Fernando Savater en tres planos: el fanático que creció junto a las barandas del hipódromo de Lasarte, en San Sebastián, el intelectual que encontró en la filosofía una forma de entender el mundo y el fantasioso que planea morir inmerso en la ficción. A uno, el autor de A caballo entre milenios, le fluye la adrenalina cuando oye el sonido afelpado de los cascos de los caballos pura sangre sobre la recta final. Al otro, el autor de Ética para Amador, lo obsesionan las razones trascendentales de la existencia humana. Y al tercero, ganador esta semana del Premio Primavera de Novela con Los invitados de la princesa, lo trasnocha, literalmente, porque sólo escribe después de las 8:30 p.m., la creación de mundos fantásticos.
El libro que publicará Espasa Calpe es una historia en una isla latinoamericana llamada Santa Clara, donde un grupo de escritores se reúne para mostrar su erudición, pero terminan atrapados entre sus egos y los de unos expertos en gastronomía luego de la explosión de un volcán.
Como siempre, encuentra espacio para el humor y la ironía. Esta vez se vale de la filología y hasta del terrorismo. El testigo de la parodia es Xabi Mendia, un periodista cultural de El Mundo Vasco, con visos autobiográficos. Con esta apuesta ganó 200 mil euros y se impuso a 453 obras de escritores hispanoamericanos, incluidos 15 colombianos, por decisión de un jurado presidido por la escritora Ana María Matute.
Savater es un suertudo. “Una vez en el Hipódromo de Windsor, acerté en una carrera de 27 caballos y no había dinero para que me pagaran”. En el 2008 ganó los 600 mil euros del Premio Planeta con La hermandad de la buena suerte, donde fusionó el método filosófico y la novela negra para convertir la mafia de las apuestas en una intriga detectivesca. “Buscar la razón es un pulso permanente por ganarle al azar”.
Maestro: ¿Por qué Los invitados de la princesa está inspirada en Boccaccio y Chaucer, a quienes dedica la novela?
“De Boccaccio y Chaucer adopto el viejo tema de un grupo de personajes obligados a convivir porque no pueden momentáneamente alejarse unos de otros. Es una forma de encerrarlos y verlos convivir... En cuanto al protagonista de mi novela, es un joven periodista vasco que a mí me recuerda una especie de Tintín algo más crecido y libidinoso, pero igualmente ingenuo y aventurero”.
¿Qué puede surgir de juntar el tono aventurero de Tintín con el de los relatos del Decamerón de Boccaccio? “Diversión para mí y para el lector”.
Cada vez viaja menos y se la pasa más en su biblioteca, de donde surgió la particular mezcla: Aristóteles, Agatha Christie, Borges, Dickens junto a Moby Dick, Snoopy, Popeye, King Kong, Batman. “¡Toda mi vida esperando para releer!”. Y para ver películas con sus impresionantes gafas de colores del diseñador veneciano Danilo Carraro.
¿Cómo enseñar a leer?
“El amor a la lectura no puede imponerse ni ordenarse. Hay que seducir a los nuevos lectores: lo malo es que ahora, gracias a internet (o por su culpa) mucha gente quiere escribir y muy poca leer...”.
¿Qué lecciones le deja esa exploración de la frontera filosofía-literatura por la que pocos, como George Steiner y usted, han sabido transitar? El pensador francés, en libros como Lecciones de los maestros y Los logócratas; usted en ese homenaje a la imaginación que es Misterio, emoción y riesgo, por ejemplo.
“Siempre he sido más lector de literatura que de filosofía. Steiner es un gran autor, aunque mejor en ensayo que en ficción”.
De acuerdo. Escribió un cuento, a partir de poemas de García Lorca, sobre la violencia del narcotráfico en Medellín y no me gustó.
Fruto del azar
Maestro: lo capto tan dichoso como en la platea del hipódromo de San Isidro, en Buenos Aires, y en el hipódromo de la Zarzuela, en Madrid, con un programa hípico en una mano y con la otra haciendo fuerza por su potrillo.
“Sí, aunque adolorido. Estoy recuperándome de una operación quirúrgica leve, lo que me tiene poco activo últimamente”.
