
"El pífano", cuadro de Édouard Manet, 1866.
Foto: Archivo Particular
Juan Martín fue un muchacho que tenía uno de los puestos más peligrosos dentro de la armada española: era pífano. Estaba encargado de tocar una pequeña flauta atravesada, cuyo sonido agudo, junto con los de los tambores, servía para coordinar las maniobras de los soldados y artilleros durante las batallas navales. La labor del pífano era arriesgada, pues exigía estar al frente en las confrontaciones bélicas y asegurarse de que podría ser visto y oído por sus compañeros de armas, por lo que su salario era ligeramente superior al de un soldado...
Por Antonio Jaramillo Arango, líder del componente histórico del proyecto ‘Hacia el corazón del galeón San José’*
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