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La historia de Maher Al Akhras, el preso palestino que duró 103 días en huelga de hambre

Maher Al Akhras estuvo más de cien días en huelga de hambre entre una cárcel y un hospital israelíes. Su caso revela el funcionamiento del sistema penitenciario del Estado de Israel, en especial de la detención administrativa que este contempla.

María Paula Lizarazo

12 de noviembre de 2020 - 08:48 p. m.
Maher Al Akhras se volvió un ícono de los presos palestinos en Israel. Su caso es un emblema en contra de la detención administrativa de ese país.
Foto: Agencia EFE
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El 27 de julio la temperatura no subió de 28 grados en Yenín, Cisjordania; la Cisjordania ocupada. Maher Al Akhras se levantó con un pálpito que le acechaba no se sabe hace cuánto. Ese lunes de ayuno, hombres de las fuerzas armadas israelíes acecharon su casa. Es un integrante de la Yihad, fue lo único que dijeron al llevárselo. “Mi esposo no pertenece a ninguna facción palestina, pertenece al pueblo palestino en su conjunto”, afirmó Taghrid Al Akhras en una llamada telefónica con la agencia Efe.

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Maher Al Akhras estuvo en huelga de hambre 103 días. A mediados de septiembre fue llevado al Hospital Kaplan, cerca de Tel Aviv, en donde se mantuvo en sólo recibir agua. Un año atrás, en el mismo mes, 140 presos palestinos habían entrado en huelga de hambre en las cárceles de Rimón, Ofer y Meggido, como protesta a las torturas que recibían de las autoridades penitenciarias, y exigiendo el derecho a visitas familiares y la instalación de teléfonos públicos en las cárceles, según informó el Club de Presos Palestinos, quienes en octubre denunciarían que desde 1967, 73 prisioneros palestinos murieron a causa de las torturas que se imponen en las cárceles del sistema israelí.

Ese mismo septiembre Samer al Arbeed, un palestino de 44 años, fue detenido en Cisjordania con cargos de terrorismo; a los pocos días ingresó a un hospital con coma inducido, presentando heridas críticas que traía de prisión y que le causaron fractura de costillas y falla renal severa. Ante la situación de Arbeed, el Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH), Rupert Colville manifestó: “Estamos profundamente preocupados porque las leyes israelíes no definen, prohíben o penalizan adecuadamente la tortura y el tribunal superior de justicia ha permitido el uso de ‘medidas especiales de interrogatorio’ en lo que constituye una violación de la prohibición absoluta de la tortura”.

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Luego de dos meses de la detención de Akhras, su esposa obtuvo el permiso para visitarlo. Mientras Taghrid y Maher Al Akhras se reencontraban, en la ciudad de Haifa -que limita con el Mediterráneo- ya se avanzaba en el proyecto a largo plazo (año 2040) de un complejo penitenciario que tendrá centros de detención, un tribunal y una estación de policía, y que podrá albergar cuatro mil presos, según lo anunció Israel en enero.

Cuando Akhras ya completaba 90 días sin comer, el Tribunal Superior de Justicia de Israel rechazó su solicitud de liberación y determinó suspender su detención administrativa hasta que mejorara su estado de salud, lo que Akhras rechazó. Los jueces Isaac Amit y Ofer Grosskopf escribieron en una resolución que estaban convencidos de la justificación de la detención.

Ante las repetidas (y rechazadas) peticiones de los abogados de Maher Al Akrhas, hace pocos días el ministerio israelí de Relaciones Exteriores manifestó que el Estado de Israel “hacía todo lo que estaba en su mano para garantizar la salud” del detenido y agregó que las huelgas de hambre suelen ser “usadas con fines políticos por los terroristas”. Taghrid Al Akhras, apeló para la AFP que acaso qué le temen a alguien que ni puede levantarse de la cama de un hospital.

Y es que hasta antes de julio Maher Al Akhras llevaba la vida de un granjero que se despertaba a la hora del sol a trabajar y que vivía con su esposa y sus seis hijos; otras fuentes señalan que son cuatro. Resulta que un ex convicto palestino lleva el nombre Maher Al Akhras: el hombre pasó cuatro años entre las cárceles israelíes y la Yihad Islámica Palestina (YIP) lo ha reconocido como miembro. Aun así, el caso de Akhras (el granjero) podría tratarse de algo más complejo que una confusión judicial.

La YIP es un grupo armado al que Israel, la Unión Europea, Estados Unidos, el Reino Unido, Australia y Japón consideran terrorista. Suficiente razón para aplicarle a Akhras la detención administrativa de Israel, una detención que al criterio de innumerables Ong’s y defensores de derechos humanos se aplica mayormente con palestinos y por fuera de las regulaciones de Naciones Unidas. En efecto, cifras de Addameer (Asociación para el apoyo a los presos y los Derechos Humanos) muestran que hasta abril de este año, 432 de los cinco mil prisioneros palestinos que había en cárceles israelíes (civiles, periodistas, defensores de derechos humanos y miembros del Consejo Legislativo Palestino) estaban bajo detención administrativa.

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El estado de salud de Akhras deterioró. Su visión, su audición y su conciencia se debilitaron tanto como su respiración. Se estaba muriendo en el hospital de un país cuyo nombre y tierra están en disputa desde hace siglos. Los abogados de Akhras denunciaron en un comunicado maltratos físicos a su defendido en Kaplan: “Una fuerza de carceleros y del servicio de inteligencia de la ocupación irrumpieron en el hospital y sacaron a mi esposa por la fuerza. Tres de ellos me sacaron de la cama y me soltaron, caí al suelo. Sentí un fuerte dolor de cabeza y en todo el cuerpo. Perdí el conocimiento durante 3 horas. No quiero morir en Kaplan y si quieren ayudarme, llévenme a un hospital en Cisjordania, quiero morir entre mi familia”.

Cuando se cumplieron los cien días, Josep Borrell, alto representante de la Unión Europea y Nickolay Mladenov, enviado de la ONU para Oriente Medio, se manifestaron mediáticamente en favor de la vida de Akrhas. Borrell expresó preocupación de cara al sistema carcelario de Israel, por el cual cientos de palestinos se encuentran detenidos sin cargos, ni juicio, ni fechas procesales establecidas: ese es el derecho de la detención administrativa.

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En la misma semana, Ahmad al Mudalal, miembro de la Yihad Islámica Palestina, le dijo a la agencia Efe: “No abandonaremos al preso Maher al Akhras en su lucha, porque su lucha es la lucha de todos los palestinos, y es responsabilidad de todos los palestinos apoyarlo hasta que cumpla su objetivo”. Por esos días la Yihad lanzó globos incendiarios hacia Israel para exigir la liberación de Akhras. Un grupo de diputados árabes israelíes ya había advertido que la detención indefinida de Akhras causaría violencia.

En las calles de Palestina hay un grafiti por Akhras. Hace poco más de una semana hubo protestas exigiendo su liberación. Su familia también estuvo en huelga de hambre. Akhras devino en un ícono vivo de la situación de los presos palestinos en Israel. Hace seis días Akhras puso fin a su huelga de hambre luego de acordar con la administración israelí que el 26 de noviembre será liberado, como lo confirmó el diputado Ahmed Tibi en un video.

Por María Paula Lizarazo

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