Fue una nota en falso la que provocó su salida de La Scala de Milán. Al paraíso para cualquier voz educada se accede con muchos años de trabajo, una capacidad casi sobrenatural de comunicar a través del canto y algo de suerte para plantarse en el lugar apropiado y en la hora indicada. El tenor francés Roberto Alagna estuvo ahí figurando como uno de los talentos de exposición del cartel con méritos más que comprobados en las más complejas piezas de la ópera internacional. En una oportunidad, con el auditorio totalmente colmado, y con la partitura de Aída en la cabeza, tuvo una de las peores presentaciones que registra el bel canto en sus largos siglos de historia.
El público, muchas veces condescendiente y benévolo con los artistas de renombre, que les permite, incluso, cantar sin mucho esfuerzo con tal de verlos en vivo y en directo, no se la perdonó a Alagna y el francés se refugió detrás del telón. De esa manera evadió los improperios, quejas, reclamos, silbidos, abucheos y demás manifestaciones de inconformidad que se multiplicaron con el paso de los segundos.
La tarea para el tenor fue doble porque implicó la urgencia de reconstruir un nombre, mirarse al espejo con el conocimiento de saberse derrotado en un lugar en el que jugaba de local y hacerles entender a los asistentes que había sido una mala pasada, tal vez del compositor italiano Giuseppe Verdi (1813-1901). Luego se dieron a conocer algunas molestias médicas que le impidieron destacarse ese día y otros manejos inadecuados del teatro que, por cuestiones éticas, Roberto Alagna no ha querido detallar ni revelar. Cualquiera que haya sido la causa, en el imaginario colectivo quedó aquella presentación del renombrado tenor como un momento desafortunado para la lírica universal.
El resurgimiento para el cantante comenzó con la recuperación de sus capacidades físicas, después de un riguroso tratamiento en sus fosas nasales. Luego le tocó afianzar su historia, recordando sus inicios con presentaciones esporádicas en algunos cabarets de París, en los que tenía la misión de complacer a los visitantes de turno con la interpretación de obras clásicas de la academia, pero también con piezas del denominado cancionero tradicional europeo.
Así, entre erudita y técnica, fue la aproximación de Roberto Alagna a la música, y en ese proceso de formación tuvo una incidencia destacada el músico cubano Roberto Ruiz. “Él representa un momento muy importante, porque era mi maestro, era un tenor que había estudiado con el gran Aureliano Pertile, y yo cantaba ahí. Me encantaba esa música, su melodía, lo que se contaba y la manera de hacerlo. Es una música popular tradicional que llega al corazón, porque narra pequeñas historias”, comenta Alagna, quien obtuvo en 1988 el primer premio en la Competencia Internacional Luciano Pavarotti, en Filadelfia, reconocimiento con el que empezó a proyectar su fama en los escenarios internacionales.
Además de dominar el repertorio de la música popular y de tener en su mente obras clásicas, el gran mérito de Roberto Alagna, que lo ha ubicado en la actualidad como uno de los tenores más importantes de la escena contemporánea, es que, a pesar de interpretar una y otra vez el mismo personaje, siempre logra vestirlo con otros matices y parece que se tomara el trabajo de crearles un contexto único, irrepetible.
Alfredo Germont, Otelo y Romeo están en su hoja de vida, ocupando varios renglones de su exitosa trayectoria, y sin embargo la crítica especializada siempre ha comentado que la repetición no es una de las características del tenor francés. Incluso, hace poco recibió aplausos con su interpretación de Pagliacci, un drama en dos actos con música y texto del italiano Ruggero Leoncavallo (1857-1919).
“He hecho Pagliacci desde hace muchísimo tiempo. La primera vez que lo hice tenía 34 años y es el rol que me acompaña siempre. Me gusta repetirlo de vez en cuando porque el personaje así se vuelve cada vez más maduro y siempre más profundo. La función del MET fue bellísima. Amo repetir los personajes porque siento que el personaje crece conmigo”.
El reto mayúsculo para Roberto Alagna durante el último lustro fue reemplazar al tenor alemán Jonas Kaufmann en un selecto recital en el que debía interpretar la ópera Manon Lescaut, de Giacomo Puccini (1858-1924). “Fue difícil para mí, llegué muy cansado a cantar porque estaba haciendo un disco. Llegué tarde a hacer Pagliacci e inmediatamente hice el recital con la general y al día siguiente empecé a preparar el próximo concierto. Tuve cinco días para memorizar y otros cinco para hacer la escena. Tuve que trabajar mucho. Estoy muy cansado pero contento, porque todo salió bien y los resultados fueron muy buenos”, dice el artista francés que se presentará por primera vez en Colombia hoy, en el Teatro Mayor, en compañía de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, bajo la dirección de Felipe Aguirre.
Uno de sus más reciente trabajos discográficos es Pasión, un álbum dedicado por completo a la canción de América Latina y con el que ha conseguido un mercado distinto al académico. “El problema de este repertorio, al ser interpretado por un cantante lírico, es que lo va a cantar siempre con la voz impostada. Algo que es normal porque para hacer eso ha tenido que trabajar diez años y es un peligro cambiar la posición de la voz para hacer este tipo de canción”, afirma.
Para su debut ante el público colombiano, encuentro que había postergado por algunas razones personales y otros motivos ajenos a su voluntad, Roberto Alagna escogió aliados de la talla de Gioachino Rossini, Gaetano Donizetti, Piotr Illich Tchaikovsky, Giuseppe Verdi y Giacomo Puccini, para que inspiren ese ímpetu que lo lleva a cantar de la forma en que lo hace.
“Quiero decirle al público de Bogotá que, si ama la música y la voz del tenor y quiere pasar un momento de emoción, debe acudir entusiasta a este concierto, porque daré lo mejor de mí. Para mí siempre es importante encontrar un público nuevo. Soy un cantante sincero y siempre doy lo que tengo en ese instante en el corazón”, concluye Roberto Alagna, quien no tiene que hacer muchos esfuerzos para mostrar que es una voz de otra dimensión, una voz a gran escala.
Roberto Alagna, viernes 8 de abril, 8:00 p.m., Teatro Mayor, calle 170 Nº 51-67. Información y boletería www.primerafila.com.co.