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Hugo Mujica: “Estamos en un momento en el que el mundo ha tocado la locura”

El poeta y ensayista argentino es uno de los invitados más importantes en la edición 2026 de la Feria Internacional del Libro de Bogotá. En este diálogo nos comentó algunos conceptos que atraviesan su obra poética.

Andrés Osorio Guillott

03 de mayo de 2026 - 09:00 p. m.
Hugo Mujica recibió el año pasado el XVIII Premio Loewe de Poesía.
Foto: EFE - Chema Moya
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Hay toda una vida que trasciende por haber hecho un voto de silencio por siete años cuando formó parte de la Orden Trapense. Hugo Mujica, poeta argentino, tiene pocos recuerdos de su infancia, pero sí algunos otros de su adolescencia y juventud, de los años en los que se fue a Estados Unidos sin temerles a las formas en las que el destino pudiera presentarse.

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Aunque Martin Heidegger, filósofo alemán, es una de sus influencias más marcadas en su obra, reconoce que, en especial, son pintores y músicos los que más han atravesado su forma de relacionarse con el mundo y de contarlo. Ambas expresiones de arte, incluso, se presentaron en su vida mucho antes que la poesía. De sus pocos recuerdos sobre los primeros años de vida, la presencia del dibujo y la música son algunos de ellos.

¿Por qué le gustaba dibujar de niño?

Me era algo natural. Sobre todo en la escuela primaria. El dibujo fue una apertura. Después tuve mi primer cuaderno de pintura.

De hecho, también dice por ahí que varios de sus referentes ni siquiera son literarios, y menciona mucho a Morandi.

En realidad soy soberanamente pintor. Tengo una reproducción de un cuadro de Morandi, y quiero escribir como pinta Morandi.

Hablemos un poco de cómo llegó a las pinturas de Morandi y por qué lo inspira tanto, por qué es una influencia.

A mí me gusta mucho… es decir, podría pensar en Morandi, en Rothko, en pintores o creadores que dejan sin hablar, que frente a una obra no puedes especular ni puedes inventar; que son capaces de haber completado de tal manera la obra que vos no puedes introducirte como propietario. Y Morandi, dentro de su sencillez y casi en su repetición, es alguien que te deja del todo frente a él, que te admite silencio.

¿Y también la música cumple su papel importante?

Sí, en primer lugar. Después de la pintura. No pienso que todo creador que no es música sea un músico. La música, para empezar, es lo más universal, porque no tiene argumento. La música es la música del lenguaje, es la música acordada desde que empezó, en el sentido de que es tiempo, mientras que Occidente siempre fue espacio. Me gusta eso, me gusta que pasa y desaparece, que no ocupa lugar, que te atraviesa, y además que es el arte más directo con los sentimientos.

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Dijo en una entrevista para ABC que “el único argumento de la existencia de Dios es ‘La pasión según San Mateo’, de Bach. Y si Dios no existe, entonces ‘La pasión según San Mateo’, de Bach, es Dios”. Cuéntenos un poco de esa obra.

No… creo que la “Pasión de Cristo…” y me pasa… es la obra más mítica que se ha escrito, en música y en muchas otras cosas. Creo que esa es una altura difícilmente superable.

Pero yéndonos al campo de la filosofía y la literatura, incluso ha escrito libros sobre Martín Heidegger.

Sí, he escrito tres libros sobre él. Nietzsche y Heidegger, los dos, entraron al mundo del pensamiento no a través del mundo del pensamiento, sino de lo estético. A mí otros pintores me empezaron a hablar de Heidegger. Y a través de eso encontré a alguien que había puesto en un lenguaje contemporáneo lo que antes había sido. Y bueno, Heidegger escribe “Ser y tiempo”. El libro que todos cometen el error de querer leer como de entrada, y es una patada afuera. Y él termina diciendo que es el libro más importante del pensamiento del siglo XX, y dice: “No me salió, me voy a escribir la segunda parte”. Entonces él pregunta por qué. Dice: porque el lenguaje de la filosofía y el lenguaje de la tradición ya no es capaz de encender la vida. Y ahí él se pone al estudio de Hölderlin y de René Char, empieza a escuchar como filósofos el lenguaje poético. Y lo que tanto Nietzsche como Heidegger quieren hacer es que la filosofía sea una creación de arte.

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Dijo también que el principio de la filosofía es el asombro. ¿Qué lo asombra ahora?

La existencia. Es dada y sólida. Es el asombro de estar vivo, de que pasen cosas, que haya tenido también la vida que tuve. Nosotros no tenemos contacto con la vida, sino con la funcionalidad. Entonces se nos escapa el milagro, no de estar vivos, sino de estar naciendo, porque estamos naciendo constantemente.

