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La ciudad del Rock

Bogotá se convierte una vez más en el lugar donde los beats y las voces roncas se dan  cita.  El Espectador se adentró en los sonidos de la  banda inglesa Carcass, una de las más insignias del metal actual y desentrañó las luchas políticas de la agrupación mexicana Pelotón Roccó.

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Santiago La Rotta
30 de octubre de 2008 - 09:22 p. m.
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Un cadáver muy vivo

Carcass

En 1996 cantaron “El rol del mundo occidental está declinando. Libre aún para consumir, para respirar, libre para existir, para soñar tu vida de sueños”. Entonces, Carcass acababa de publicar Swansong, un disco en el que había un ritmo diferente, más melódico tal vez, y del que saldrían varias de sus canciones que aún hoy son épicas. Un año después, debido a problemas entre los miembros y líos con la disquera, la banda se separó. Doce años luego, cuando para algunos son un mito, una de aquellas leyendas sobre las que edifica un culto, llegan a Rock al Parque.

Avisos varios: “El muy esperado concierto en Colombia por fin está cerca. No puedo creer que estaré moviendo mi cabeza con algo tan extremo”. “La primera vez en Colombia: increíble. Nos vemos el sábado”. “Su música es brutal. Nos vemos el sábado en Rock al Parque”. “Los estamos esperando en Rock al Parque. Ojalá nos den su mejor espectáculo”. El MySpace de la banda está lleno de mensajes de bienvenida de seguidores, casi creyentes, que, como lo dijo alguno, se sienten bendecidos de poder ver a cuatro músicos que hicieron época dentro de la escena metalera.

Cuando el sábado el reloj marque las 9:00 p.m., Jeff Walker, bajista y vocalista, se subirá al escenario y cantará, ojalá: “Haz lo que te dicen. Permanece en la fila y compra lo que te venden”. Un público expectante, probablemente mojado, lleno de ira, estará dispuesto a responder “Vete al infierno”, cuando Walker y compañía lo pidan.

Los integrantes: Michael Amott, guitarrista. Bill Steer, guitarrista. Daniel Erlandsson, baterista, compañero en la banda Arch Enemy de Amott, y quien está a cargo de las labores de percusión esta vez.


El método: riffs de guitarra a toda velocidad y la voz de Walker, que canta acerca del malestar del mundo, del infierno que son los otros, como lo dijo Sartre, entre otras cosas. El resultado: una leyenda con 12 años de receso que ha salido por el mundo a llenar de metal a seguidores de antaño y a recién iniciados.

En las letras de Carcass, detrás de los solos de Amott y Steer, del gruñido inconfundible de la voz de Walker, hay más que el odio y la agresión, mucho más que el cliché de una banda de metal, un discurso, un cierto fastidio derivado de una conciencia clara de lo que está mal en un mundo donde las guerras y la muerte son espectáculo de televisión, donde la evolución de Darwin de repente se convirtió en una teoría desechable. “Síguele rezando a tus dioses. Tu única salvación vendrá en forma de bomba”, reza la canción Habitación 101, titulada en honor al cuarto donde todos los opositores del régimen dejaban de serlo en 1984, el clásico libro de George Orwell. Sí, el metalero también sabe leer.

Después de Bogotá, sólo si el granizo lo permite, Carcass seguirá en su periplo por el continente rumbo a Caracas. Luego irán a Argentina y Brasil, antes de volver a Europa para cumplir con la cita en los premios daneses de metal y el festival Damnation, en Inglaterra.

Después de un receso que todos creyeron eterno, la banda inglesa volvió para gusto de fanáticos fundamentalistas, para que muchos puedan tachar su nombre de una lista de cosas para hacer antes de morir. Cuando esté muriendo la noche del sábado quienes estén en el Parque Simón Bolívar, con puño en el aire gritarán, una vez más, con todo el aire que cabe en los pulmones: “Vete directo al infierno”.

Por Santiago La Rotta

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