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Kim Thúy: “Un libro existe al leerlo, pero al comentarlo, los personajes se vuelven reales”

Gracias a la alianza con Tinta club del libro*, presentamos esta primera parte de una entrevista con Kim Thúy (uno de sus curadores), quien habló sobre sus comienzos con la lectura, sus hábitos como escritor y sus lectores ideales. Entérese al final de este artículo sobre cómo obtener un descuento en Tinta.

Sandra Pulido Urrea

27 de junio de 2026 - 10:00 a. m.
La escritora Kim Thúy nació en Vietnam y creció en Canadá.
Foto: Sarah Scott - Cortesía
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¿Cuáles son esos recuerdos que tiene de su infancia y de los libros en ella?

Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO

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Había tantos libros en casa… tuvimos suerte de tenerlos; eran un objeto de lujo. Fue un privilegio porque estábamos en un país en conflicto y durante los tiempos de guerra hay mucha desinformación. Nosotros vivíamos con mi abuela y mi abuelo, mis tías y tíos. Vivíamos en un edificio y cada familia tenía un piso, pero nunca nos quedábamos en un solo piso; siempre terminábamos estando juntos. Almorzábamos y cenábamos juntos. Éramos un gran grupo de personas alrededor de la mesa discutiendo sobre los libros que habíamos leído. También periódicos y revistas. Los libros estaban vivos. Siempre fueron parte de nosotros, de nuestra conversación familiar. Un libro existe cuando lo leemos, pero cuando lo comentamos con otra persona, los personajes se vuelven reales. “¿Por qué hizo ella esto?”. “No debería haber elegido a esa persona como marido”. “¿Y por qué estaría mal?”. El personaje se volvió real y la historia también.

Recuerdo que había algunas colecciones de libros que estaban divididas por edades: la flor azul era para el más joven, la flor amarilla un poco mayor y así… Nos pasaba que los más pequeños siempre queríamos leer los libros para los más grandes. Había libros escondidos por todas partes, debajo de la cama, detrás del baño (porque íbamos al baño y leíamos escondidos). Así descubrí el gusto por la lectura, aunque no entendía mucho el contenido.

¿Cómo tuvo ese privilegio de tener muchos libros en medio de la guerra?

Mi abuelo tuvo la oportunidad de estudiar. Era muy bueno en la escuela; siempre tuvo buenas calificaciones. Había tantos exámenes realizados por los franceses, básicamente para bloquear a los vietnamitas para que estudiáramos. A medida que crecíamos, había un examen nacional en tercer grado y luego en sexto y en noveno. Así el sistema iba “limpiando” estudiantes. Aquí en Canadá quieren que todos tengan éxito, hacen de todo y te dan todas las herramientas para tener éxito. En Vietnam fue todo lo contrario: “queremos que fracases”. Para los vietnamitas era muy difícil estudiar. Nosotros tuvimos suerte de tener un abuelo que era muy bueno en la escuela y estudió durante mucho tiempo y leía mucho. Mis padres también, y cuando tienes padres que leen, ellos quieren transmitir lo que les gusta a sus hijos y cada uno iba encontrando nuevos autores. Así fue como tuvimos tantos libros en casa.

¿Cuándo se dio cuenta de que quería ser escritora?

Nunca supe que quería ser escritora. ¿Conoces el libro “El amante” de Marguerite Duras? Lo amo mucho. No sólo la historia o la forma de escritura, sino que fue el primer libro que habló de Vietnam desde un punto de vista diferente. Todo antes era sobre la guerra, incluso las canciones de amor. Se oiría la guerra de fondo: el amor es imposible por culpa de la guerra, o pierdes a un amante en la guerra. Pero Marguerite Duras, cuando la leí por primera vez aquí en Quebec, ella me contó una historia, una historia de amor en Vietnam y describió el país con tanta belleza, con palabras hermosas, describió los ríos, que eran muy densos y marrones, pero los recuerdo en mi cabeza como una flor hermosa, solo por cómo ella lo describió, y me enamoré de Vietnam. De repente me dio licencia para amar a Vietnam de una manera diferente, que también puede ser romántico y hermoso, además de estar en guerra. Y cambia tu perspectiva; es por eso. Ese libro fue muy importante para mí porque me llevó al otro lado. Ahí sí quise estudiar literatura francesa y tal vez convertirme en escritora e intenté escribir. Por supuesto, no tuve suficientes palabras, ni vocabulario ni ideas. Sentí que no tenía el talento y ni siquiera sabía por dónde empezar. ¿Quién querría leerme? Entonces lo abandoné. Por un par de años nada más.

¿Y cuánto lee para escribir?

