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“La inspiración es una fugitiva”

Gilberto Gil, leyenda viva de la música brasilera y su hijo Bem Gil, se presentan esta noche en Bogotá.

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Juan Martín Fierro / Especial para El Espectador
08 de diciembre de 2008 - 10:00 p. m.
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Durante sus primeros cuatro años como ministro de Cultura del Presidente Lula Da Silva, Gilberto Gil, uno de los músicos más prolíficos e influyentes de Brasil, le tiró la puerta en la cara a la inspiración. “Eres demasiado delicada para andar conmigo, eres demasiado sensible para tratar con el ministro”, le dijo. Y la mantuvo a raya por exigente, por necesitar siempre toda la atención y el más riguroso silencio. “La inspiración es una fugitiva, se va en cualquier momento”, decía. Pero las cosas cambiaron cuando Lula fue reelegido y Gil empezó a extrañarla. “Ven, por qué no dejas de ser tan tirana y compartes un poco más conmigo”, le pidió. Y la inspiración volvió, eso sí, respetando los tiempos y espacios del ministro.

Fue así, en esas brechas que fue abriéndole a la música en su apretada agenda, en medio de aeropuertos, hoteles y viajes en bus, que Gilberto Gil terminó “Banda Larga Cordel”, el disco que lo trae a Colombia por segunda vez (estuvo en el 83 promocionando “Um banda Um”).

Si bien este nuevo trabajo está marcado por la experiencia en la vida pública, por la madurez de los 66 años y por la influencia poderosa de las nuevas tecnologías, también rinde un homenaje a la música popular brasileña. Tiene canciones escritas entre 1962 y 2007. Concebirlo le tomó 11 años. Y es un disco ecléctico, poco ambicioso si se compara con el premiado y conceptualmente arriesgado “Quanta”. Pero también trae lo suyo: hay sambas retocadas digitalmente, electro-bossas, bases de forró, baião, reggae y otros ritmos.

A diferencia del concierto de Caetano Veloso en Bogotá en agosto del año pasado, del que muchos salieron aburridos por el estruendo de guitarras eléctricas y los experimentos electrónicos, “Banda Larga Cordel” es un disco mucho más digerible que el atrevido “Cê” de Veloso. Aunque Gil se permite mezclar sus legendarios scats con los beats electrónicos en canciones como “Máquina de ritmo”, es fácil reconocer formas musicales más tradicionales como el baião, el forró o el samba-canção, además de su prodigioso talento armonizador en clásicos como “Formosa” de Buden Powell y Vinicus de Moraes. No hay que olvidar que su gran amigo de andanzas tropicalistas, Caetano Veloso, reconoce que gracias a Gil se inició como compositor. “Gil sacó de mí mucha más música de la que jamás soñé poder engendrar”, escribió en Verdade Tropical.

Además del nuevo disco, Gil viene tocando en esta gira viejos éxitos como “Palco” o “Andar com fe”, siempre esperados por un público que lo ha seguido por más de cuatro décadas. El artista bahiano, padre de ocho hijos y militante confeso de las causas ambientales y de la defensa de los derechos de autor, fue el primer artista brasilero en ofrecer un concierto totalmente virtual, el primero en tener un sitio exclusivo en You Tube y ha dispuesto que “Banda Larga Cordel” esté al alcance de todo el que lo quiera en Internet.

Con todo y eso, confiesa que de niño no sabía prender un radio y de grande no consigue modular la amplificación de su propia guitarra. Es un devoto de la tecnología pero en el sentido ideológico, no práctico.

Uno de los grandes atractivos del show en Bogotá, con seis músicos a bordo, será su hijo Bem Gil, que toca guitarra y quien hace carrera al igual que otros hijos de leyendas de la música del Brasil como Moreno Veloso, Bebel Gilberto, María Rita y Kassim. Para Bem Gil tocar al lado de su padre ha sido “un aprendizaje enorme de experiencia en el escenario y de lenguaje musical”. Bem, de 23 años, lanzará su primer disco a comienzos de 2009.

Una vez terminada la extensa gira que lo ha llevado por cinco continentes, Gilberto Gil quiere grabar un disco de samba, “un proyecto de hace mucho que he postergado pero que va a salir uno de estos días con sambas de distintos autores y lugares y también sambas míos”. Para fortuna de todos, la esquiva inspiración y el ahora ex ministro seguirán de luna de miel por largo rato.

Por Juan Martín Fierro / Especial para El Espectador

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