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Lo que se gesta en una lección, la dinámica de esas ocho horas diarias escolares entre profesores y alumnos, los recreos, los conflictos, las diferencias sociales y raciales son la materia de la que está hecha La clase.
Resulta curioso que François Bégaudeau, autor de la novela testimonio en la que está basada la película, sea también el protagonista. Allí, Bégaudeau interpreta su propio papel rodeado de actores naturales y espacios reales para mostrarnos la educación de Francia en medio del intento de transformar a los jóvenes en ciudadanos a través del diálogo.
Dirigida por Laurent Cantet, esta cinta ha recibido excelentes críticas. El Espectador lo entrevistó desde París.
¿Cómo surgió el proyecto?
Me interesaba mirar ese momento en la vida de los adolescentes en que se comienza a comprender qué rol se juega en el mundo. Tenía ganas de observar la escuela tratando de verla desde un ángulo donde se evitara el discurso ideológico de la educación. En Francia y en otros lugares del mundo se piensa que el colegio es ese lugar donde se viene a aprender francés, gramática, matemáticas, y hay otras personas que piensan que allí se adquieren nociones de democracia, se aprende a pensar críticamente. Yo quería evitar ese debate ideológico y justamente mostrar las cosas como son. Así que me encontré con François Bégaudeau, leí su libro y comprendí que él, que había sido profesor durante 10 años, me podía aportar toda la documentación que yo buscaba para la película. Él sabía perfectamente lo que pasa en una clase, cómo es la relación de un profesor con sus alumnos, y su libro me encantó. No le propuse adaptar su libro, sino extraer ciertos pasajes y hechos y basarse en la materia de su historia.
En su opinión, ¿cuál es la mayor carencia del sistema educativo?
Es difícil hablar en general, porque cada profesor, cada personalidad, aporta una experiencia diferente. Yo pienso que el colegio se debe pensar de una manera incluyente dentro de la sociedad y no como muchos profesores quieren o tienden a hacerlo, como un lugar protegido del exterior. Pienso que un profesor que no tenga en cuenta las dificultades sociales es un profesor que sólo hablará de gramática y no se comunicará con sus alumnos… y es el caso de muchos.
Hay muchas películas actuales que se debaten entre la ficción y el documental. ¿Es su caso?
Desde el inicio he hecho filmes que están muy conectados con la realidad de la sociedad. Es cierto que mis películas tienen un carácter a la vez de ficción y de documental. Me encanta la emoción que se puede transmitir gracias a las historias de ficción, pero siempre en un contexto preciso y que se acerque mucho a la realidad. También es cierto que es un fenómeno que se ha vuelto más común en el cine. Pienso que nuestra sociedad se vuelve más complicada y que las personas tienen más preguntas acerca del mundo. El cine participa en ese cuestionamiento.
¿Cómo fue su experiencia en el colegio?
Tuve una escolaridad más bien feliz. Soy hijo de profesores y eso me dio mucha proximidad en el tema, siempre estuve cerca de los temas pedagógicos. Ahora tengo hijos que van al liceo y mi interés en el tema es un hecho. Para mí, los profesores eran los amigos de mis padres. Esta figura del maestro tan abstracta para muchos alumnos, fue, al contrario, muy cercana para mí.
¿Cómo fue el trabajo con actores naturales y además adolescentes?
Muy agradable y muy fácil. Comenzamos a conocernos antes del rodaje, hicimos talleres y muy rápidamente ellos comprendieron de qué se trataba la película, se concentraron y se entregaron mucho. Nos divertimos, el ambiente era relajado. Seguramente quedará un recuerdo muy especial del rodaje para todos.