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La Esquina Delirante XXXI

Este espacio es una dentellada a la monotonía mediante el ejercicio impulsivo y descarado de la palabra escrita. En tiempos fugaces, como los nuestros, en los que la inmediatez y la incertidumbre parecen haberse apoderado de nuestra cotidianidad, el microrrelato se yergue como eficaz píldora psicoterapéutica. Guerra de guerrillas narrativa si se quiere.

Autores varios

01 de junio de 2020 - 02:43 p. m.
Ilustración: Andrés Felipe Correa @psyc_draw.a.c.
Foto: @psyc_draw.a.c.
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La boca, ligeramente entreabierta, del color de una vulva. La boca, que se transforma según el día, según el atuendo, según el clima y vaya uno a saber qué cosas: violeta-punk, cereza-diva, vino-gótica, naranja- psicodélica, o con una capa brillante y pegajosa, como si chupara un bon bon bum de cereza: labios deliciosos, peligrosos, como de una Lolita inquietante a la que no debo mirar. Boca promisoria. Boca camaleónica que cambia de gesto como cambia de color, que me tira un beso cuando se ha alejado dos pasos porque sabe que la estoy mirando, que bebe café negro a sorbitos frente al laptop, que palidece y se resquebraja con el frío, que se abre enorme para devorar una hamburguesa, que se sonríe de lado cuando piensa con malicia o estalla en carcajadas. Boca que jadea, que me lame y me muerde, y que me deja aún más solo. Que se aprieta cuando está furiosa. Que se tuerce despectiva. Que profiere palabras duras. Egoístas. Crueles. Palabras que me hieren, pero que no me hacen amarla menos. Entonces, aquí sigo. Loco de deseo, doblegado ante esa boca, aunque deteste con el alma a la mujer que le da vida.

Beatriz Dávila Reyes

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Día número 6 del confinamiento

Uttu me pide un vaso con agua. Está asomada a la ventana, en realidad lleva mucho tiempo ahí, incluso mucho antes de iniciar todo esto. Sólo hasta ayer me dijo su nombre. Le molesta que fume cerca de ella y la poca luz. Antes de darle el agua, dice que limpie sus hojas y moje un poco su arena. Me agradece. Luego abro la ventana y Uttu empieza a hablar de la libertad y de la lluvia que cae. Seguido me presenta a uno de sus parásitos, se llama Hopo. La conversación se extiende hasta la noche.

David Cabarcas Salas

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Las casas de pieles

Hay casas hechas de pieles, y estas no siempre bajo techos y paredes. Cada casa ha estado confrontada entre temores, que nos gritan desde afuera y nos susurra nuestro adentro, que no provoca más que ganas de caerse y certezas de levantarse. No es una historia de terror, tal vez, son realidades, -de ayer, de hoy, de todos los días- nos dijo la veci, con sus buenos sabores y pesares. Son las calmas y tempestades nuestras de y de al lado, son también las de cada rinconcito de esta gran casa de país, donde en cada piso las casas de pieles habitan solas o entre ellas, abrazan, lloran, se angustian, esconden, unas se alimentan hasta reventar mientras otras deben racionar, y algunas quizás viven. Somos seres entre felicidades y tristezas, somos seres felistres bajo un saco de pieles de historias, que esperamos pase la cuarentena, aún después de esta pandemia.

Paula Buitrago Leguizamón

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Distracción

"Libere hoy esta información a la opinión pública", autorizó el general al portavoz del Pentágono. "Si preguntan, no añadiremos nada". Su equipo había elegido tres videos secundarios del archivo con 12.532 piezas de calidad, desde videos y audios hasta transcripciones de mensajes, almacenadas en el Departamento de Defensa durante décadas. Otros documentos aún más complejos seguirían bajo máximo secreto. "El senador Harry Reid dirá que ganó al menos una pequeña batalla. Por algo invirtió en esto 22 millones de dólares. Pobre hombre", dijo el general, y se desvaneció. El portavoz dio la orden a su equipo y los videos circularon. Una hora después, el general lo llamó internamente. "General, esto es un revuelo", admitió el portavoz. "Sí, lo suponía".

"¿Han dicho algo ellos?", preguntó el portavoz. El general respondió en voz baja: "No aún. Pero están apareciendo por todos lados. Miles reportan avistamientos cada hora. Hay que distraerlos a todos", respondió. El portavoz masticó la palabra. En ese momento él mismo se distraía con decenas de videos clasificados de avistamientos, al punto de olvidar que su padre luchaba en el hospital contra el virus del nuevo siglo.