Igual ha dicho que el lenguaje es el mayor invento de todos.

Somos animales tecnológicos desde el principio. El lenguaje es un artificio. Y la escritura nace como memoria cuando la vida se vuelve compleja. Hay un lenguaje vivo, que nace del silencio, y otro funcional, que usamos todo el tiempo. Pero el lenguaje en sí es otra cosa.

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Y la poesía es lo que, podemos decirlo así, más tarde llega a su vida…

Simplemente estaba preparando el té, después de ya tres años de silencio, y vi que se ponía el sol… y esas cosas, pocas veces en la vida, se hacen con el cuerpo entero. Fui a darle una lapicera… y escribí. Se puso sobre la ventana de la cocina… y estaba casi listo. Y en ese momento sentí que nacía la poesía. Nunca había escrito antes poesía, ni ensayo, ni nada. Me dedicaba plenamente a la pintura.

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Hay un concepto recurrente en su poesía: la ceguera. ¿Por qué?

Primero, porque lo es en todo Occidente. Homero, después viene Tiresias… Pero si querés aterrizarlo: mi padre era ciego. Y yo jugaba a ser ciego de chico. Me agarraba un bastón y decía que a todo lo que me dijeran iba a responder que sí. Y así voy a saber dónde me lleva la vida. Creo que estoy vulnerable a lo que la vida me trae, y me gusta.

“Cada hombre elige sus miedos”. ¿Cuáles ha elegido usted?

No tengo miedos, tengo inconsciencia total. A mí no se me ocurren las desgracias, por eso a los 19 años me fui a Estados Unidos sin hablar inglés y con USD 27. Tengo una relación de confianza con la vida. Y la vida siempre me ha tratado bien. No siento miedo en el sentido de que me pueda paralizar algo.

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También la infancia se asoma en algunos de sus poemas. ¿Cuál es la importancia que le da a esta etapa de la vida?

Casi no tengo recuerdos de mi infancia. Pero me gusta convivir con el niño en su misterio. A mí me gusta jugar. No necesito un argumento serio. Con jugar, ya se me explica todo.

¿Qué le pasa cuando ve su obra reunida?

No me observo. Recuerdo palabras, no ideas. Trato de no reflexionar para no volverme censor.

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Por supuesto, otro de los temas centrales es el silencio. ¿Ha cambiado su relación con él o qué piensa de esto?

El silencio no es tan extraño. Nosotros hablamos por neurosis. El silencio no tiene contenido. Lo que aprendí es que soy alguien que escucha. El silencio te hace escuchar que todo es expresividad.

También ha escrito versos sobre el perdón…

El perdón es la posibilidad de volver a comenzar. Es reiniciar, sacarse la carga.

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La ausencia es una idea que explora en distintos momentos en su poesía, ¿no es así?

A mí me interesa mucho lo que no sé, más que lo que sé. Nosotros estamos todo el tiempo viviendo a nivel cuerpo lo que muy pequeño podemos tener consciente. Y estamos experimentando como pérdida, como paraíso perdido, como todo eso que siempre se está tematizando, una experiencia que tenemos que no es conceptual, pero que sí la sentimos. Entonces, para mí la ausencia es todo eso que somos sin apropiarnos. Lo loco es que cuando tengo la experiencia, tengo la experiencia de lo que acabó de empezar. El lenguaje siempre nombra la despedida. Y todo eso en algún lugar lo registramos como pérdida de no sabemos qué, como una nostalgia de lo que nunca fuimos. Creo que toda la mitología y las religiones están basadas en todo eso que no tiene posibilidad de ser conceptualizado.

¿Y del azar qué piensa? Porque parece que se asoma por ahí en sus ideas sobre la vida y el mundo.

Creo que el mundo es un azar. Y que nosotros, para no desintegrarnos en el azar completo, generamos narraciones. Pero la primera imagen que tiene Occidente de sí mismo es cuando Heráclito dice que en el centro del mundo hay un chico que juega con los dados. Entonces es un juego, es un niño y es el azar. Después empezamos a imaginar reglas, pero todas las reglas nuestras son imaginarias.

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¿Qué opina del mundo actualmente?

El mundo se me volvió incomprensible y absolutamente loco. Ningún vaticinio que hagamos tiene sentido, porque ya no sigue ninguna lógica, ni ningún derecho internacional, ni nada. Hay cuatro matones gobernando y puede ocurrírseles lo que quieren porque se sienten dueños. Estamos en un momento en el que el mundo ha tocado la locura y todo se va desintegrando.

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