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'In memóriam': 2003-2014

En la última década han fallecido varios artistas que estuvieron entre aquellos que le dieron forma y fondo al arte moderno colombiano. Este es un homenaje a su trabajo.

Sara Malagón Llano

26 de noviembre de 2014 - 09:40 p. m.
Édgar Negret, ‘Metamorfosis’ (1987), aluminio pintado.
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“Primero fue Roda, después Ramírez Villamizar, luego Negret. Con su muerte empezó a irse la generación que consolida la modernidad en Colombia, y al museo en sus procesos”, dice María Elvira Ardila, curadora de la exposición In memóriam. La expresión latina, que se traduce “en memoria de...” y se encuentra con frecuencia en obituarios y epitafios, anuncia la muerte, pero también una vida después de la muerte: la inmortalidad que sólo garantiza el recuerdo. En este caso, la inmortalidad se la han ganado los artistas de esta muestra porque su obra ha marcado puntos de inflexión en su campo. Por ello miraremos hacia atrás para volver a su obra, y su trabajo perdurará así en el tiempo.

Juan Antonio Roda, Eduardo Ramírez Villamizar, María Elena Bernal, Enrique Grau, Fernell Franco, Bernardo Salcedo, Gustavo Zalamea, Adolfo Bernal, Hernán Díaz, Omar Rayo, Sara Modiano, Rosa Sanín, Lucy Tejada, Norman Mejía, Édgar Negret, Armando Villegas, Manolo Vellojín, Ana Mercedes Hoyos, Manuel Hernández, Luis Paz. La curaduría empezó a construirse a partir de su muerte, un hilo conductor que puede parecer extraño. Sin embargo, a pesar de la magnitud de la muestra y la diversidad de propuestas, las obras dialogan entre sí, porque todas hacen parte de aquello que hoy en día reconocemos como moderno en el arte colombiano. Detrás de la multiplicidad de técnicas y enfoques se esconde un espíritu común, predominantemente contestatario, que se apropió de las vanguardias artísticas, de las rupturas del arte extranjero, para mirar a América y sus complejidades. Así que haber nacido en los años 20 (algunos un poco después), haber desarrollado su obra a lo largo del siglo pasado y haber muerto en este no son los únicos puntos de contacto entre ellos. Hay lenguajes que se cruzan, y eso es lo que resulta muy atractivo de la muestra: invita al espectador a que se tome el tiempo de encontrar las conexiones, de descubrirlas por sí mismo, o de crear sus propias asociaciones en el recorrido. La muestra es sólo una excusa para exponer a estos artistas en conjunto.

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La abstracción es uno de los hilos conductores más evidentes entre algunos artistas, pero hay otros puntos más interesantes. Por ejemplo, tanto Ramírez Villamizar como Negret y Villegas exploraron el mundo mesoamericano y precolombino y su propia abstracción para crear desde una perspectiva de todas maneras vanguardista. La obra de Roda muestra, también, las montañas de América mediante una técnica que recuerda a Picasso y otros modernos europeos. Por otro lado están Bernardo Salcedo y Adolfo Bernal: la distancia espacial que mantienen sus obras ahora en el museo no impide que el gesto político y dadaísta que comparten salte a la vista.

Por otra parte, Zalamea tomó como referencia la Plaza de Bolívar en muchas de sus pinturas porque creía que allí sucedía todo: desde allí podía mirarse la realidad del país. El mismo viso político está presente en las obras de Salcedo y Luis Paz.

En el segundo piso de la muestra hay un espacio reservado para Hernán Díaz, primer fotógrafo en Colombia que reclamó derechos de autor sobre sus imágenes y uno de los primeros en poner en el mapa a la fotografía como manifestación artística. Entre lo expuesto está la fotografía de algunos de los de la generación. Dice la leyenda que Marta Traba cortó de la fotografía a Armando Villegas por una pelea personal. En algunos libros de arte aparece la fotografía sin Villegas. Y es que ese es otro punto en común de estos artistas modernos: la figura de Marta Traba, aquella crítica de arte conocida por sus importantes aportes en el estudio del arte latinoamericano, que, sin embargo, muchas veces quiso decidir sobre el canon de manera subjetiva y radical.

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Todas las obras expuestas fueron donadas en vida por los artistas al museo. Sólo dos de ellas hacen parte de exposiciones privadas. “De pronto se muere Manolo Vellojín, y en los últimos meses, Ana Mercedes Hoyos y el maestro Manuel Hernández. La muestra es conmovedora porque son artistas con los que trabajamos muy de cerca, y nuestro acervo son sus obras”.

 

 

saramalagonllano@gmail.com

@saramala17

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Por Sara Malagón Llano

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