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La dignidad de la literatura para manifestarse en tiempos de crisis

Hugo Hurtado Valencia, escritor y poeta, habla de un poema que escribió motivado por el miedo y la incertidumbre que generó la masacre del Naya, en Cauca. Han pasado 18 años desde entonces.

* Redacción Cultura

26 de noviembre de 2019 - 05:34 p. m.
Archivo El Espectador
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Hugo Hurtado Valencia lleva más de quince años haciendo trabajos académicos y literarios en zonas de conflicto. La vena creativa, tan necesaria como esquiva, que se necesita para hacer poesía, a veces lo rebasa. "A veces uno sueña que ha matado personas en otros mundos", dice. 

Hace 18 años, cuando más de 300 paramilitares del Bloque Calima llegaron al Naya a matar indígenas, campesinos y afros, Valencia sufrió una terrible depresión que se convirtió en una necesidad. 

"La necesidad de expresar los dolores de las personas de otra manera. Un compromiso ético y político que tiene cualquier escritor. Pero lo cierto es que muchas veces, en sociedades como esta, la realidad que se vive nos sobre pasa".

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Entonces empezó a escribir. Pero luego vino un secuestro, luego una toma guerrillera, luego otra masacre y después una bomba. Con ello, de nuevo, llegó la depresión y con ella, de nuevo, la necesidad de "asumir una denuncia social". Esa denuncia social hoy es un libro de poesías. "Toda historia alguna vez fue piel", se llama 

"Qusie asumir una perspectiva de denuncia social. Escribir de una manera poética lo que ha pasado en el norte del Cauca. La masacre del Naya, en 2001, es uno de esos hechos".

Para eso literatura. "Porque tiene una fuerza expresiva única. Con la capacidad de decir las cosas en palabras distintas sin quitarle la fuerza de la argumentación. Y abre espacios a lectores de distintos niveles. Supera la anécdota. La literatura permanece y con esto hay capacidad para hacer una denuncia que trasciende". 

¿Cómo se hace?

"Estos ejercicios se logran cuando se tiene una sensibilidad por la escritura y por el conocimiento de los problemas. Ese juego del lenguaje se traslada y se observa a distintas formas del arte, entre ellas la literatura. El escritor tiene necesidad de esa conciencia y ese conocimiento de lo que quiere comunicar. Es un ejercicio de analista social, pero matizado con la literatura".

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¿Cómo es ser escritor en este contexto?

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"Es muy difícil ser escritor en este ambiente de violencia. La mayoría de los escritores se sienten censurados. No se puede escribir cualquier cosa. Me he ganado muchos enemigos por las ideas que expresado en artículos de prensa locales. Vivimos en un contexto de mucha violencia y es difícil que resistan la crítica. A la falta de argumentos les queda la amenaza. No hay políticas institucionales que garanticen el ejercicio".

Crónicas de guerra, un poema sobre la masacre del Naya

La muerte ha bailado con mi cuerpo un vals y ahora
estoy descuartizado, desprendido de mí y de mí tronco,
con las extremidades aún vivas, haciendo el relato de mi
muerte, entre el rojo, la tarde y el viento de las seis.

En la perturbación de mis ojos ese algo indescriptible,
ese grito inexpresado retenido en el tiempo. El dolor, el
horror silenciado como un fantasma.

En el Guernica el reflejo y la inspiración, en la tumba la
negación de mi venganza, el dolor, el vientre escapando
entre mi propia voz.

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Tirado aquí y allá entre mis mejores frutos. Hay un
bosque y una carretera sola entristecida. Quien mata
atrae el silencio tenebroso, quien corta la sonrisa aflige al
viento; al viento, que me lleva entre sus brazos como un
recuerdo.

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Desesperada la tarde exhala el llanto. Bajo su relámpago
de nuevo se consume la carne, el grito de la madre que
ya no puede oir porque está muerta.

¡El comercio, el comercio debe silenciarse! Así pensaba el
asesino al cruzar el bosque. Bajo el látigo de su fusil toda
la ira, los alucinógenos dispersando su mente.

Vestía la alegría los frutos de la tierra, sentada así es-
taba sobre el corredor de la tarde y hasta allí llegaron y la mutilaron y arrojáronla al río, a la turbulencia de sus
aguas vacilantes.

No sé ahora dónde está mi piel. Torturada sobre el
patio la dejé y corrí a refugiarme en otra parte, sin mis
manos, mi cuerpo, mi sonrisa.

Atestigua la piedra la brutalidad del hombre y va y se
abriga entre el musgo y se cobija, y cierra sus ojos como
para no ver y así se mantiene hasta infinito.

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Espera en la cama el amor que ya no llega. Desnudo
espera y se refracta. El pergamino escribe la memoria,
pierde la nostalgia su última partida y va y se tira desde
el cerro y se suicida. Sobre sus restos ya tranquilos se
sigue transcurriendo la tarde.

Por * Redacción Cultura

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