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Vértigo es una historia de amor que no sólo puede verse varias veces, sino que debe verse, al menos, en dos oportunidades. Porque hay dos películas escondidas en su estructura: la primera, la del sorprendente desenlace y el desconcierto que provoca el engaño siniestro en el que se ve envuelto su protagonista, James Stewart, víctima de su loco amor hacia Kim Novak. Y la segunda (o la tercera, o la quinta) es la más terrible, porque el testigo de su trama ya sabe lo que va a suceder, pero su personaje principal, no.Y eso convierte al espectador en un impotente cómplice de una trampa fatal.
Vértigo muestra que el director británico asentado en Hollywood no sólo era un artesano habilidoso para manipular las emociones primarias de espectadores de todo elmundo, sino que en él se afincaban las leyes del cine moderno y que su filmografía escondía los grandes valores de un artista.
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Desde sus imágenes iniciales, en donde se nos muestra la raíz del pánico a las alturas que sufre el detective Scottie Ferguson hasta el plano final en el campanario de la Misión Española, todos los elementos del film son tejidos con una delicada precisión que comienza con un guion impecable, hijo de una novela escrita por Boileau y Narcejac, la cual sirve como detonante para que Hitchcock cuente, en términos visuales, un acontecimiento de pesadilla romántica, donde el juego del doble, los colores simbólicos, el pánico, la destrucción de un ser humano víctima de la impostura, la música wagneriana, los sueños, las posesiones, todos a una, se transformen en una adicción de los sentidos. Hoy, tras el pobre recibimiento que tuvo en su momento, Vértigo se ha convertido, según la revista Sight & Sound, en la película más importante de la historia del cine, superando por primera vez el liderato del ‘Ciudadano Kane’ de Orson Welles. Las exageracionesa veces tienen un fondo de realidad.
Todos los grandes creadores de imágenes,a partir de la segunda mitad del siglo XX, tienen una deuda de gratitud con el cine de Alfred Hitchcock. Y Vér tigo, a todas luces, representa un momento culmen en su inmensa filmografía de 58 títulos, sin olvidar su extensa producción para televisión. Hoy por hoy, son incontables los libros, los estudios, los documentales, las ficciones alrededor de su gesta de suspenso. Vértigo, por su parte, se ha convertido en una película esencial, cada día más extraña, cada día más bella, cada día más siniestra. La copia restaurada que veremos en Colombia es un regalo de la tecnología para que la obra maestra del llamado “mago del suspenso”, parezca un prodigio recién inventado.