Enrique Patiño

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804

8:45 AM. La señora del 804, todavía en pijama, sacude un tapete contra la reja del balcón, sin importarle que su inmundicia penetre en los hogares ajenos.

10:15 AM. La señora del 804 barre el piso del balcón, silbando entre dientes (sigue en pijama). Más porquería que el viento reparte por el edificio.

12:30 PM. La señora del 804 fuma y bebe lo que parece una mimosa en una copa alargada, cuyo cristal centellea desafiante. Ahora va de jeans y camisa de florecitas, de manga corta.

2:15 PM. La señora del 804 discute acaloradamente con alguien en su celular, mientras sostiene en la mano la misma copa.

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5 PM. Todo parece indicar que la señora del 804 duerme la siesta o la mona.

8:15 PM. De la ventana de la cocina de la señora del 804 brota un agradable aroma a albahaca, parece que cena de nuevo pasta al pesto. De fondo se oye una lánguida melodía, que me recuerda a Dvorak o Smetana.

10:30 PM. La señora del 804 duerme, acaba de apagar la luz de su cuarto. ¿Roncará?

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Día tras día, semana tras semana, invariable es la rutina de la señora del 804. Aunque, pensándolo bien, dadas las actuales circunstancias, de confinamiento y auto-reclusión, quizá sea yo ahora también la señora del 804 y ella yo. ¿Quién observa a quién? ¿Quién vive ahora la vida de quién?

Jimmy Arias

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Al que madruga…

Ya no usaba alarmas. Despertó lentamente y abrió la persiana; el sol encandelillaba. Su celular anunciaba mediodía; ¿lunes?, ¿viernes?, daba igual. Puso algo en Netflix mientras chateaba con Stephanie, su vecina. Crujió su estómago; ¿ir a la cocina?… mucho tiempo, además, ¿otra vez salmón?, había leído que repetir proteína es malo. Pidió domicilio; lo subió el vigilante. Por precaución deslizó 30.000 por debajo de la puerta; le dijo a Álvarez que se quedara con el cambio. Se sintió generoso. Tomó la hamburguesa de la puerta, con guantes. Estaba deliciosa; por ¿28.000?, nada mal. Aburrido decidió salir a correr; ahora estaba permitido. Se calzó y llamó a su vecina: a ver si después subía para tomar una ducha…

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…quitó la tranca, sacó el candado y abrió la puerta de lata húmeda por la lluvia; el sol aún no salía. Caminó la improvisada callejuela llena de barro. Se encontró a Estefanía y se acompañaron a coger el bus; salían llenos. Se despidieron de beso. El recorrido duró horas, de pie y colgado de los tubos con las mangas de la chaqueta, por precaución. Crujía su estómago. Álvarez llegó temprano a recibir turno; nunca había necesitado alarmas.

Fabián Bustos Rojas

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Bohemia

No advirtieron mi llegada. Me senté en una banca del parque a terminar de consumir la botella. Ellos entonaban canciones acompañadas de instrumentos musicales. Deduje que eran estudiantes del conservatorio musical. Todos vestían de forma similar y parecían estar maquillados. Con las primeras canciones me reanimé y bebí largos tragos. Me observaron a la distancia, pero continuaron con su algarabía. La madrugada se tornaba fría y nublada; un fuerte mareo se apoderó de mí ser, entre el sueño y la pesadez me pareció que los músicos adquirían formas y tamaños distintos a lo humano. Pensé en los efectos del licor, de seguro estaría adulterado. Luego vi cómo ellos se transformaban en siluetas de hierro que se removían. Sentí escalofrío. Detrás de mí pasó el guitarrista quien se plantó en la esquina del parque. Al costado extremo cruzó un joven con su tambora. En la parte alta se encontraba el trompetista y el bongosero. Una flautista se posó sobre la grama. La última integrante de aquel grupo se instaló frente a mi banca. Recuerdo haber escuchado de su violín una melodía triste y chatarruda, la miré y de sus ojos brotaron llamas. Hui del lugar. Jamás volví al parque de la música.

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Humberto Javier Monroy Valencia

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Bienvenidos todos los microrrelatos de cuarentena a laesquinadelirante@gmail.com, máximo 200 palabras. Síganos en Instagram #laesquinadelirante.

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