Juan de la Cosa hizo parte del primer viaje de Colón (1492-93) como maestre de la nave capitana, la Santa María. En 1493 volvió a zarpar en la segunda travesía del Almirante, quien entonces se refirió a su compañero como “maestro de hacer cartas”. En 1499 Alonso de Ojeda lo nombró Piloto Mayor de una expedición propia al Nuevo Mundo, en la que participó también Américo Vespucio. Partieron en mayo de 1499, recorrieron buena parte del mar Caribe recopilando datos geográficos que fueron definitivos para la manufactura del primer mapa del mundo en el cual aparecen tierras en el gran océano Atlántico nunca antes registradas por geógrafos cristianos.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
De la Cosa volvió a hacerse a la mar en una expedición de Rodrigo de Bastidas a finales de 1500, y por lo tanto suponemos que su novedosa carta del mundo fue terminada en el otoño de ese mismo año.
Después de varias travesías se embarcó en el que sería su último viaje en 1509, una vez más al lado de Alonso de Ojeda y en esta oportunidad en compañía de su esposa Teresa, sus hijos, dos esclavas y un ejército de más de 200 soldados, uno de los cuales se llamaba Francisco Pizarro. Al parecer Ojeda ignoró las advertencias del experimentado explorador sobre la combatividad de los nativos Yurbacos de esta parte del Caribe, insistió en atacarlos y, como resultado, en febrero de 1510 el cartógrafo español murió a causa de las heridas de múltiples flechas envenenadas en un enfrentamiento con los nativos locales que resistían la invasión de sus territorios por parte de los cristianos.
En la población de Turbaco hoy podemos visitar un monumento en su honor donado por el ayuntamiento de Santoña, su lugar de nacimiento en el norte de España.
De la Cosa fue protagonista de los primeros viajes de exploración y conquista americana, pero su mayor legado fue la manufactura del único mapa conocido realizado por un testigo presencial de los viajes de Colón y, aun más interesante, el primer mapa del mundo que incluye lo que hoy sabemos era el continente americano.
En muy buen estado, este extraordinario documento que se conserva en el Museo Naval de Madrid es un pergamino de 183 cm. de alto por 96 cm. de ancho ensamblado sobre dos pieles de ternera pegadas en forma de rectángulo irregular: la parte superior, algo más estrecha, corresponde al cuello del animal.
La historia de la cartografía es básicamente la historia de la copia y modificación de mapas anteriores, tal como vemos en esta carta cuya mayor parte representa el mundo conocido con sus tres grandes partes: Europa, África y Asia. No obstante, la gran mancha verde en la parte superior del mapa presenta una asombrosa novedad.No ha pasado una década desde el regreso de Colón de su primer viaje y el mundo ya se muestra notablemente distinto. En la parte central superior del mapa se reconocen con bastante precisión algunas islas descubiertas a finales del siglo XV por navegantes españoles y portugueses. A pesar de que en junio de 1494 Colón había hecho jurar a todos los que le acompañaban en su Segundo Viaje, entre ellos Juan de la Cosa, que Cuba era una península del continente asiático, en este mapa se dibujaron los contornos de la isla con total claridad.
En el extremo superior del mapa, cubriendo lo que podría ser la región centroamericana, sobresale un recuadro con una imagen de San Cristóbal caminando sobre el mar, muy seguramente un explícito reconocimiento a Colón. Bajo el santo aparece la referencia al autor y fecha del mapa: “Juan de la cosa la fizo en el puerto de S: mã en año de 1500”. La estampa está justamente en el lugar que se podría especular hay un paso a otro océano y que permite suponer que esta masa de tierra sea un nuevo continente.
A pesar de las noticias de inéditos hallazgos de varias expediciones al occidente del Atlántico, para el año de 1500 era razonable suponer que las nuevas tierras descubiertas eran islas o penínsulas del continente asiático, como lo creyó hasta su muerte el mismo Almirante. Vale la pena señalar que en la pintura de Asia se incluye la península de la India, pero no están China ni Japón, y tampoco aparecen el océano Pacífico, lo cual fomenta la incertidumbre de si para el autor del mapa las nuevas tierras eran el extremo oriental de Asia o más bien un continente nuevo.
El tamaño y la rica ornamentación indican que no se trata de una simple “carta de marear” hecha para pilotos, y seguramente fue realizada por encargo de algún personaje poderoso de la Corona española con el claro interés de documentar la propiedad cristiana de las tierras recién descubiertas.
Juan de la Cosa ensambla un mapa del mundo entero en el cual exhibe en detalle los conocimientos cartográficos del “viejo mundo”, con los ríos, puertos y centros de población mediante símbolos convencionales de la cartografía medieval. Profusamente decorado a la manera de la cartografía náutica “portulana”, con bellas “rosas de los vientos” y líneas de navegación que solían ser referentes de rumbos que confluyen en nodos y estrellas de 32 puntas. Además, es notable la decoración con banderas, embarcaciones, personajes legendarios como por ejemplo el Preste Juan de las Indias en África, los Reyes Magos en Asia o la torre de Babel, que son, entre otros, emblemas de un mundo cristiano. Como registro histórico incluye noticias de la reciente llegada de Vasco de Gama a la India en 1498.
En la carta, las nuevas tierras son incorporadas no solo en un marco de referencia espacial sino como parte de un orden político y religioso. Como es propio de la tradición cristiana, en el mapa abundan las referencias bíblicas. En medio del mar océano, en la parte occidental del mapa, la figura medular de la carta la constituye una rosa de los vientos decorada con una xilografía de la virgen y el niño Jesús. Algunos han sugerido similitudes de la figura de María con la reina Isabel.
El mapa suele ser reproducido y observado siguiendo las convenciones cartográficas modernas con el norte en la parte superior, pero la mayoría de las inscripciones fueron diseñadas para ser leídas con el pergamino en posición vertical con el norte a la derecha, de manera que el mapa en su totalidad nos evoca una forma de cruz que da mayor protagonismo al simbolismo cristiano y a la Virgen en el centro del océano.
Un propósito evidente de este mapa es la determinación de la línea que divide el mundo en dos partes de sur a norte, tal y como lo había definido el Tratado de Tordesillas en 1494. No es de extrañar que abunden en él naves y emblemas reales de Castilla y Portugal, ya que el mapa es una gran carta de propiedad, una poderosa representación de un nuevo orden global cristiano.