Kohei Saito es una de las estrellas ascendentes de la filosofía. Se ha vuelto famoso por rescatar la apuesta ecológica de Marx. En sus obras, como “Marx en el Antropoceno”, explica que las revoluciones no necesariamente son las locomotoras de la Historia sino que, como lo decía W. Benjamin, también pueden servir de freno de emergencia. Los desastres ecológicos de nuestra época nos tienen que llevar a pensar en detener de manera radical varios de los aspectos que están haciendo nuestra vida en este planeta cada vez más insostenible. Necesitamos un freno.
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
Sin embargo, es preciso ser sensibles a las diferencias entre países y continentes. Mientras África y América Latina necesitan de más inversión y crecimiento para que sus habitantes puedan gozar de los derechos básicos, en EE. UU., por ejemplo, sí puede pensarse en detenimiento, o mejor decrecimiento, en un modo de vida diferente al que nos propone la lógica del capital.
¿Cómo sería ese modo de vida? Mientras Saito se inclina por Marx, yo me inclino por Platón para responder a esa pregunta. Una sociedad comunista debería lidiar con la pleonexia, palabra que nosotros podemos traducir como ambición desmedida. Platón creía que dicha ambición puede manifestarse por muchas cosas: bienes materiales, amor, sexo, territorios, etc.
La respuesta del mundo moderno-liberal no es que la pleonexia es mala sino que puede redirigirse hacia fines económicos y sociales positivos. Por ejemplo, suponga que usted tiene un deseo ilimitado de riqueza. Siempre que usted cumpla las leyes, consiga la riqueza por medios legítimos y pague sus impuestos, ese deseo puede servir al prójimo.
¿Cómo?
Para usted enriquecerse, seguramente tendrá que brindar servicios a los demás; al hacerlo, les hará un bien; probablemente creará empleos, moverá la economía, resultando todo en el bienestar común. Será usted billonario, tendrá más que el resto del planeta junto, pero haciendo el bien. De hecho, ¡tendrá que poner algunos límites a su deseo justo porque el Estado lo obliga a cumplir la ley para enriquecerse! En ese sentido, la pleonexia deja de ser un problema y hace parte de la solución.
Sin embargo, la anterior es una solución demasiado fácil. Como lo resalta el prof. Saito, el capitalismo implica vivir con más de lo que nos corresponde de acuerdo con nuestros límites planetarios, sobre todo cuando se trata del Norte global. Este sistema económico rompe todo equilibrio entre la naturaleza y el ser humano. Lo que Saito llama el modo imperial de vida es una muestra de esto. El bienestar del capitalismo en el Norte global es el resultado de innumerables depredaciones ambientales a lo largo y ancho del mundo. Destruye las selvas, los océanos, los polos, y los bosques. El costo ecológico del consumo estadounidense se manifiesta en la degradación ambiental en el Sur.
El anterior no es un problema individual. No es que en el Norte haya algunas almas injustas repletas de pleonexia y que baste con educarlas en la justicia para que el problema se arregle. Es un problema estructural. La pleonexia hace parte del modo imperial de vida, de la manera en que el capitalismo está organizado. El capitalismo, en otras palabras, es pleonéxico y estimula al máximo posible la pleonexia (especialmente la de los más ricos).
El capitalismo funciona haciéndonos desear mucho más de lo que nuestro planeta puede darnos. Una alternativa tiene que ofrecer un cambio al nivel del deseo. Insisto, no a nivel del individuo sino a nivel social. Requerimos de un sistema económico que produzca deseos compatibles con los límites ecológicos de nuestro planeta, sobre todo en el Norte global. Es posible pensar la propuesta política de Platón en clave de la justicia económica de nuestros deseos: ¿es justo (y útil, y bueno para nosotros) que pidamos al planeta lo que le estamos pidiendo? ¿Es bueno que se externalicen los costos del desastre ecológico capitalista al Sur global?
Justamente, una de las intervenciones clave que Sócrates hace en el Gorgias de Platón, nos hace pensar en respuestas a las preguntas anteriores. El filósofo dice, cuestionando la apuesta sofística de hacer los deseos lo más grandes posibles, de no tener moderación en nada, de desear como tiranos, de vivir en pleonexia pura, que:
“Dicen los sabios, Calicles, que al cielo, a la tierra, a los dioses y a los hombres los gobiernan la convivencia, la amistad, el buen orden, la moderación y la justicia, y por esta razón, amigo, llaman a este conjunto ‘cosmos’ (orden) y no desorden y desenfreno. Me parece que tú no fijas la atención en estas cosas, aunque eres sabio. (…); piensas, por el contrario, que es preciso fomentar la ambición, porque descuidas la geometría”.
