“Un negro no habría pasado por delante de la mansión por la noche: antes cruzaría a la acera opuesta y no cesaría de silbar mientras caminaba”.
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“Matar a un ruiseñor”, de la norteamericana Harper Lee (1926-2016), es considerado un clásico estadounidense. Fue publicado originalmente en 1960, y ganó el Pulitzer en el año siguiente a su publicación. La justicia es el precepto jurídico que atraviesa la novela y que funciona como eje moral de una comunidad. La aplicación de lo legal y lo justo se contamina por prejuicios raciales y, por lo tanto, la justicia pierde la garantía de equidad. La noción de justicia como principio moral se ve obliterada o cegada por construcciones colectivas discriminatorias. Es una novela que denuncia la injusticia a partir de un examen a la eterna distancia entre justicia real y justicia ideal.
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La autora se inspiró en eventos reales ocurridos en su pueblo natal. El contexto de la trama es la Gran Depresión, entre 1932 y 1935, en Maycomb (Alabama). Narrada por una niña apodada Scout, hija del abogado Atticus Finch, que asume la defensa de un hombre negro, Tom Robinson, acusado injustamente de violación. Durante el juicio, la niña, su hermano Jem y el amigo de ambos, Dill, van entendiendo lo que significan el racismo y la injusticia. Es precisamente la mirada infantil, inocente y desprovista de prejuicios la que hace que la novela no se convierta en una lección teórica sobre la justicia, no como concepto abstracto, sino como una experiencia vital.
Mayella Ewell es la mujer que acusa a Tom de violación. Es solitaria, amargada y ha sido maltratada y descuidada por su padre, Bob Ewell, un hombre abusivo y alcohólico (descrito en la novela como sucio, perezoso e ignorante). La comunidad lo desprecia, pero es blanco y solo por ese hecho está por encima de Tom. En realidad, es ella la que hace insinuaciones a Tom y él, asustado, sale corriendo. En ese momento llega el padre y ella, por desviar su culpa, decide acusarlo de violación.
En el juicio se logra demostrar la inocencia del acusado, pero la presión de la comunidad y los prejuicios hacen que sea condenado, cosa que ya se sabía desde el principio, a pesar de la buena intención de Atticus de cumplir con su deber cívico y defender al hombre, aunque la gente lo juzga a él por defender a un negro violador. “Matar sin objetivo: Tom había estado sujeto al proceso legal hasta el día de su muerte; 12 hombres buenos e íntegros le habían juzgado y sentenciado; mi padre había luchado en su favor en todo momento. Entonces comprendí lo que quería decir el señor Underwood: Atticus había empleado todas las armas de que disponía un hombre libre para salvar a Tom Robinson, pero en los tribunales secretos de los corazones de los hombres, Atticus no tenía ninguna posibilidad. Tom era hombre muerto desde el momento en que Mayella Ewell lo había señalado con el dedo”.
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A pesar de que en el juicio Tom es condenado, Bob Ewell acusa a Atticus de haber mancillado su honor durante el procedimiento judicial y jura revancha. En un momento dado ataca a Scout y a Jem, pero Bob Radley los defiende. Este hombre era alienado de la sociedad, y los niños lo veían como un fantasma. Luego Bob Ewell termina muerto por un enfrentamiento. La sociedad se convence de que Bob era el verdadero abusador y que murió por su propio cuchillo. Después de la condena, Tom es enviado a una cárcel estatal de donde decide fugarse, pero los guardias le disparan y muere. Estos episodios le permiten a Scout analizar la condición humana.
“Matar a un ruiseñor” fusiona temas como la justicia, la violencia, el poder y el racismo. La novela enfatiza en la narradora y su visión del mundo. La prosa se sirve de una mirada infantil y una perspectiva que recuerda la novela de formación (“bildungsroman”) propuesta por Mijaíl Bajtín, que examina la experiencia de aprendizaje de una niña a partir de una deconstrucción del tiempo, lugar y ambiente sociológico que vivió la autora proyectada en la narradora. Natasa Nincetovic cita a Gyorgy Lukács para explicar que este género refleja un optimismo respecto a “la reconciliación del individuo problemático (…) con la realidad social concreta”. El inicio de la novela está marcado por individuos solitarios que, con el tiempo, llegan a comprender mejor a sus semejantes y a formar una comunidad. Esta comunidad, en la visión de Lukács, se alcanza mediante cierto esfuerzo y lucha.
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El ruiseñor simboliza la inocencia y bondad de alguien que no le hace daño a nadie —como Tom—, por eso destruirlo es injusto: “Los ruiseñores solo se dedican a cantar para alegrarnos. No estropean los frutos de los huertos, no anidan en los arcones del maíz, no hacen nada más que derramar su corazón, cantando para nuestro deleite. Por eso es pecado matar a un ruiseñor”. Además, la narración da cuenta de las diferencias sociales provenientes de la Guerra Civil estadounidense, que fracturó para siempre la sociedad y que condujeron a cambios radicales en la historia de los Estados Unidos.
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