En Barcelona la belleza se vuelve paisaje, y a veces no se ve. Se debe abrir los ojos, mirar hacia los lados, hacia arriba. Caminando por una de sus vías principales, justo en una esquina construida sobre un terreno en forma de triángulo que corta tres calles, Rosselló, Bruc y la avenida Diagonal, puede distinguirse uno de los edificios modernistas más hermosos de la ciudad: la Casa de les Punxes. En realidad, son tres casas unidas de la que salen seis pinchos, o picos con agujas, como un castillo gótico parecido al de la bella durmiente. Aunque en este caso, el de tres hermanas sin descendencia que fue declarado Monumento Histórico Nacional en 1975.
Este edificio fue construido entre 1903 y 1905, y duró más de cien años cerrado al público, pero puede visitarse desde 2016. También es llamado casa Terradas, por el apellido de la familia para quien fue construida. En ese tiempo, al morir el padre, los bienes eran entregados al hereu (heredero), el hijo mayor y varón. Si se daba la casualidad de que no existiera ningún hijo hombre, sino sólo mujeres, la herencia pasaba a manos de la pubilla (hija mayor y heredera). En el caso de la familia Terradas existía un hereu que recibió todo al morir el padre, Bartomeu Terradas i Mont, un empresario textil y agrícola del siglo XIX. Aunque una parte fue reservada para la construcción de una vivienda, encargada al arquitecto Josep Puig i Cadafalch, para la madre y hermanas.
Lo primero que se intenta hacer al visitar un lugar es entrar, pero en este caso se debe hacer todo lo contrario. Es necesario salir, cruzar la calle y ubicarse en la esquina de la avenida Diagonal. Desde allí puede distinguirse la casa de Ángela, la de Josefa y la de Rosa, las hijas, cada una con entrada independiente, de estilos diferentes. El arquitecto se inspiró en el castillo de Neuschwanstein en Baviera, Alemania (lo mismo hizo Walt Disney en sus creaciones). La nueva casa representaba el poder de la burguesía catalana del siglo XIX.
En la parte superior de la construcción, cubierta de ladrillo rojo y áreas en piedra, además de ornamentos de hierro, decoraciones florales y vidrieras, se pueden distinguir plafones decorativos o mosaicos. En la fachada principal, un ángel anuncia que “Esta obra fue terminada en MCMV”, junto a las iniciales de la dueña, ATB: Ángela Terradas Brutau. Al seguir rodeando la casa se ve un reloj de sol con elementos del zodiaco representativos de las cuatro estaciones del año (Libra, Aries, Cáncer y Capricornio) y la inscripción “Numquam te crastina fallet hora” (“Nunca serás fallido por la hora incierta del día siguiente”) en la entrada de Josefa Terradas. Y en la fachada designada a Rosa, una imagen de un jarrón lleno de flores con sus iniciales. Cuando las tres hermanas murieron, y al no haber descendencia, el edificio pasó a manos del hermano varón, Bartomeu Terradas, uno de los fundadores y segundo presidente del Fútbol Club Barcelona.
También puede verse en la fachada un mosaico de san Jorge matando al dragón que dice: “Sant patró de Catalunya torneu-nos la llibertat” (“Santo patrón de Cataluña, devuélvenos la libertad”), y quien es uno de los ejes principales de la visita dentro de la casa. Los otros dos temas en los que se enfoca el recorrido son la historia del edificio y la importancia de Puig i Cadafalch en la arquitectura catalana, también conocido, entre otras obras, por la casa Amatller, la casa Macaya y el restaurante Els Quatre Gats, este último, lugar de encuentro de pintores como Ramón Casas, Santiago Rusiñol y Pablo Picasso, y músicos como Isaac Albéniz y Enric Granados.
Finalmente, en la inmensa terraza se tiene vista a gran parte de la ciudad y se permite la entrada a las torres, cubiertas por baldosas marrones y verdes como escamas, en donde se complementa la historia de la casa con videos y fotografías.
A simple vista parece que Barcelona hubiera sido tomada por Antoni Gaudí. Sus edificios famosos, su parque, la Sagrada Familia y hasta el diseño de muchas de las baldosas que pisamos son suyas. Pero lugares como la Casa de les Punxes también merecen ser visitados, tanto por alguien que venga por poco tiempo, como por los residentes, quienes a veces aplazamos el seguir conociendo la ciudad sólo por el hecho de vivir en ella.