Nosotros, en cambio, deberíamos cuidar la geometría, pensar en la justicia también en relación con el mundo, con la naturaleza, con el cosmos. ¿Qué es justo pedirle? En fin. Debe haber una reorganización social al nivel del deseo, de la economía y de la política. Esto significa valorar cosas diferentes. Significa pensar el buen vivir de un modo que no se derive directamente del tamaño del PIB.
La tecnología y la ciencia como solución última son falsas porque no alteran la estructura del capitalismo; son paños de agua tibia. Estas no necesariamente pueden resolver todos nuestros problemas. Hay algunos que requieren de cambios radicales a nivel político, cultural y económico en nuestras sociedades. Como lo decía arriba, en algunos casos debemos usar el freno de emergencia. Llegar más rápido al abismo no es progresar. El cambio puede empezar por parar.
Muchos, empero, no ven el abismo al que nos acercamos. Aquí es preciso recurrir a otra idea de Platón. En la caverna platónica, los ciudadanos no ven la realidad directamente. Están encadenados y distraídos con sombras que pretenden ser la realidad. Quienes crean los horizontes de sentido (en tiempos griegos, los legisladores y poetas; en nuestros, los periodistas, las corporaciones, los políticos, las universidades, etc.) son quienes controlan las sombras. Hay que pensar en si las sombras actuales nos muestran el abismo o no, y en qué podemos hacer para cambiar la situación en caso de que la respuesta sea negativa.
En la siguiente entrevista le hice al prof. Saito, este explica la relevancia de Marx en nuestra época de crisis ecológica, como las posibilidades y problemas de una transformación comunista.
Tras la caída de la Unión Soviética, mucha gente dijo que Marx fracasó como pensador. Las sociedades que se crearon en su nombre derivaron en horrores totalitarios y economías ineficientes. El mensaje hoy es que el capitalismo es la única alternativa, como solía decir Margaret Thatcher. Sin embargo, su apuesta, prof. Saito, es que no sólo Marx es relevante hoy, sino esencial para entender y superar nuestra crisis ecológica.
Admito que la Unión Soviética fracasó y que el capitalismo domina el mundo entero. Sin embargo, a 30 años del colapso del experimento socialista, estamos siendo testigos de la concentración masiva de la riqueza en manos de unas pocas personas. Esto viene de la mano con la amenaza de un colapso ecológico y el surgimiento de un peligroso populismo de derecha. Y creo que lo anterior no es casualidad sino una manifestación de los problemas del capitalismo. Lo malo es que casi nadie está diciendo realmente, OK, tenemos que ir más allá del capitalismo. Necesitamos algún tipo de socialismo o post-capitalismo. Lo anterior se debe a que abandonamos a Karl Marx. Creo que realmente es hora de volver a discutir, no de volver a la Unión Soviética, sino que tenemos que discutir qué tipo de visión post-capitalista podemos realmente pensar para que no tengamos que sufrir la desigualdad, la crisis ecológica y demás. Y Marx es clave en esa discusión.
Para incluir a Marx en la discusión tendríamos que pensar cuál es su diagnóstico de la crisis ecológica global en el capitalismo ¿Qué dice Marx al respecto?
Sí, mi comprensión es bastante sencilla. El capitalismo es un modo de producción en el cual la lógica del capital es la principal fuerza organizadora de nuestra sociedad. La ganancia del capital es el objetivo principal de la producción en el capitalismo. ¿Cuál es el resultado de esto? Según Marx, tenemos una circulación cada vez mayor y más rápida del capital. También tenemos producción de más mercancías, comercio mundial, globalización. Todo esto no nos sorprende. El problema es que el capital socava las condiciones necesarias para una producción sostenible. Esto es, según Marx, irreparable. No podemos arreglarlo. No podemos arreglarlo utilizando nuevas tecnologías, ni gravando a los más ricos. No hay tal cosa como un capitalismo sostenible. Marx dijo que tenemos que transformar realmente de forma radical el sistema capitalista como tal para que podamos tener una relación más sostenible con la naturaleza. Y esta es una situación que estamos viviendo. No tenemos ninguna solución verde capitalista convincente. Al invertir en vehículos eléctricos, al invertir en energías renovables, también se están destruyendo muchas cosas: hay que hacer grandes extracciones de minerales, como por ejemplo en América Latina, por lo que creo que se trata de un problema muy grave que no creo que el capitalismo global pueda superar fundamentalmente. Y por eso abogo por un tipo de sistema muy diferente, que yo llamo el comunismo del crecimiento.
