Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

La esperanza de irse

‘Algún día nos iremos’, escrita por Piedad Bonnett y dirigida por Christian Ballesteros, presenta hoy su última función en el Teatro Libre del Centro.

Andrés Páramo Izquierdo

02 de noviembre de 2012 - 09:00 p. m.
‘Algún día nos iremos’ es la puesta en escena de la interiorización familiar de la violencia colombiana. / Cortesía: Teatro Libre
PUBLICIDAD

Los acentos de los personajes no son marcados. No podría atribuírseles una procedencia demasiado particular, salvo alguna zona perdida en la inmensidad de un mapa. La violencia es ambigua, innominada, sin un actor armado al que uno pueda identificar para echarle la culpa. Viene de afuera, eso sí, de los noticieros, de los periódicos, de las voces de la radio, de cualquier parte.

Y así es como entra a la casa. Haciéndose, acaso, muchísimo más fuerte al interior de esos cuatro muros y materializándose de otras formas: machismo, maltrato, sueños frustrados, muerte, locura. Para los cinco hermanos que allí habitan sólo queda la ilusión. Irse. No quedarse atados al mástil del destino. Moverse pese a las cadenas que los contienen. Algún día nos iremos. Sí, algún día nebuloso en el horizonte todos se irán. Porque la violencia es asfixiante, insoportable, venida de cualquier lado —y no importa mucho cuál—, porque se cansaron, porque en irse reside la razón de seguir existiendo. El arma que mata aquí hoy es la misma que mata allá mañana. O es el insulto o es el abuso o es la desigualdad.

Piedad Bonnett se sentó a escribir la primera versión de esta obra hace 15 años. Su inspiración surgió de un ejercicio teatral singular: mirar a un grupo de actores escenificando aspectos íntimos de sus vidas. La experiencia individual era atravesada por el teatro y se despersonalizaba muy pronto, convirtiéndose en acción. La acción, identificable ya por un espectador cualquiera, estaba muy alejada de ellos mismos, de sus vidas, de sus conflictos personales. Era, sobre todo, un acto general. Una incitación. “Violencia”. “Sexualidad”. “Ataque”. Las palabras iban condensándose en la mente de la escritora, reorganizándose en escenas y adquiriendo prontamente la forma de una historia.

La obra se separó de su autora —como debe ser— para irse a las tablas, a su destino en el escenario, a aquello en lo que los actores la hicieran mutar. Muchos años después, Piedad Bonnett vio el resultado y se dio cuenta de que la dramaturgia merecía un cambio. Una escena distinta, un tiempo mucho más reciente, un texto más poético y menos atado a lo que un grupo de actores le marcaran. Algún día nos iremos, el producto final, es la historia de una familia “atrapada por la pura circunstancia de su propia vida”, como ella misma se lo expresó a este diario. Cualquier familia de cualquier pueblo colombiano víctima de la violencia.

Read more!

Eva es la menor y espera ser médica cuando grande. Los sueños de un futuro más tolerable están presentes en su mente de una forma reiterada. Pero la realidad le gana, la vence, le enseña cómo son las cosas. Y las cosas son duras: perder finalmente a sus hermanos hombres y soportar la locura desquiciada de la mayor de la casa. Estar confinada a la esperanza de partir un día lejano. Evita es la esperanza, también, porque algún día se irá.

Andrea García, la actriz del Teatro Libre que interpreta a esta niña que cabalga entre los 13 y los 17 años, dice que el proceso de hacer una obra como esta requiere un estudio profundo de algunos apartes de la violencia colombiana, para después saber reflejarlos a través de problemas que podrían considerarse cotidianos. “Leí artículos, procesos de justicia y reparación, testimonios de los campesinos sobre distintos atentados, documentos en los que se narraba el encuentro de víctimas con victimarios”.

Read more!

La etapa dos consistiría en salir al campo mientras se leía la obra con el cuidado del caso. Finalmente, venía el giro por medio de la acción: escenas presentadas una y otra vez hasta lograr el objetivo primordial: que la obra no fuera panfletaria sino una mirada abierta a la violencia.

Esto se conseguía, a juicio del director Christian Ballesteros, por medio de una credibilidad que resaltara la exquisita poesía inmersa en la obra. Las exigencias —los ejercicios de ensayo, los entrenamientos—, entonces, se hicieron en torno a buscar una conexión entre los cinco actores hoy parados en las tablas. Una hermandad que se viera indisoluble a pesar de las condiciones. Oírse, verse, compenetrarse. Generar, finalmente, una empatía. Tocar fibras, como diría el mismo Ballesteros.

La violencia vista desde otra perspectiva. La del arte. La oportunidad de entender lo que pasa ya no en los cuerpos, ni en los noticieros, ni tampoco en los informes, sino en la vida íntima, en el espejo de la seguridad de una familia. En la cotidianidad de las cuatro seguras paredes de casa.

 

No ad for you

Teatro Libre del Centro, calle 12B Nº 2-44. Informes y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.

Por Andrés Páramo Izquierdo

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.