Durante cuatro días, la ciudad vivirá otro de sus eventos insignia alrededor de la cultura. ARTBO Fin de Semana llega entre el 16 y el 19 de abril con una programación cultural que incluye más de 160 eventos repartidos por toda la ciudad. El evento celebra su décima edición y trae por eso más espacios y más encuentros de los que se podrán disfrutar durante este tiempo.
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El objetivo, tal como ha sucedido con otros grandes eventos recientemente, como la Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG25 o el Festival Internacional de Artes Vivas (FIAV), es sacar el arte a las calles e invitar a más personas a que disfruten de él. Jaime Martínez, director del Programa ARTBO, habló para EL ESPECTADOR sobre el trabajo detrás de la realización del evento y contó algunos detalles que el público puede esperar en esta nueva edición.
¿Qué significa para ustedes la celebración de los diez años de ARTBO?
Estamos felices, porque llegar a la décima edición, en cualquier proyecto cultural, es una proeza. Al final, estos proyectos tienden a tener un punto muy alto y luego a empiezan a bajar, pero nosotros llegamos a esta edición cada vez más fuertes. Nuestros números nos respaldan: los espacios culturales que hoy hacen parte del fin de semana de ARTBO, así como las visitas que tuvimos el año pasado y que este año esperamos que sean muchas más. Además, el respaldo que la Cámara de Comercio de Bogotá nos ha dado durante todo este tiempo ha permitido que incluso en momentos difíciles, como la pandemia, se siga apostando por el proyecto. Estos diez años son gracias a todo lo que ARTBO ha construido de la mano de ellos también.
Háblenos un poco de lo que traen en esta nueva edición de ARTBO Fin de semana.
Fin de semana es nuestra plataforma para activar los espacios. A diferencia de la feria, que ocurre en septiembre y que se concentra en un solo lugar —Ágora— con galerías internacionales, Fin de Semana es lo opuesto: no hay una sede principal ni un único punto de encuentro. La idea es que los visitantes recorran los espacios culturales que hay en la ciudad, que además están abiertos todo el año, pero que durante estos cuatro días activamos con diferentes actividades. Tenemos visitas guiadas, brunch en los espacios, encuentros con artistas e inauguraciones. Cada espacio decide cómo activar su programación a través de eventos. Este año contamos con más de 160 eventos que se desarrollarán durante los cuatro días y la idea es que la gente realmente se movilice.
Por eso, desde la Cámara de Comercio, como parte del programa, también disponemos de un bus gratuito con 20 paradas en distintos puntos de la ciudad. Las personas pueden tomarlo sin costo, bajarse en los espacios, recorrerlos, y luego continuar hacia otra estación. La idea es que la gente pueda vivir la ciudad a través del arte.
¿Cómo se realiza la curaduría de un evento como este?
La curaduría la realizamos a través de un comité. Primero invitamos a un grupo conformado por galeristas, directores de museos, directores de espacios autogestionados y de espacios de diseño; en total, son cinco personas. Recibimos las aplicaciones de los espacios culturales entre noviembre y diciembre del año pasado. Luego, en enero, hacemos un comité externo en el que se revisan esas postulaciones y se eligen los espacios participantes. La aplicación no tiene ningún costo, y estar en los circuitos tampoco. Es un programa totalmente subsidiado por la Cámara de Comercio, por eso siempre invitamos a todos los espacios culturales a que estén pendientes de nuestras redes y de la página web para inscribirse. Este año, por ejemplo, tenemos 15 espacios nuevos en Fin de Semana, porque la idea es siempre estar abiertos a mapear qué está pasando en términos culturales en la ciudad.
Además de exposiciones, ARTBO también cuenta con un componente académico. ¿Por qué creen que es importante incluirlo en su programación?
Para nosotros, todos los componentes del programa —tanto en la feria como en ARTBO Fin de Semana— deben incluir un énfasis en la formación. En cultura, la comercialización y la circulación son importantes, pero sin la formación de públicos, con el tiempo, se pierde el interés por el arte y la cultura. Por eso creemos que es fundamental hacer un trabajo fuerte en la pedagogía. Cada uno de nuestros programas incluye un componente académico importante en ese sentido.
Este año se expandieron a Kennedy. ¿Qué propuesta traen para este sector de la ciudad?
Desde el programa siempre estamos en constante retroalimentación, tanto con el público como desde la Cámara de Comercio, revisando también cuál es nuestra misión. Si bien la mayoría de los espacios culturales están concentrados en un circuito a lo largo de la Séptima —desde el centro histórico hasta Quinta Camacho, más o menos—, muchas veces no se visibiliza lo que ocurre en otras zonas de la ciudad. Por eso, este año decidimos hacer un piloto en Kennedy, con cuatro espacios dentro de la localidad, para incluirlos y ampliar ese espectro. La idea es entender que Bogotá no es únicamente un solo circuito cultural. Y estar presentes en otros lugares de la ciudad es una manera de asumir la responsabilidad de descentralizar nuestra programación.
Últimamente la ciudad ha tenido eventos con un propósito similar, como la Bienal de Arte BOG25 o el Festival Internacional de Artes Vivas, que acaba de terminar. ¿Cuál cree que es la importancia de que se promuevan este tipo de proyectos culturales gratuitos en la ciudad?
Creo que esa es justamente la labor de programas institucionales como los que mencionas. Tienen la tarea de descentralizar, de llevar estas propuestas a otros lugares y a otros públicos. Ahí también ocurre la formación de nuevos públicos, de la que veníamos hablando. Si la gente no tiene acceso a lo que está pasando, difícilmente va a desarrollar sensibilidad frente al arte. Y a eso quisiera agregar que nosotros, especialmente desde la llegada del presidente Ovidio Claros hace tres años, hemos tenido una apuesta fuerte por la descentralización, ya no solo en la ciudad, sino en la región. Tenemos sedes en Fusagasugá y en Chía, y desde entonces hemos empezado a llevar exposiciones de arte a esos lugares a través del programa ARTBO. Por ejemplo, el año pasado presentamos a Pedro Ruiz en Fusagasugá. Es una apuesta, pero también una responsabilidad que asumimos.
¿Cómo se proyecta ARTBO frente a otras iniciativas similares en otros países del mundo?
Yo prefiero hablar en términos regionales. Podemos equivocarnos si nos compararnos con países como Alemania, Estados Unidos, o incluso con México o Brasil, porque las economías y las dimensiones son muy distintas. Pero, en relación con países como Perú, Ecuador, Bolivia, Venezuela o Panamá, donde las condiciones son más comparables, ARTBO se posiciona muy bien. La feria es una de las más importantes de América Latina y funciona como una plataforma clave para el intercambio cultural y la visibilización del arte. Y en el caso de ARTBO Fin de Semana, es un evento que prácticamente no tiene comparación, porque no es común que exista un programa con ese nivel de apoyo institucional. Además, Bogotá tiene una oferta cultural muy amplia. A mí me gusta mucho contar que nosotros seleccionamos alrededor de 86 espacios culturales para el evento; eso significa que, si una persona visitara uno cada fin de semana, tendría plan para más de un año. A veces se dice que no hay nada que hacer, pero en realidad la ciudad ofrece una programación cultural muy por encima de otras ciudades de la región.