
La capital de Colombia que Plinio Apuleyo Mendoza evoca en este texto es la de los tranvías y “sus hombres correctamente vestidos de oscuro”.
Foto: Archivo El Espectador
La Bogotá de hoy nada tiene que ver con la de entonces, aquella donde transcurrió mi infancia. Con sus tranvías, sus hombres correctamente vestidos de oscuro y la austera fachada del hotel Granada a un costado del Parque Santander, con las fuentes de la Plaza de Bolívar y las viejas casas de balcón y aleros de la calle Real, el centro de Bogotá tenía una caricatural dignidad de ciudad de provincia europea. Las opuestas jerarquías sociales se expresaban en el paisaje urbano. El norte era clase alta, el centro clase media, el sur popular, todo...
Por Plinio Apuleyo Mendoza* / Especial para El Espectador
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