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Ishtar Yacin tiene en su cuerpo tres sangres que se cruzan y que se reflejan en su obra: la rusa, la iraní y la costarricense. La vocación de artista la heredó de su padre, director teatral, y de su madre que fue bailarina. De sus estudios en Rusia, donde recibió un máster en interpretación teatral y cinematografía, le quedó el sentimiento de los estados del alma que reflejó Anton Chejov, la profundidad psicológica de Dostoievski, el humor oscuro de Gogol y la crítica inteligente de Bulgakov.
La inspira y le encanta el cine de autor, ese que logra reflejar un universo y una voz propias, que hace que sea único e irrepetible. Admira, entre muchos otros, a los italianos y su tragicomedia, a los ingleses y su cine de misterio y suspenso. A Glaubert Rochas por su coraje auténtico y a Robert Bresson por su sobriedad y precisión.
En su primer largometraje, El camino, una niña de 12 años escapa de su Nicaragua natal en busca de la madre que emigró a Costa Rica. En esta película se mezclan la ficción con el documental con una mirada poética e intimista.
¿Cómo es el panorama de las mujeres directoras en el cine?
Creo en que América Latina ha crecido el número de mujeres directoras. Actualmente en América Central hay siete largometrajes en proceso, todos realizados por mujeres. Algo sin precedentes dentro de una cinematografía tan escasa. A pesar de que todavía somos una minoría y de que no es fácil abrirse un camino en el mundo del cine, estamos empezando a ser reconocidas.
¿Cuál es el papel de las mujeres en el cine como lenguaje y como industria?
Lo hermoso es cuando no intentan copiar fórmulas y proponen estéticas y formas de contar historias distintas y personales. Expresamos nuestro mundo, nuestra memoria histórica, nuestros traumas, complejos y anhelos. Una mujer, en su propuesta puede tener el don del misterio, de lo sutil y lo sugerente. En cuanto a la industria, tanto hombres como mujeres enfrentamos la realidad del cine latinoamericano que no tiene la difusión que merece, porque Hollywood acapara las pantallas.
¿Existe un cine femenino?
Ya está probado científicamente que nuestros cerebros son distintos y que existe una sensibilidad diferente en las mujeres que se refleja en la creación. Se teme que al calificarse una película como femenina, se esté subestimando. Para mí es un atributo ser considerada femenina.
El cine de Costa Rica es prácticamente desconocido en Colombia, ¿por que?
En Costa Rica, a lo largo de su historia se han producido 16 largometrajes. Unos de mayor calidad que otros y pocos con difusión internacional. Se cuenta que de una de las mejores películas del país sólo quedaron unos fragmentos. Para mí es el reflejo de una memoria borrada. Además, faltan estructuras de producción y hay serios problemas en la distribución, realidad común para toda América Latina.
En ‘El Camino’, el escenario de fondo es la miseria. ¿No es un lugar común perpetuar esta imagen de América Latina?
Es la realidad. La injusticia social es el principal drama que vive América Latina y esto se refleja en nuestras imágenes. El camino está inspirada en la realidad de Nicaragua, un país que después de haber tenido una revolución, es el segundo más pobre del hemisferio occidental, superado por Haití.
¿Por qué el tema de la violencia patriarcal y la imagen del hombre, tan negativa?
Los personajes masculinos principales son negativos, pero al mismo tiempo son humanos. No están dentro de un estereotipo, sus actos son motivados por sus propias debilidades. Desde mi perspectiva he querido entenderlos. Cuando uno crea lo hace también con el inconsciente y es allí donde están la mayoría de las respuestas. Es también una expresión y un reflejo de la agresión y la represión milenaria vivida por tantas mujeres.