Se refiere a que no ha podido montar su bicicleta estática ni volver a las carreras de caballos en plena temporada de primavera, “¡que es la mejor!”. Tal vez volverá a la tribuna para el aristocrático mitin británico de Ascot, porque en “la España democrática” que defiende a ultranza, los hipódromos se quebraron como la economía europea. “Aquí y en América hay que sanarlos de mafias y corrupciones”.
La hípica es el amor de su vida, después de su esposa Sara. Heredó la afición al “científico azar” de su homónimo padre. Si por Savater hijo hubiera sido, su vida estaría regida por el mandamiento existencialista de Montaigne en De la vanidad: “Lo que más me gusta es ir a caballo... si los destinos me dejasen conducir mi vida a mi gusto... elegiría pasarla con el culo pegado a la silla”. Pero sus problemas de visión y su biotipo no eran los de un jockey.
Filosofía de vida
En cambio resultó un lector de largo aliento por herencia de su madre. Quería entender el mundo y no quedaba satisfecho con los libros en los que buscaba explicaciones. Por eso hizo realidad su “misión imposible”: escribir una historia de la filosofía para niños. Una vez se volvió profesor, filósofo universal traducido a más de 20 idiomas, y se pensionó dando lecciones de pensamiento por medio mundo, decidió hacer lo que siempre soñó: “divertirme y divertir al lector”.
No quisiera escribir más libros de filosofía : “ya he escrito demasiados libros con teorías”. No quiere “dar más lecciones”. Como aquella tan lúcida que le oí en una universidad de Medellín, en donde su amigo rector, a quien conoció en el hipódromo Long Champ de París, quiso sorprenderlo llevándole al auditorio a los jinetes del hipódromo de Los Comuneros, hoy clausurado como toda la hípica en Colombia. Se sentaron en la primera fila y, luego de los saludos y las sonrisas iniciales, se aburrieron hasta el sueño.
Se ríe cuando recuerda esa anécdota de uno de sus múltiples viajes a Colombia desde hace 32 años. Ha venido tantas veces que en Pereira bautizaron una escuela con su nombre y espera conocerla la próxima vez. “Mi viaje a Colombia caerá antes o después”. Y no faltará el ajiaco en Bogotá y la frijolada en Medellín. A la capital antioqueña lo invita cada año Néstor López, el cerebro del Ateneo Porfirio Barba Jacob.
¿Al fin se queda en el mundo real o en el de la ficción?
“Escribo filosofía para buscar y exponer dudas, pero literatura para disfrutar. Espero que mis lectores de ficción disfruten también conmigo...”.
Ah. ¿Quiere seguir colándose de un cuarto al otro?
“Digamos que la filosofía ha sido mi legítima y santa esposa, pero la literatura es mi amante secreta...”.
Ética y política
Aparte de cabalgar, filosofar, novelar y releer, no le pierde pisada a la política —siempre destina la mañana a leer periódicos de España y de todo el mundo, incluido El Espectador—, más ahora que se habla del fin de la banda terrorista vasca Eta, esa que lo ha amenazado tantas veces, la que ha condenado y condenará. Le cuento que voy a entrevistar a Jesús Eguiguren, autor del libro Eta, las claves de la paz. Se pone iracundo.
“Si quieres entender cómo veo el asunto del fin de Eta lee dos artículos recientes que te mando al correo (en “Mamporreos” critica la negociación con la banda ilegal y la califica como el complaciente “cambalache secreto que se trajeron Jesús Eguiguren y los etarras” y “En memoria de Joseba” recuerda a Joseba Pagazurtundua, una de las víctimas de ese terrorismo, al igual que Fernando Buesa, amigos sacrificados). Como verás, uno de ellos va dirigido contra Eguiguren, que representa el punto de vista opuesto al mío sobre el asunto”.
Derrocha valentía en esas columnas publicadas por El País de España. Sigue en cabeza de los vascos que no le cederán nada a la criminal Eta. ¿Por qué?
“Hace falta una buena política, no sólo una buena ética, pues ésta es buena para el individuo, pero la primera puede hacer una mejor sociedad”.
¿Un tema digno de un nuevo libro de ensayos o de otra novela?
“Suficiente, querido amigo. Estoy agobiado por la falta de tiempo. Espero que nos veamos de nuevo en algún hipódromo”.