somos criaturas sociales y necesitamos de un lenguaje físico para comunicarnos entre nosotros, pero... ¿no sería realmente bello si todos pudiéramos usar lo que quisiéramos sin que eso significara algo?”, dijo la modelo en una reciente entrevista para Time.
Mientras tanto, el bosnio Andrej Pejic asiste con la misma intensidad a las convocatorias que hacen las grandes casas de la moda mundial para sus colecciones masculinas y femeninas. Su cara de rasgos femeninos, su pelo largo y desteñido, sus hombros huesudos y pronunciados, terminan siendo un anzuelo para los agentes de las marcas que lo encuentran ideal en cualquiera de los dos escenarios. “¿Se siente más hombre o mujer?”, le preguntan. “Me siento las dos cosas: hombre y mujer. Tengo ambas partes y trato de explotar las dos, según el estilo que me pida el diseñador en cuestión. Mi nombre es masculino pero mi mente responde a una dualidad”, contesta el bosnio.
En los cuerpos de estos modelos confluyen las potencias de los dos géneros, y la moda, tal parece, quiere de alguna manera celebrar como cánones estéticos esa convergencia, esa convivencia armónica de rasgos que hacen que un cuerpo parezca habitar en los dos terrenos.
En realidad, esta tendencia es, según la agencia de investigación global de tendencia WGSN, una apuesta extendida en varios lugares de la sociedad que reclaman una “neutralidad radical”. “La neutralidad es asumida como la nueva espiritualidad, y posicionarse en un punto medio en un mundo tan polarizado es visto como la postura más inteligente”, dice la agencia en su informe de tendencias para 2012-2013. “Por ahora, el aumento en el cubrimiento de la neutralidad de género del modelo Andrej Pejic por parte de los medios refleja un nuevo foco en los valores sociales que miran más a las personas que al hombre o a la mujer”, explica, por su parte, Catalina Marín, representante de WGSN para Latinoamérica.
Encontrarse en revistas con las fotos de un chico que luce afectado, ensimismado y seductor, que está en realidad encarnado por una mujer, o toparse con el video de la apertura de la semana de las novias de Madrid, en la que Andrej Pejic abrió la pasarela de la diseñadora Rosa Clará con un despampanante vestido blanco de matrimonio, podría estar trastocando ideas arraigadas
“En Occidente tenemos una historia más rica en posiciones de género de lo que creemos”, explica el catedrático y analista de medios Richard Tamayo. “Una crítica típica y totalmente infundada contra Occidente con respecto al género es que tiende a reconocer como única la oposición mujer-hombre, pero es una crítica que desconoce, por ejemplo, casos como el que se dio en la música con los castrati, niños que sufrieron la extirpación de sus testículos para que conservaran una voz de soprano. Esta fue una posición de género muy interesante, porque no eran mujeres, ni hombres, ni niños, sino castrati. Se les componían piezas específicas que sólo ellos podían interpretar y que no podían ser cantadas por cuerpos de otro tipo. Así, Occidente, en pleno Barroco, se inventa una posición de género tan rara y plástica y estéticamente interesante como esa, de modo que sería injusto decir que sólo hemos permitido al binario hombre-mujer”, explica Tamayo.
Como en la ópera, quizás la moda ha sido un lugar privilegiado para que el género se muestre de formas más variadas, un terreno en donde lo que se demanda de las mujeres y los hombres está menos determinado.
Este desdibujamiento de las fronteras de cómo luce un típico cuerpo femenino o qué roles puede encarnar un hombre parece percibirse también en las apuestas, cada vez más extendidas, entre las marcas infantiles por dejar de determinar los colores y los gustos de los niños y las niñas, de dejar de sentenciar bandidos y princesas.
“Es un momento en que la sobresexualización de los niños está siendo seriamente cuestionada. En el Reino Unido se está presionando por una legislación que obligue a las cadenas de mercado a detener la publicidad inapropiada para los niños”, explica la agencia WGSN.
“Se ven aparecer marcas como New Generals, de Dinamarca, Pop Up Shop o Pinkstinks, que básicamente estarían en contra de que se obligue a elegir el azul para los niños y el rosa para las niñas. Son marcas que se oponen a que se obligue a cada uno de los géneros a vestirse o comportarse de una única manera”, explica Catalina Marín, de WGSN.
Así, estas imágenes publicitarias, esos desfiles en donde indistintamente cuerpos de mujeres y hombres interpretan diferentes géneros, quizás sólo sean los primeros atisbos de las formas como se empiezan a entender los géneros hoy en día, menos en virtud de sus genitales y más en virtud de sus formas de actuar. Tal vez estos atrevimientos de la moda sean la insinuación de que en el mundo de hoy, las mujeres y los hombres no se sienten tan abocados a encarnar todos los signos de lo que se espera de su género.