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Juan Martín, la flauta gitana del galeón San José

La historia de los imperios suele vincularse a la vida de los reyes, generales o grandes capitanes. Pero fueron hombres y mujeres de extracción popular quienes protagonizaron los grandes acontecimientos del pasado. La investigación histórica adelantada desde el Instituto Colombiano de Antropología e Historia - ICANH hace énfasis en narrar y dar a conocer las vidas que estuvieron ligadas al galeón San José. Esta es la de Juan Martín.

Antonio Jaramillo Arango, líder del componente histórico del proyecto ‘Hacia el corazón del galeón San José’*

10 de abril de 2026 - 08:20 a. m.
"El pífano", cuadro de Édouard Manet, 1866.
Foto: Archivo Particular
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Juan Martín fue un muchacho que tenía uno de los puestos más peligrosos dentro de la armada española: era pífano. Estaba encargado de tocar una pequeña flauta atravesada, cuyo sonido agudo, junto con los de los tambores, servía para coordinar las maniobras de los soldados y artilleros durante las batallas navales. La labor del pífano era arriesgada, pues exigía estar al frente en las confrontaciones bélicas y asegurarse de que podría ser visto y oído por sus compañeros de armas, por lo que su salario era ligeramente superior al de un soldado o un marinero regular, y se asimilaba al de los artilleros.

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A los 19 años, Martín fue enrolado dentro del cuerpo de infantería del galeón Nuestra Señora de la Almudena, que partió en 1706 de Cádiz hacia Cartagena, como parte de la Flota de Tierra Firme, cuya nave capitana era el galeón San José.

A diferencia de sus compañeros, Juan Martín era parte de la comunidad gitana y no dudaba en firmar los documentos legales como “Juan Martín, egipcio”. Los gitanos, también conocidos como romaníes o Rom, son una comunidad originaria de la India, pero en su larga peregrinación atravesaron varios países de lo que hoy conocemos como Oriente Medio, por lo que se presentaron en Europa Occidental como provenientes del “Egipto menor”.

Los primeros gitanos llegaron a la península ibérica en el siglo XV, y desde esa época son parte constituyente de la variedad étnica de lo que hoy es el Estado español.

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Luego de pasar unos meses en Cartagena, se hizo claro que el galeón Nuestra Señora de la Almudena estaba muy dañado, por lo que fue abandonado y su personal de infantería, incluyendo al pífano gitano Juan Martín, pasaron a servir en otro galeón, el Santa Cruz.

Martín y sus compañeros llegaron embarcados en esta última nave a Portobelo, hoy en día Panamá, a inicios de 1708. En mayo de ese mismo año, cuando la Flota de Tierra Firme estuvo lista para emprender su viaje de regreso hacia España, que incluía paradas estratégicas en Cartagena y La Habana, empezó a circular la noticia de que había una formidable fuerza de la armada inglesa dispuesta a atacar a los galeones hispánicos. Esto hizo que el capitán general de las fuerzas españolas acondicionara un navío mercante, la urca del capitán Francisco Fernández Nieto, con artillería y hombres para su defensa. Juan Martín, junto con su compañía de infantería, pasó a servir en la urca.

Las noticias eran ciertas: en la entrada de la bahía de Cartagena estaba esperando un convoy inglés, listo para emboscar a la flota hispánica. El 8 de junio de 1708 estalló la que se conoce hoy en día como la Batalla de Barú. La urca, con su pífano gitano al frente, guerreó con valentía, enfrentándose a la nave insignia de los ingleses, el Expedition, que contaba con el enorme poder de fuego de 70 cañones. La flauta del pífano sonó para coordinar a sus compañeros en el intercambio de disparos con la nave inglesa. Los esfuerzos de Martín y el resto de soldados de la urca no fueron suficientes para detener al Expedition, que luego de dejar muy maltrecha a la urca, fue directo a atacar al galeón San José. En la noche del mismo 8 de junio, el San José se hundió ante la mirada incrédula de Juan Martín y los demás ocupantes de la nave del capitán Nieto.

Para evitar que los ingleses tomaran la urca, sus capitanes decidieron encallarla en Barú, descargar todo su contenido y ocupantes y prenderle fuego. Cinco días después de la batalla, el gitano pífano llegó a Cartagena en una canoa. A pesar del riesgo que implicaba su labor y que la urca entró directamente en batalla, Juan Martín sobrevivió y sus días como parte de la armada hispánica no terminaron allí. Al volver a Europa, Martín siguió ejerciendo su labor como pífano y participó en una de las batallas más recordadas de la Guerra de Sucesión Española: el sitio de Barcelona de los años 1713 y 1714, que significó el fin de la autonomía de la ciudad condal.

Pasada la guerra, en 1716, luego de casi 10 años de estar permanentemente en batallas y enfrentamientos, Juan Martín fue a vivir a Cádiz en búsqueda de paz y estabilidad. Estando allí, contrató un abogado para que reclamara ante el Consejo de Indias los sueldos atrasados que la corona aún le debía por su servicio en el Caribe. Estos sueldos acumulados le darían la oportunidad de emprender una nueva vida lejos de los campos de batalla.

Copia del poder que Juan Martín otorgó a su abogado para reclamar sus sueldos atrasados. Protocolos notariales de Cádiz, año de 1716.
Foto: Archivo particular

Los libros de historia tradicionalmente han subrayado el hundimiento del galeón San José y el sitio de Barcelona como grandes episodios de la Guerra de Sucesión Española, pero no debemos olvidar que fueron vidas como la de Juan Martín —mal pagadas, expuestas y olvidadas— las que protagonizaron estos eventos.

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Por Antonio Jaramillo Arango, líder del componente histórico del proyecto ‘Hacia el corazón del galeón San José’*

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