No es la primera vez que los seres humanos han tenido una relación antagónica con la naturaleza. Las civilizaciones antiguas también extinguieron flora y fauna, también llevaron al límite a varios ecosistemas. ¿Cuál es la diferencia con el capitalismo?
No es la primera vez que destruimos el medio ambiente. Eso es verdad. Mientras el ser humano quiera sobrevivir, tenemos que producir cierto tipo de energía y alimentos y tenemos que extraer riqueza de la naturaleza.
El punto de Marx es la escala de destrucción. Y esa escala es diferente por la lógica misma del capital. Cuando quieres obtener beneficios infinitos, crecer infinitamente, en vez de satisfacer unas necesidades concretas, no vas simplemente a talar un árbol para construir una casa, sino que vas a destruir el planeta entero.
Es un hecho evidente que el crecimiento económico infinito en este planeta finito es sencillamente imposible. Así que creo que realmente tenemos que pensar en una forma diferente de relacionarnos con la naturaleza, una forma diferente de satisfacer nuestro deseo. Pero el capitalismo realmente nos impide alcanzar ese tipo de objetivo.
OK, pero algunas personas piensan que ya hemos intentado una alternativa socialista al capitalismo. Y era aún más contaminante que el propio capital: la Unión Soviética.
Después de un cierto punto de desarrollo económico, todo se vuelve insostenible. Así que el punto al que Marx llega, especialmente al final de su vida, es básicamente que el desarrollo infinito de la tecnología, el desarrollo infinito de la economía, simplemente este tipo de modernización como el de la URSS, no es sostenible.
Hay que reconocer el límite de la naturaleza, lo que quiero decir es que tenemos que respetar realmente los límites planetarios y tenemos que reorganizar nuestra sociedad para que todo el mundo pueda vivir dentro de estos límites.
Tal vez en el socialismo del futuro se pueda poner más énfasis en las necesidades esenciales de las personas o el tiempo libre. Tal vez el socialismo pueda proporcionar una forma de vida más sostenible y plena. A eso me refiero con el comunismo del decrecimiento.
En América Latina, por ejemplo, algunos dicen desde la izquierda que la alternativa del decrecimiento no es para nosotros porque no hemos alcanzado el nivel de vida que nos permitiría vivir cómodamente sin más crecimiento. Somos todavía muy pobres. Decrecer significaría perdernos los avances cruciales que hemos hecho en las últimas dos o tres décadas.
Tengo que dejar claro que cuando hablo de decrecimiento o de comunismo de decrecimiento, lo que tengo en mente son principalmente países del norte global. Yo soy de Japón, así que obviamente Japón es un ejemplo. Pero Estados Unidos, que es el país más contaminante del mundo, también. Creo que estos países tienen que reconocer la responsabilidad de mitigar o descarbonizar rápidamente su propia sociedad en primer lugar para que podamos seguir protegiendo de alguna manera el medio ambiente y la sociedad de otras personas, etcétera, etcétera. Pero lo niegan. Y eso es muy problemático. Piensan que si invierten en esas tecnologías verdes (energías renovables, vehículos eléctricos), pueden continuar con el modo de vida actual. No es así.
Así que este argumento no se aplica directamente al Sur global, especialmente a los países pobres y especialmente a mucha gente pobre en Brasil o India o incluso en China. Todavía hay gente que necesita más electricidad, más acceso a la educación, atención médica, ya sabes, transporte público. Estas son las necesidades básicas de la gente. Así que para vivir decentemente, todo el mundo necesita acceso a ese tipo de cosas. En cierto sentido, el Sur global requiere más crecimiento económico, seguro, lo admito, pero eso no significa que todos esos países como, no sé, China, India, Brasil, Colombia también deban llegar a ser como Estados Unidos. Mi propuesta es que tenemos que inventar una nueva forma de vida.
