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La Piragua: tema emblemático de nuestra idiosincracia

A propósito de la música del maestro José Barros, quien nació cien años atrás en la población de El Banco, Magdalena.

Nelly Rocío Maya Méndez

21 de marzo de 2015 - 09:34 a. m.
Archivo / José Barros.
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Un día como hoy, nacería en El Banco (Magdalena), el maestro José  Barros (21 de marzo de 1915-12 de mayo de 2007) gran compositor prolífico y versátil,  autor de La Piragua, tema que desde los años 60s e incluso hoy, es considerado como el más representativo de la música colombiana que continúa despertando el interés de intérpretes y productores en todo el mundo.
 
Y es que desde los 17 años, José Benito Barros Palomino, saldría de su terruño impregnado de los ritmos caribeños que se gestaban en esta parte alta del valle del río Magdalena, para iniciar una travesía que lo llevaría por Santa Marta, Barranquilla, Barrancabermeja, Segovia y aún por Medellín (ciudad donde ganaría su primer concurso de canción inédita con El Miñero), para radicarse temporalmente en la capital bogotana a finales de los años 40 y de allí salir para buscar los escenarios internacionales.
 
Con una formación musical sólida tras de sí, más curtida en los aires musicales caribeños y latinoamericanos que aprendió a interpretar en la guitarra, tendría la oportunidad de medir el gusto y la acogida que tenían los ritmos tropicales  de  Lucho Bermúdez, La Billos Caracas en Venezuela, Pacho Galán o Guillermo Buitrago (interprete de la “Víspera de Año Nuevo”), apostándole a ritmos como la cumbia, que a decir verdad, se había iniciado desde el siglo XVIII como resultado de la fusión de elementos indígenas, blancos y africanos (con gaitas, maracas y tambores), pero que, con el pasar de los tiempos, adquirió características particulares en la zona del Magdalena, teniendo a Barranquilla como epicentro de difusión. Y que además empezaría a ser comercial hacia la década del 50, incluso desde la zona Pacífica, con versiones cantadas como el bullerengue, el mapalé o los porros, a manos de agrupaciones tan importantes como los gaiteros de San Jacinto.
 
Por esto, cuando José Barros regresa de su extensa travesía, después de visitar países como Panamá, México y Argentina, para asentarse finalmente en su tierra natal (El Banco), ya esperaba que ocurriera en cualquier momento  un éxito definitivo. Y aunque entregó el tema a un sello discográfico que le encargaba material para un concurso internacional y se lo rechazó -por demasiado poético y suave, pues se buscaba algo más folclórico o de “candela”-, quedaría decepcionado pero no perdería la fe (entrevista (Homenaje a los Grandes Compositores ,  de la Music Tropical Colombiana (https://www.youtube.com/watch?v=Ih6kyT8C3qQ), hasta lograr finalmente ser descubierto por el productor Hernán Restrepo al registrarlo con la agrupación The Black Stars en mayo de 1969 en la voz cantante de Gabriel Romero. Tan pronto lo escuchó, declararía que sería un “hit mundial”, lo que efectivamente ocurrió por el impacto nacional e internacional que tuvo.
 
Pero es que aparte de su ritmo, la cumbia, con el que nos identifican en cualquier punto del planeta, con su cadencia suave y pegajosa, estaba el toque personalísimo de sus letras: “Me contaron los abuelos que hace tiempo/navegaba en el Cesar una piragua/que partía del  Banco viejo puerto/a las playas de amor en Chimichagua// Zapoteando el vendaval se estremecía/e impasible desafiaba la tormenta/y un ejército de estrellas la seguía/tachonándola de luz y de leyenda//.Era la Piragua de Guillermo Cubillos..//etc. 
En ella podemos apreciar su particular tono poético, con imágenes precisas y hermosa rima consonante que requiere de la sensibilidad de un buen lector de poesía y literatura, (no en vano leería a Amado Nervo o a escritores de la talla de Juan Rulfo, Dostoievski o un García Márquez), cuyo acierto está en la correspondencia entre la frase literaria y la frase musical, donde ambas se sobreponen con verdadero instinto musical.   
 
Y en general la universalidad de sus temáticas, nos muestran al hombre caribeño en su esencia, interactuando con la naturaleza, a la orilla del mar (“El pescador”) o del río (“La Piragua”), o en franca conquista amorosa (“Te llevo pa’Mangangué”, “Momposina”), sin extremismos épicos, y con palabras sencillas (“El gallo tuerto”, “Navidad Negra”, “El pescador”, “La llorona loca”, “Pesares”),  lo que ha permitido que se extienda fácilmente en otras geografías como la Unión Soviética (El pescador), o en México, (donde Agustín Lara lo exaltara como el mejor compositor musical de Colombia). Un compositor que nos dejó cerca de mil temas, en ritmos como el vallenato, el porro, el currulao, el bolero, tangos, tamboras, la parranda, el paseo, el chandé, la guaracha, el corrido, el vals, el garabato, la balada, el merecumbé, y otros más.  
 
Pero basta recordar otro tema que también resultara emblemático: “Violencia”, que también se  han “inmortalizado” por décadas en nuestro país, si bien por causas ajenas a las musicales, y que muchos recordarán con sus cobres iniciales en ritmo de cumbia, y su mensaje tan directo y contundente que nos estremece con sus imágenes: “Oigo un llanto que atraviesa el espacio/para llegar a Dios (…) //Violencia, maldita violencia(…)por qué no permites que reina la Paz//.  Ojalá este tema, como tantos otros, siguieran resonando en nuestra memoria, pero sólo como una muestra auténtica de nuestro mestizaje.  
 
 

Por Nelly Rocío Maya Méndez

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