En esta versión de El empresario teatral se escucha la adolescencia de Mozart, pero también se evidencian sus años de madurez artística. Al tratarse de una obra corta, Alejandro Chacón, director musical, la complementó con fragmentos de otras piezas como La flauta mágica y Bastián y Bastiana, que compuso antes de cumplir doce años.
La generosidad de esta obra no sólo se percibe en la posibilidad de apreciar al autor desde la niñez hasta su plenitud musical. También otorga el privilegio de entenderlo reflexivo, divertido, algo casual y sobre todo muy incisivo, porque se trata casi de una protesta de viva voz para que la nobleza entendiera cómo había que tratar a los artistas.
En el siglo XVIII los artistas ocupaban un renglón minúsculo de la escala social. Eran equiparados a los peores cargos y trabajos existentes. Por eso Wolfgang Amadeus Mozart (1756-1791) dejó a un lado para El empresario teatral los roles de la nobleza y se ocupó de mirar sus propias necesidades. La gran pregunta que se planteó entonces era: ¿qué se necesita para realizar una ópera?
“Esta es una pieza que aborda los problemas de hacer ópera en Alemania, mientras que a Antonio Salieri (1750-1825) le encargaron un espectáculo sobre el mismo tema, pero basándose en Italia. Esa es la única evidencia real de la rivalidad entre estos compositores. Uno de los aspectos llamativos es que aquí no hay nobles y Mozart aprovechó la oportunidad para hacer en frente del emperador una especie de alegato sobre cómo se debía tratar a los artistas”, cuenta Alejandro Chacón, quien siete años atrás montó en Colombia El empresario teatral y la exhibió en algunas presentaciones privadas.
Para la adaptación de esta obra se reunieron por primera vez la Ópera de Colombia, el Teatro Libre de Chapinero y la Fundación Orquesta Sinfónica de Bogotá. Cada uno hizo su aporte para sacar adelante un espectáculo distinto. La idea era producir ópera al alcance de todos los bolsillos sin perder el elevado contenido teatral.
“La primera sorpresa que tuvimos cuando optamos por hacerle este pequeño homenaje a Mozart fue descubrir que el Teatro Libre tiene foso para orquesta. Lo que pasaba era que estaba tapado desde hace décadas y ese espacio se llenó de objetos para utilería y vestuario, lo que ocurre con cualquier espacio que uno deje sin ocupar en un recinto artístico. Así que el foso se convirtió en una habitación prohibida. Por fortuna se limpió y logramos acomodar allí una orquesta de veinte músicos para hacer esta pieza”, dice Chacón, quien ya ha asumido varios montajes titánicos enfocados en la divulgación de las artes líricas.
Lo más curioso de El empresario teatral es que el protagonista es un actor, no un cantante. No es una ópera como tal sino más bien una comedia musical (definida como Singspiel), que se puede considerar el antecedente más genuino de los montajes que más adelante se hicieron en Broadway. Por esas características, el Teatro Libre, la Ópera de Colombia y la Orquesta pensaron que podía ser un buen espectáculo para comenzar proyectos basados en componentes musicales con una gran porción hablada. Además, estas tres instituciones aprovecharon la coincidencia musical que ofrece Bogotá es Mozart para presentarla con todas las de la ley.
“El proceso de actualización de El empresario teatral es menos complejo de lo que la gente se imagina. Lo que hago es pedirle a alguien que haga la traducción literal del alemán al español. Luego empiezo a convertirlo en lenguaje escénico y los actores colaboran mucho en esa gestión, porque aportan detalles importantes para la construcción de la propuesta. La obra la hacemos transcurrir en Salzburgo y la parte musical la conservamos en alemán con subtítulos”, dice Alejandro Chacón, cuya responsabilidad mayúscula está relacionada con la capacidad de condensar en la propuesta la música y el teatro, mientras que la dirección de la orquesta corre por cuenta de José Alejandro Roca.
En 1786 Wolfgang Amadeus Mozart compuso El empresario teatral y aún hoy algunos de los apuntes sarcásticos conservan la vigencia. El compositor habla de la situación de los artistas, de la crítica que solamente habla bien de los espectáculos de discreta calidad y de la condición ambiciosa de los empresarios, de ese entonces y de ahora, que sólo piensan en aumentar el volumen de sus bolsillos.
En El empresario teatral, el papel protagónico, Herr Frank, está a cargo del actor colombiano Rodolfo Silva. Los solistas más destacados son Juliette Vargas, como Madame Herz; Karolyn Rossero, como Mademoiselle Silberklang; Manuel Franco, como Herr Vogelsang, y Sergio Enciso, como Buff. Todos ellos, más la orquesta en el foso y la genialidad de Mozart, le pondrán el tono cómico a esta pieza lírica exigente en la actuación.
El empresario teatral, 28 de marzo, 3, 10 y 11 de abril, 8:00 p.m. Teatro Libre de Chapinero, calle 62 Nº 9A-65. Información y boletería: 593 6300 y www.tuboleta.com.
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