Una de las cosas que hace que la gente crea en el capitalismo es el sacrificio. Por ejemplo, en Estados Unidos, los trabajadores consumen mucho. Eso es correcto. Más que en ningún otro sitio. Pero al mismo tiempo, se apegan a las cosas que consumen precisamente por todos los sacrificios que hacen para tenerlas. Y dicen: “mira todas las cosas que he hecho. Mira todo el trabajo que he hecho para tener lo que tengo”. Están orgullosos de haber hecho muchos sacrificios para conseguir sus casas gigantescas repletas de cosas. Y debido a esa inversión en el sacrificio, la gente podría estar menos inclinada a aceptar el decrecimiento “he hecho muchos sacrificios para vivir como vivo. ¿Y ahora me pides que renuncie a esto? No quiero renunciar porque he trabajado mucho para tener lo que tengo”.
Así que, en cierto modo, el sacrificio se interpone en el camino del crecimiento, del comunismo y de la solidaridad internacional. ¿Ve una salida a esta situación?
Pero hoy mismo están renunciando a sus propias vidas. ¿Por qué gastan tanto tiempo, dinero y su vida finita en, ya sabes, comprar más? Simplemente deberían renunciar a su sacrificio, más que a las cosas que han acumulado.
Realmente están perdiendo su propia vida. Creo que la perspectiva de decrecimiento puede ofrecer un tipo de vida muy diferente sin trabajar tantas horas. La gente puede realmente satisfacer sus deseos básicos y tener una vida mucho más significativa.
Además, creo que no estoy pidiendo algún tipo de transformación individual. Como marxista, estoy pidiendo una transformación social.
Los bienes comunes (la educación, la sanidad pública, los espacios comunes, etc.) nos proporcionarán mucha más seguridad y sensación de estabilidad que la acumulación de mercancías en la casa. Y así creo que los trabajadores pueden empezar a interiorizar un tipo muy diferente de valores, comportamientos, modos de pensar, que conducirán a una sociedad mucho más igualitaria y sostenible, que yo llamo, sí, el comunismo del decrecimiento.
Esa apuesta parece muy interesante. Pero, por supuesto, uno podría preguntarse cómo funcionaría. ¿Volveríamos a las economías planificadas del siglo XX? ¿Habría un estado global que coordinaría las diferentes sociedades?
Creo que es muy difícil porque el capitalismo es un sistema global y la crisis climática es también una crisis planetaria. Así que no se trata de que Japón pueda resolver esto o algo parecido. Como has dicho, tenemos que coordinar a la sociedad internacional y tenemos que colaborar entre nosotros.
Pero el problema es que hoy el capitalismo está dividiendo el mundo, especialmente el Norte y el Sur globales.
Una forma de superar esta división es básicamente que el Norte reconozca su responsabilidad en el cambio climático y su responsabilidad en una larga historia de colonialismo y demás. Así que creo que el Norte global tiene que cambiar.
Creo que mi propuesta de decrecimiento es una especie de proceso de descolonización de los valores occidentales para que haya más diálogo entre el Norte y el Sur. Y luego mi segunda afirmación es básicamente que es difícil, pero al mismo tiempo, esta es una oportunidad.
La supervivencia, en nuestra crisis ecológica, se convierte en una especie de condición universal. Y tal vez a partir de esto, no sólo en Japón, sino también en la India, tal vez en Colombia, en los EE.UU. y los países europeos, especialmente entre las generaciones más jóvenes, habrá una conciencia cada vez más anticapitalista iniciada por esta crisis del sistema ecológico.
Así que se trata de una especie de proceso global espontáneo de transformación que ha comenzado con Greta Thunberg, por ejemplo. Pero creo que es una especie de movimiento extendido por todo el mundo porque ahora todo el mundo está cambiando de conciencia. No es tal vez lo suficientemente rápido, pero creo que está cambiando claramente en comparación con hace cinco años.
Así que lo que espero es que este tipo de transformación nos lleve a un cierto punto en el que tengamos mucho más impacto en términos de cambio del sistema. Así que creo que habrá un punto en el que tendremos que hablar de que tal vez deberíamos restringir más esto y esto y esto, y entonces empezarán a construir una nueva sociedad. Ha sido duro, pero aún tengo esperanzas de que eso ocurra.