“La Prohibida (Cádiz, 1971) es una humilde y sencilla chica de provincia que llega a Madrid en 1996 desde su pueblo (Chiclana de la Frontera). Desde entonces su vida se ha debatido entre cabarés, salas de fiesta y discotecas de Madrid y del resto de las provincias de España, las cuales recorre ávida de nuevas sensaciones y casi siempre en autocar de línea. Su verdadero nombre, según consta en el carné de identidad, es Amapola López. En la actualidad se encuentra en algún país de América del Sur haciendo no sabemos muy bien qué”. De esta manera se describe a sí misma en su fotolog, una especie de diario a través de las fotos que alimenta desde 2004 (http://www.fotolog.com/laprohibida).
“¿Qué es ser mujer y ser hombre? Para mí la diferencia está en que ellas tienen la regla y pueden criar hijos. En lo demás pueden ser totalmente iguales. Al final, la esencia de lo femenino no está en el pelo largo, sino en algo más profundo, que no se ve”, dice La Prohiba, una de las transformistas españolas de más reconocimiento internacional. Un personaje que nació hace 12 años cuando Luis Herrero Cortés entendió que su vida tendría que transcurrir sobre un escenario.
En esta década Amapola López pasó de ser una Drag de cabaré, que como la mayoría de transformistas de esta generación hacía Playback (es decir, que doblan interpretando a artistas famosos), a convertirse en un personaje que con su música salió del circuito y entró en una esfera más comercial y popular. Ahora, sus discos con un sabor de electropop la tienen como una de las figuras del género, no sólo en España, sino en Europa y algunos países de América Latina como Argentina.
“Poco a poco el repertorio de doblaje me fue quedando corto. Así que me abrí a otro público, pues a muchos no les gustó que dejara de doblar”. Cuenta muy satisfecha de trabajos como Flash (2005), y Amor eléctrico, que la catapultaron a la escena internacional, sacándola de los bares de Madrid.
El tiempo de arreglarse no es tanto como se pensaría. En no más de 40 minutos, Luis ha sacado a ese personaje que guarda en las maletas: la peluca, el maquillaje, las uñas y los vestidos diseñados exclusivamente para ella, y los zapatos, que ojalá fueran de Dior —lástima que no se consiguen grandes tallas— y que compra por internet.
Si bien su personaje se inspira en artistas como Catherine Deneuve o Sofía Loren, no pretende ser ninguna de ellas. Amapola López hace homenaje a la feminidad y busca esa estética que en otros tiempos también entraba en la esfera de lo masculino como las pelucas, los tacones y los accesorios glamourosos, pero que en este siglo se volvieron sólo para mujeres. Al final, ser hombre o mujer no importa. Ella es ambos y ninguno de los dos le pesan, pues su personaje lo mete en una maleta y es capaz de sacarlo rápidamente cuando el público la espera en el escenario.