El Magazín Cultural

21 Mar 2018 - 2:09 a. m.

La Cali de los setentas se toma las tablas

El musical, dirigido por Juan Carlos Mazo, estará en temporada desde el 16 de marzo hasta el 28 de abril en la sala Arlequín de Casa E. Las funciones se realizarán los viernes y sábados a las 5:00 p.m y 8:00 p.m.

Ángela Martín Laiton

“Aguanilé” es dirigida por Juan Carlos Mazo y se estará presentando en la sala Arlequín de Casa Ensamble hasta el 28 de abril. / Cortesía Casa Ensamble
“Aguanilé” es dirigida por Juan Carlos Mazo y se estará presentando en la sala Arlequín de Casa Ensamble hasta el 28 de abril. / Cortesía Casa Ensamble

Cuando la música que se hacía en Nueva York y Cuba desembarcaba en Buenaventura, después de atravesar el Atlántico, empaquetada en discos que cargaban gigantescos buques. Cuando cruzaba la cordillera Occidental y terminaba expuesta en las tiendas caleñas de la calle 11, Cali se preparaba para apellidarse tiempo después la capital mundial de la salsa. En los barrios populares estallaban los agüelulos, fiestas salseras en las que se bebía agua o jugo, llenas de jóvenes azotando baldosa.

Corrían los años 70, se gestaban no sólo fiestas bravas salseras, también uno de los movimientos estudiantiles más importantes del país, que cuestionó profundamente el papel de la universidad en la sociedad colombiana: la influencia de las organizaciones norteamericanas en las políticas públicas de educación y el Plan Atcon para la educación superior. El movimiento, influenciado por el mayo del 68 y las revoluciones de la segunda mitad del siglo XX, tomó las instalaciones de la Universidad del Valle en 1971. Estudiantes de colegios y universidades se enfrentaron a la represión de la fuerza pública durante el 26 de febrero. El resultado de la acción violenta del Estado: 30 personas muertas, cientos de heridos y miles de detenidos.

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Se rompe el silencio y arranca el Sonido bestial de Richie Ray y Bobby Cruz. Una orquesta en vivo pone a sonar la canción; los bailarines llenan el escenario y los actores con pancartas ubican al público en esa Cali de principios de los 70. La que alborotó la salsa de 33 revoluciones por minuto a 45. La que recorrieron cámara en mano Carlos Mayolo y Luis Ospina. La misma que odió y amó Andrés Caicedo. Esa, la Cali de los 70, llega a Casa Ensamble con la obra Aguanilé. El trasfondo de todo es el movimiento estudiantil, el ajetreo de las calles por esos días y la salsa como testigo de la historia y la cultura caleñas.

El musical, influenciado por la algidez de estos años, no tiene en el centro de su inspiración a Andrés Caicedo, pero sí hay mucho de la Cali de su tiempo y de lo que observó en la cultura caleña. La orquesta en vivo, con arreglos de Felipe Guzmán, va acompañando a los personajes con lo mejor de la salsa setentera.

Una Cali convulsionada de fondo y una historia de amor y lucha como acto principal. Un joven compositor, interpretado por Karoll Márquez, llega a Cali a buscar oportunidades en la música; allí conoce a una joven estudiante, interpretada por Natalia Bedoya, que lo vincula con el movimiento estudiantil de “la tropa brava”.

Aguanilé es dirigida por Juan Carlos Mazo y deja en las tablas todo el contexto de la Cali setentera a través de la música en vivo y 25 artistas en escena, entre ellos los campeones mundiales de la salsa, para acompañar la historia de Daniel y Lupe en una pensión de barrio. La obra rememora lo mejor y peor de esos años: la tensión con los Juegos Panamericanos en Cali, los estudiantes en las calles, el cine del Caliwood y la salsa brava de la época.

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