Cultura

17 Jul 2019 - 2:10 a. m.

Horrible noche, amanecer y día (Opinión)

Digámoslo de una vez por todas: este país es inviable, y no necesariamente por la cultura de corrupción que nos han dejado los gobiernos remotos y recientes. 

Mauricio Navas Talero

Las salas de cine, donde los futuros vándalos están siendo formateados para que sepan que siempre habrá un desgraciado que por cuenta de no tener educación u oportunidades estará pendiente de limpiar su grosería.   / Cortesía
Las salas de cine, donde los futuros vándalos están siendo formateados para que sepan que siempre habrá un desgraciado que por cuenta de no tener educación u oportunidades estará pendiente de limpiar su grosería.  / Cortesía

Tampoco por la imbecilidad de los dirigentes que llevan la rienda, el país, va al desagüe de la historia, no solamente, por cuenta del odio patológico de Álvaro Uribe y sus rémoras,  y tampoco es suficiente la estupidez de personas como Paloma Valencia o la tal Cabal que amedrentan con la irreverencia, fruto de la mezquindad y la ignorancia.  El sifón que absorbe a esta nación obtiene su fuerza de la bellaquería de un alias Santrich, cuyo nombre de pila también suena a alias, o la putrefacción, más allá de la corrupción, de ese ínfimo gran delincuente Andrés Felipe Arias. 

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Colombia se desvanece por más razones además de la existencia de periodistas como María Isabel Rueda que ahogan el ejercicio de una de las profesiones más bellas de la humanidad en su pobreza conceptual, ética y mental. No, todo eso no es suficiente para aplastar a este país y convertirlo en un deshecho histórico, hacía falta algo más. Sutil. Algo que pasa desapercibido y que parece bonito, inofensivo en su apariencia y dirigido a los niños, viene adornado de figuras divertidas y se proyecta en cines del país momentos antes de películas infantiles. 

“Educa” a los asistentes a la sala y en voz amigable, les indica que al terminar la proyección salgan ordenadamente para que puedan entrar los empleados que van a limpiar el mugre que ellos hayan dejado en al suelo y las sillas del recinto.  Se refieren al sobrado de maíz pira o de basura que, se espera, que dejen los futuros vándalos que desde ya están siendo formateados para que sepan que siempre habrá un desgraciado que por cuenta de no tener educación u oportunidades, incluidas aquellas que trae la corrupción, estará pendiente de limpiar su grosería. 

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“Mi empleada” dicen pequeños tiranos que se siguen formando para sostener la infamia de diferencias sociales que se refuerzan en este país en donde los poderosos económicamente, y los criminales ilustres ya no disimulan sus abusos. Prueba de ello son los pasados 6 meses de legislatura, y el escupitajo a la dignidad que nos empapa la cara con la entrada subrepticia de Andrés Felipe Arias que al igual que los futuros colombianos de la sala de cine va a salir a la calle mientras otros sub humanos van limpiando la porquería que va dejando.  

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