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A causa del desierto en el que terminaron convirtiéndose las salas de teatro, muchos creadores emprendieron atrevidos caminos para resistir las dificultades de la nueva realidad, la decisión de hacer públicos sus relatos se volvió una clara opción para continuar especulando sobre la vida y comunicarla a través de una publicación impresa. “Atrevida” puede ser una palabra fuerte e incluso negativa, pero el arriesgado camino de producir un libro, con todas las vicisitudes que implica el camino editorial, hacerse cargo a mano propia, de construir testimonio, de diversificarlo y compartirlo, es una tarea que merece el reconocimiento de todos.
El teatro no ha parado, el gremio se ha mantenido, aprendiendo a adaptarse al tiempo y las circunstancias; tal es el caso del director, actor y dramaturgo colombiano Fabio Rubiano, que iniciando la cuarentena lanzó su libro Teatro En Contra, una compilación de once obras del repertorio de su compañía, El Teatro Petra. Un material dentro de las que se destacan Labio de Liebre, Yo no estoy loca y Sara Dice y que brinda la posibilidad de acceder a parte de uno de los legados que es un referente plenamente constituido en la actualidad. El libro, cuya limpieza editorial es acompañado por fotografías de las obras producidas por el grupo, da cuenta de una labor histórica que ha fortalecido la imagen del teatro colombiano en el mundo y que ha contribuido al interés de otras latitudes por el riguroso trabajo de los artistas escénicos de nuestro país.
Por otro lado, el Circuito de la joven dirección y dramaturgia lanzó la Antología de Teatro Breve Colombiano; una maratónica labor que implicaba la asociación de un gremio de escritores para el quehacer dramático, en un total de seis libros de edición limitada dentro de los que se recoge el trabajo de más de veinte autores con obras de extensión corta, autores jóvenes como Juan Bilis, Claudia Arcila e Iván Gómez Gaitán se mezclan con reconocidos autores de teatro como Verónica Ochoa, Jorge Hugo Marín y Carlos Enrique Lozano.
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Siendo la labor editorial un mercado de no muy provechosos reconocimientos económicos, tomar la decisión de seguir produciendo libros es entregarse a una empresa romántica pero de resistencia, es así como Daniel Medina, un dramaturgo con apenas 21 años, recién egresado de la casa del Teatro Nacional, presenta su libro: Putas, monstruos y otros seres inofensivos, una colección de cuentos que tienen como punto de partida el barrio chapinero de Bogotá, su pluma recuerda las letras turbias de un Chaparro Madiedo describiendo una Bogotá mezclada con ficción a través de un gato enamorado de su dueña. Pero aquí los seres cambian en cada hoja, cada cuento es una mutación y el retrato de la noche nos recuerda algunos horrores de las calles capitalinas.
Caso similar al de Medina es el de Santiago Alfonso, un actor egresado de la universidad del Bosque que antaño se interesara por estudiar medicina y cuyo sueño frustrado después de ver un feto en el anfiteatro donde aprendía a diseccionar el cuerpo de un hombre viejo terminara cambiando los bisturís por el maquillaje, la pluma y los escenarios. Su libro Un Florilegio en el Velero es una atrevida apuesta por compartir cinco obras breves; cinco textos que relatan una Bogotá contemporánea a través de parejas que en la intimidad van desgranando texto a texto la triste realidad de una ciudad golpeada.
La conmoción de un tiempo tan incierto y tan atípico como el actual solo podría producir material artístico. El artista por naturaleza es un ser sensible a su tiempo y a los fenómenos de los que es testigo, pero ¿qué puede significar ser testigo de la pandemia mundial más contundente de todos los tiempos? Es posible que una respuesta tan prematura sea incapaz de abordar con suficiencia los alcances que habrá de tener este vertiginoso tiempo. Pero, el creador es claramente uno de los primeros espectadores, y su trabajo, uno de los testimonios que mayor alcance podrá tener debido al consumo de sus creaciones. Los escritores tejen con la palabra un camino para recorrer la historia, y aunque lo hagan desde la ficción, detrás de sus relatos se esconde la clave para entender el tiempo que habitamos, cómo lo ven ellos y cómo lo podrán recordar otras generaciones.