Soy la peor lectora. Probablemente soy la única escritora que considera que no ha leído libros. Pero sí, pienso que no leo lo suficiente. Pensaba inclusive que había leído sólo tres libros en toda mi vida. Pero cuando comencé a hacer la lista como me pediste, me di cuenta de que he leído más de tres. Tal vez no he leído mucho, pero los libros que he leído, realmente los he leído. Los llevo dentro de mí; hacen parte de mi lenguaje.

¿Cómo elige los libros que lee?

Nada me gusta más que ir a una biblioteca o librería. Puedo quedarme allí para siempre. Abro cualquier libro y nunca salgo de una librería con menos de tres libros. Es imposible. Pero después de eso, siempre es cuestión de tiempo. No logro leer todos los libros que compré. Pero cuando los compro, mi intención es leerlos porque me atrapan, solo por lo que leí. Quizás la primera página, quizás en la mitad del libro o solo el título. Me ha pasado muchas veces que compro el libro por el título. Recuerdo un libro que compré en Bath, una librería muy bonita en el Reino Unido. El título era “Este del Oeste”.

¿Cuáles son sus hábitos de lectura? ¿Subraya los libros?

Les hago de todo. Incluso doblo las páginas por la mitad. Subrayo y comparto muy a menudo cuando me gusta una frase. Todos mis libros están muy dañados, especialmente porque me toma mucho tiempo terminar un libro. Están en mi cartera durante meses. Y terminan con lápices labiales, polvo de galletas y un poco acabados.

¿Piensa en un lector ideal cuando escribe?

No, me es imposible imaginar un lector. Me pasó hace poco algo muy divertido: iba caminando y había una mujer que pensé que tenía una vida muy dura. Le faltaban muchos dientes y tenía dificultades para moverse. Y estábamos en un área en la que pensé “por aquí no se leen tantos libros”. Ella solo dijo “hola”. Al principio pensé que me preguntaría algún tipo de dirección y no, me dijo: “Oye, tú eres la que sale en la televisión, ¿verdad?”. Luego dijo mi nombre y entonces pensé que me conocía por mi programa de televisión. Después dijo: “Te leí, vi tu película y me gusta mucho lo que haces”. Entonces, si me preguntas si hubiera imaginado a esta persona como mi lectora, probablemente diría que no. Mi pasión es contar una historia. Luego les comparto la historia. Sabes que me invitan muy a menudo a ser oradora y siempre les digo: si son dos personas o dos mil, soy la misma persona. Para mí el placer es compartirles una historia.

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¿Tiene algún autor al que siempre vuelve?

Sí, claro, Marguerite Duras, Tim O’Brien y Jean Navarre; de él aprendí a usar y a “jugar” con la puntuación al leerlo a él porque tiene esta forma de usar la puntuación que es muy extraña y diferente. Alessandro Baricco es extraordinario. En términos de ritmo, Seda se mueve hacia adelante y hacia atrás perfectamente. Nicole Krauss con “Historia de amor”. Amo tanto ese libro que no quiero leer los demás. No quiero decepcionarme. Quiero que mi amor siga intacto. Sylvie Germain, una autora francesa, la artesanía de su escritura, la forma de usar las palabras, es muy sofisticada, pero al mismo tiempo ves las imágenes.

¿Le gustaría ser amiga de algún escritor de la historia?

Lamento mucho decirlo, pero no. Tengo mucho miedo de encontrarme con mis héroes. No me gusta conocer a mis héroes, no quiero saber que necesitan ir al baño, no quiero ver que tengan comida en los dientes. Quiero que sean monumentos, que sigan siendo perfectos. Alguien me dijo un día, “¿Quieres conocer a Tim O’Brien?” Y de inmediato respondí: no, nunca. Lo amo demasiado. Lo mismo con Marguerite Duras. Afortunadamente está muerta porque al parecer tuvo un carácter bastante fuerte.

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(*) Tinta club del libro es una iniciativa que propone una experiencia de lectura mensual a través del envío de libros seleccionados por curadores invitados. Cada edición incluye un título en una edición producida especialmente para el club, acompañado de materiales editoriales que contextualizan la obra y su elección.

Este proyecto articula la figura del curador como eje de su propuesta editorial. Escritores y agentes del campo literario participan en la elección de los títulos y en la construcción de un marco de lectura que se extiende más allá del libro, mediante textos y espacios de intercambio asociados a cada edición. Tinta se plantea así como un dispositivo de mediación entre autores, obras y lectores, con una periodicidad mensual.

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Si quiere ser parte de Tinta, tiene un 20% de descuento en el primer mes del plan mensual o del anual pago mensual con el código ElEspectador y un 15 % de descuento en el plan anual pago único con el código ElEspectador1. Para acceder, entre a la web de Tinta: www.tintaclubdellibro.com y redímalos.

Por Sandra Pulido Urrea

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